Fue ministra de Lula y pasó a ser la candidata del PSB luego de la muerte de Eduardo Campos en un accidente aéreo. Los sondeos ya la dan segunda.
El camino de Dilma Rousseff hacia la reelección ya no parece tan llano como hace algunos meses. Es que la irrupción de Marina Silva en la compulsa electoral del próximo 5 de octubre, luego de que el candidato del Partido Socialista Brasileño (PSB), Eduardo Campos, muriera en un accidente aéreo, puso en entredicho las posibilidades de que el Partido de los Trabajadores acceda por cuarta vez consecutiva al Palacio de Planalto.
Silva, que fue ministra de Medio Ambiente del principal referente del PT, el ex presidente Luiz Inácio Lulda da Silva, crece en las encuestas. Ya desplazó al tercer lugar al candidato del Partido Social Demócrata Brasileño (PSDB), Aecio Neves y todos los sondeos plantean un escenario de ballotage en el que la ex compañera de fórmula de Campos se impondría con el 47% de los votos frente al 43% que cosecharía la actual mandataria.
Hábil, Silva adelantó que de llegar a la presidencia buscará el apoyo de dos actores clave de la política en el gigante latinoamericano. El ex presidente Fernando Henrique Cardoso del PSDB cuyos votos serán clave para imponerse en una eventual segunda vuelta, y del propio Lula, con quien Silva mantiene una buena relación después de haber participado de su Gabinete de ministros.
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"Itamar (Franco, 1992-1995) no era un gerente, era un hombre con visión estratégica; Fernando Henrique (Cardoso, 1995-2003) era un académico, no era un gerente, pero con visión estratégica; Lula era obrero, pero (era) un hombre con visión estratégica. (...) Cuando se tiene visión estratégica se sabe unir a un equipo, se consiguen los mejores gerentes", disparó Silva y rechazó la idea de que para ser un buen presidente se debe ser un buen "gerente".
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La líder ecologista también rechazó además el argumento de Rousseff quien aseguró que para reducir los niveles de inflación había que recortar recursos destinados a programas sociales. "Afirmar eso es cosa de quien no quiere cortar otras cosas" aseguró y siguió "si se acaba con 'toma acá, da acá' (reparto de cargos a cambio de apoyo político) en torno delos ministerios, combatiendo la corrupción, seguramente vamos a combatir la inflación manteniendo las prioridades con las políticas sociales. Esto es una cuestión de opciones. El problema es que hay gente que no quiere cambiar las opciones".
Cada vez que puede recalca que su programa de gobierno está proyectado sobre la base de una "agenda de la sociedad" y no partidaria. "Hoy el 80% de los brasileños quieren cambios y nuestro programa está prácticamente listo para eso" prometió y advirtió que desarrollará su programa de gobierno sin pensar en una reelección. "Mi mandato es de cuatro años, pues lo que queremos es cambiar a Brasil y que el gobierno pueda ser puesto al servicio de los brasileños y eso va a ser bueno para el PSB, para la sociedad e incluso para aquellos que no comprenden este momento de estancamiento y polarización de los partidos" aseguró. De acuerdo con los últimos sondeos la candidata del PSB obtendría en primera vuelta el 21% de los votos frente al 36% de Rousseff y el 20% de Neves cuya intención de voto está a la baja. De esta manera obligaría a disputar un ballottage en el que las encuestas la dan como ganadora.
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