El problema no es YPF ni Chevron, es la política energética
Escribe Daniel Gustavo Montamat (*)
Los datos que han trascendido del convenio YPF-Chevron (1240 millones de inversión comprometida hasta el 2017 para explotar un área de 395 km2 de los 12.000 km2 que YPF tiene en Vaca Muerta, y 1500 pozos a perforar) alejan la escala de lo que está en juego de los requerimientos de inversión que demandará la minería petrolera aplicada al desarrollo de los recursos no convencionales. Se necesitan unos 10.000 millones de dólares por año en el próximo quinquenio para que el petróleo y el gas de esquistos puedan a principio de la próxima década aportar un volumen de producción adicional significativo como para empezar a hablar de recuperar el autoabastecimiento que perdimos en esta década.
Por eso, antes que preguntarnos por qué Chevron, debemos reflexionar sobre las consecuencias y las causas de la pérdida del autoabastecimiento energético. La información empírica, aquella que desmiente relatos y que asume una realidad objetiva, nos dice que durante esta década consumimos reservas probadas de petróleo y de gas natural sin reponerlas, que los niveles de exploración petrolera respecto a otras década fueron bajísimos, que la producción de los pozos es declinante y que la descapitalización del sector petrolero a precios de reposición del stock consumido se valoriza en unos 180 mil millones de dólares.
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Los registros estadísticos oficiales reflejan que las empresas productoras de petróleo y gas durante estos años han estado sobre explotando lo que estaba en producción, y minimizando su inversión exploratoria. La información empírica también nos señala que los servicios energéticos se han degradado (más interrupciones, de más larga duración), los cortes de gas en invierno se extienden varios meses y afectan a toda la industria, y los subsidios indiscriminados en las tarifas son un engaña pichanga (benefician más a los ricos que a los pobres, y los pagamos todos con impuestos o emisión inflacionaria).
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El Gobierno cayó en cuenta de las consecuencias del déficit energético cuando la Presidente se preocupó por las importaciones del 2011 de 9.400 millones de dólares. Pero en el 2012 el nivel de importaciones de energía se repitió, y este año va camino a redondear los 14.000 millones de dólares. El déficit de la balanza energética que en los dos años anteriores fue de alrededor de 3.000 millones de dólares , este año va camino a alcanzar los 7.000 millones. La energía tiene al jaque a la economía. Pero el gobierno se resiste a analizar las causas del problema: la política energética fallida de todos estos años.
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Una política que entrampó un sector capital intensivo en una suerte de intervencionismo discrecional cortoplacista. Se puede discutir más o menos estado en este sector; lo que no se puede aceptar es discrecionalidad en el cambio de señales de precios, reglas y planes. La YPF ahora controlada por el estado tampoco puede ser sometida a vaivenes que politicen su gestión.
Si operase en un contexto de certidumbre y señales de largo plazo podría resolver debilidades congénitas que la privan de acceder al financiamiento internacional. También podría buscar socios con contratos estandarizados y competitivos de asociación en procesos licitarios transparentes.
Colofón: para poner el caballo adelante del carro hay que empezar por definir otra política energética para YPF y para el resto de los actores que representan el otro 65% de la producción argentina, Chevron incluida.
(*) Ex Titular de YPF- Ex Secretario de Energía
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