¿De quién son las mujeres?
El uniforme de colegiala para las empleadas de una estación de servicio, la supuesta venta de una niña por Facebook y la lluvia de "halagos" a los que se vio sometida una mujer en Nueva York al caminar por sus calles, son algunos hechos que nos llevan a analizar los mecanismos mediante los cuales se coloca a la mujer en el plano de los objetos, de cosas o mercancías que pueden ser consumidas y desechadas.
De esta manera entendemos cómo es que alguien puede ser capaz de publicar la venta de los servicios de una niña o por qué una mujer recibe todo tipo de comentarios machistas por el sólo hecho de transitar por la calle. Al ser vistas como "cosas" entran en la lógica mercantilista del uso, abuso y pertenencia. Cuando pagamos por algo nos creemos dueños de eso y poseedor de todos los derechos sobre esa posesión, así sea para utilizarlo o romperlo en un ataque de ira.
En su libro "Filosofía del presente", el filósofo francés Alain Badiou es elocuente a la hora de hablar sobre el lugar que ocupa la mujer en algunos (por no decir en muchos) sectores de la sociedad: "Hemos pasado de la consigna feminista 'mi cuerpo es mío' a la consigna prostitucional 'mi cuerpo es de todos'; el cuerpo de la mujer se ha vuelto público, hasta tal punto que se ha convertido en deber su exposición y en ofensa su ocultamiento"
Esto no significa que se anule la libertad de las personas de vestirse como deseen, si no que se observa la presión que existe sobre las mujeres para mostrarse de una determinada manera porque sólo así serán más aceptadas socialmente. Se les pide que se exhiban para ser "valoradas", esto es, para tener mejores trabajos y mayor aceptación social.
En este sentido, violentar no se trata solamente de agredir física o verbalmente a alguien; también tiene que ver con forzar su ser de manera tal de no concebir su complejidad si no reducirlo a una sola expresión: "sos tu cuerpo", "sos lo que los otros ven"... manifestaciones también violentas.
Por consiguiente, ¿de quién son las mujeres?
El discurso predominante y totalizador pareciera indicar que, subyugadas como cuerpo-excitante, les pertenecen al público en general que, si tiene el dinero correspondiente, podrá disponer de ellas en un fatídico pay-per-view. ¿Será entonces que como sociedad pensamos que las mujeres son de todos menos de ellas mismas?
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