Actores en pie de guerra
*La Asociación Argentina de Actores salió con los botines de punta contra la televisión que ha relegado a un segundo plano a los ciclos de ficción. ¿Pensás que tienen razón?
El auge de los reality y de los big shows en la TV argentina de 2007 inquieta a los profesionales de la actuación. La Asociación Argentina de Actores ha emitido un comunicado en el que la emprende contra los ciclos que están ganándole terreno a la ficción. Algo así como la versión actual del “somos actores, queremos actuar”, que se hizo oír en la década del ’90.
El tema tiene su miga, y da para un debate sobre los dos derechos complementarios que se encuentran en el fondo de la discusión: el de trabajar y el de la libertad de empresa. Además, se deberían considerar una serie de variables: el papel que juega la ley de la oferta y la demanda en la industria, las modificaciones que ha instalado el rating minuto a minuto en los códigos del medio y los cambios cíclicos que presenta el gusto del público. De hecho, en los ’90, los periodistas televisivos vivieron su momento de gloria con programas de investigación o de debate político pero después del “que se vayan todos”, sufrieron las consecuencias de un país en el que la palabra de los políticos se devaluó mucho más que el peso.
El comunicado de la entidad que agrupa a los actores llama a sus miembros a discutir sobre la TV actual y el papel que ocupan ellos en la pantalla. “Los trabajadores actores, víctimas del minuto a minuto, estamos soportando una catarata de programas cada vez más alejados de la ficción, programas de resultado fácil, muchas veces con una cuidada y gran producción, otras no tanto”, dice. Y agrega que “si bien dentro de algunos de estos programas estamos luchando desde el sindicato por el reconocimiento de la tarea que realizan allí actores y bailarines comprendidos en nuestro convenio colectivo de trabajo, esto no garantiza la cuota de empleo que sí nos da la ficción”.
En estos párrafos hay al menos tres temas a analizar:
1) Faltó señalar que no son pocos los actores y bailarines a los que se les han abierto fuentes de trabajo en teatros, boliches, industria discográfica y eventos de diverso tipo a partir del alto nivel de exposición que les dan los programas “alejados de la ficción”.
2) Respecto del rating medido minuto a minuto, los actores no son las únicas víctimas. También lo somos los espectadores, que vemos cómo las grillas de programación se modifican sin previo aviso en la desesperación de los canales por trepar en el palo enjabonado del rating. También lo son los conductores, obligados a estirar un tema hasta el infinito cuando los números dicen que están captando el interés del público o a sacar del aire en escasos segundos a los entrevistados que miden por debajo de las expectativas de los productores. Tampoco dejan de ser víctimas los productores independientes cuyos ciclos son corridos de horario, desplazados de día y hasta levantados en ocasiones, en función de los resultados obtenidos en la planilla de Ibope.
3) En cuanto a las tareas que realizan actores y bailarines en los ciclos ajenos a la ficción, es derecho y deber del sindicato reclamar que se les respeten los términos de las leyes laborales vigentes. Pero si “esto no garantiza la cuota de empleo que sí nos da la ficción”, eso ya es otro asunto. El desempleo, el subempleo e incluso el trabajo en negro es todavía una triste realidad en la Argentina toda; no sólo en la televisión. Y, obviamente, ésa es una falencia a corregir.
Las nuevas tecnologías, aquí y en el resto del mundo, traen enormes beneficios pero también son, en todo tipo de empresas, una fuente de reducción de personal. Es cierto que la tecnología que permite la medición de la audiencia minuto a minuto desplaza a muchos del mercado laboral. Pero no es ésa una cuestión privativa de la tele. Por caso, lo que viene sucediendo en los medios gráficos con los correctores: su tarea es fundamental para que las publicaciones salgan impresas como es debido, pero la mayoría de las empresas han creído, a mi juicio sin razón, que un software que controle la ortografía puede suplir la artesanal tarea de esos trabajadores, y actuaron en consecuencia: achicando notablemente la cantidad de personal en esa área.
Para colmo de la complejidad _como bien admite el comunicado de la Asociación de Actores en otro párrafo_, a los productores les asiste “el derecho a vender lo que quieran y a, lógicamente, sacar el mayor beneficio económico de sus productos”.
Por otro lado, la ficción tampoco se ha extinguido en la TV argentina. Las hay, y de buen nivel. Por caso, “Patito feo”, “Casi ángeles”, “Mujeres de nadie”, “La ley del amor”, “Son de fierro”; y el público las premia, a unas más a otras menos, con niveles de rating más que satisfactorios. Pero también hay productos muy flojitos _”Romeo y Julieta”, por caso_, a los que la audiencia les da la espalda. Por lo demás, existen también una serie de proyectos de ficción en etapa de producción y preproducción: “Lalola”, “El hombre que volvió de la muerte”, la secuela de “Perla Negra”, “Chicas”, entre otros.
Tal vez, el problema resida en que la ambición de muchos, actores incluidos, está centrada en el prime-time (horario central) donde el precio del segundo de publicidad es más caro y en consecuencia, los sueldos son más altos. Es evidente que en ese codiciado espacio, no hay lugar para todos. Es absolutamente legítimo reclamar fuentes de trabajo. Es humano querer lograr el mejor puesto, en el mejor horario, con el mejor salario y en las mejores vidrieras. Pero el mercado laboral nunca estuvo construido a la medida de nuestros deseos.
Quizás para los actores haya llegado el momento de conjugar la protesta con la creatividad, y generar proyectos que salgan a pelear su espacio terminen imponiéndose en base a la excelencia. Entretanto, puede ser útil recordar que en la TV, como en la vida, nada es para siempre, que todo cambia. El mismo público que un día se fascinó con el periodismo televisivo de denuncia, después apostó a tanques de ficción como “Son amores”, “Los Roldán”, “Sos mi vida”, “Montecristo”, “Casados con hijos”, “La niñera”, “Los simuladores”, “Hermanos y detectives”, por citar sólo algunos. Por la propia naturaleza del medio y la arbitrariedad del deseo, la misma gente que hoy consume “Gran Hermano”, “Bailando por un sueño” o los ciclos que se alimentan de ellos tarde o temprano pondrá sus ojos en alguna propuesta novedosa. Es cuestión de ofrecérsela y de esperar sin desesperar.
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