¿Por qué es importante controlar la presidencia de Diputados?

Política

El titular de la Cámara baja lejos está de limitarse a ceder la palabra en el recinto. Define en caso de desempate, puede apurar o dilatar por diferentes vías el tratamiento de determinados proyectos y está en la línea de la sucesión presidencial.

Aunque el resultado de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) no altera en nada la composición del Parlamento, sí constituye la más objetiva y precisa de las encuestas que permite prefigurar de qué manera llega cada fuerza a la verdadera disputa electoral que será el próximo 27 de octubre.

Envalentonados por los resultados obtenidos, desde distintos sectores de la oposición ya comenzaron a instalar una vez más el debate por la presidencia de la Cámara de Diputados. Aunque por el momento se trata de un debate abstracto y el kirchnerismo debería perder de aquí a octubre casi la mitad de sus votos para no mantenerse como la primera minoría en Diputados, la disputa da cuenta de la importancia de retener esa posición en especial cuando las fuerzas se encuentran en un virtual equilibrio en el recinto.

La función del presidente de la Cámara baja lejos está de terminar en la mera función de la concesión de la palabra durante los debates parlamentarios. También asume el rol de orientador del debate en el recinto y puede sugerir modificaciones durante una discusión en particular.

Asimismo al no registrarse el número necesario de diputados para votar un proyecto, el presidente de la cámara de Diputados puede demorar el llamado de los legisladores porque es facultad del presidente esperar el tiempo que considere necesario porque también es su deber que la cámara funcione. En este sentido la máxima autoridad en Diputados puede apegarse de manera estricta al reglamento y hacer caer una sesión apenas se haya cumplido el tiempo requerido para reunir el quórum o bien puede flexibilizar los límites de modo que finalmente se reúnan las voluntades necesarias.

En diálogo con minutouno.com el diputado Carlos  Brown (Frente Peronista) salió al cruce de quienes sostienen que la tradición parlamentaria indica que la primera minoría controla la presidencia de la Cámara. "La elección del presidente de la cámara se hace todos los años por mayoría. Si la mayoría decide que tiene que ser otro que el candidato que propone el Frente para la Victoria, entonces deberá ser otro. Hay que aplicar los principios de la mayoría, de la democracia. El que tenga la mayor cantidad de votos tiene el derecho a acceder a la presidencia de la cámara, es lo que debiera haber pasado en 2009. No es obligatorio que que sea la primera minoría la que tenga la presidencia".

"Quien maneja la cámara convoca a las sesiones, convoca a la labor parlamentaria, convoca a las sesiones especiales, decide los tiempos en algún sentido y si algo es tratado enseguida o se espera un tiempo más, decide adonde van los expedientes, a qué comisiones, cuáles serán las cabeceras de los proyectos, lo que no es poca cosa porque puede acelerar o frenar las cosas así" explicó Brown quien aseguró además que "la experiencia de 2009 demostró que el presidente de la Cámara baja castigó de manera muy dura a la oposición".

Es labor del presidente también preparar la orden del día a partir del proyecto de la comisión de Labor Parlamentaria.

Pero además en caso de empate es el propio presidente de la Cámara el encargado de definir la votación. Asimismo, cuando se trata de un proyecto cuya aprobación requiere una mayoría o especial, tal como sucedió en abril pasado cuando Julián Domínguez aportó su voto al proyecto de ley que habilitaba la reforma del Consejo de la Magistratura.

Subido al debate, el diputado Felipe Solá recordó que "en 2009 yo era uno de los pocos que insistían en que la oposición debía ocupar la presidencia de la Cámara. No lo hicimos y lo pagamos caro. El oficialismo nos boicoteaba el quórum y no podíamos sesionar".

La Cámara baja tiene además atribuciones particulares como por ejemplo la creación de impuestos y el reclutamiento de tropas pero es también quien tiene el poder de formular las acusaciones ante un posible juicio político al presidente de la República, al vicepresidente, ministros de Estado y miembros de la Corte Suprema de Justicia.

Además, quien tiene el control de la Cámara baja está en línea de sucesión presidencial en caso de que el país quede acéfalo. Esto ya sucedió en 2001 cuando, tras la renuncia de Fernando De la Rúa, cuando el entonces presidente de la cámara de Diputados, Eduardo Camaño asumió la presidencia de la Nación luego de los pasos al costado dados por Ramón Puerta y Adolfo Rodríguez Saá.

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