El Costa Concordia volverá a salir a flote este lunes
Sólo enderezar el gigantesco crucero podría llevar entre diez y doce horas, en la primera fase de los trabajos de rescate iniciados en octubre y que se prolongarán durante un año.
Crucero costa concordia
Aunque el crucero no se moverá de El Giglio hasta la primavera del año que viene, cuando comenzará su viaje final hasta el cercano puerto de Piombino, donde se procederá a su desguace.
Toda la operación, que efectuará la sociedad estadounidense Titan Salvage y la italiana Micoperi, está explicada con detalle en la página de internet creada para la ocasión por el grupo.
Es la primera vez para la ingeniería que se enfrenta a un reto de estas magnitudes que cuenta con varios y delicados pasos, pero no se excluye que pueda durar varios días dependiendo de las condiciones meteorológicas.
Tras la finalización de la fase de estabilización del barco (a principios de noviembre del año pasado), se construyó una estructura, un falso fondo, formado por cajones y plataformas sobre la que descansará el barco tras su fase de rotación para evitar su hundimiento.
En la operación de "parbuckling" una especie de gatos tensarán por una parte los cables de acero unidos a la parte superior de los cajones y de las plataformas submarinas, que serán tirados hacia arriba, mientras que otros cables, conectados a las 13 torretas construidas a estribor, se utilizarán para equilibrar el barco.
Una fase muy delicada, en la que las fuerzas tienen que compensarse para evitar deformar o romper el casco.
Cuando el crucero se encuentre en posición vertical se pasará a la fase sucesiva con la instalación de 15 nuevos flotadores-estabilizadores, iguales a los ya instalados en la parte izquierda del casco y que gracias a un sistema neumático, que vaciara el agua de forma gradual de su interior, dará el empuje suficiente para reflotar el barco.
Todo está listo, se han realizado numerosas pruebas para garantizar que toda la operación de rotación saldrá perfecta, aunque han surgido algunas dudas sobre el posible impacto medioambiental que tendrá el reflote debido a todos los residuos y líquidos que se acumulan aún en su interior.
Aunque el combustible fue totalmente extraído, en el interior del Concordia se almacenan aún toneladas de venenos como aguas residuales, insecticidas, aceites, esmaltes líquidos, una tonelada de hipocloruro de sodio, es decir mil litros de lejía, pero además decenas de bombonas con litros de oxígeno, nitrógeno o anhídrido carbónico y miles de litros de detergentes.
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