Ahora, secuestros extorsivos: ¿volvieron “los chancheros”?


  • Una avalancha de secuestros extorsivos “a la vieja usanza” preocupa, y seriamente, a las fuerzas de seguridad, al poder político y a los hombres de negocios.
  • Las nuevas camadas policiales, expertas en la tecnología de seguimiento electrónico, carecen de contactos en el hampa.


Los secuestros extorsivos "a la vieja usanza” , que se pensaban desterrados de la modalidad delictiva, eran aquellos que comprendían una inteligencia previa sobre la víctima y el montaje de una ingeniería logística apta para soportar las presiones de los investigadores policiales mientras se negociaba el rescate con los familiares de los secuestrados.

Esa modalidad criminal, que tuvo su apogeo entre los 70 y principios de los 90 con la llamada “banda de los comisarios”, el grupo de Aníbal Gordon, el de Raúl “Guasta” Guglielminetti y algún otro integrado por ex agentes del Estado, quedó prácticamente defenestrada cuando, a consecuencia del secuestro de Mauricio Macri (1990), cayó la banda de los comisarios y hasta uno de sus integrantes, el “turco Ahmed”, “fue suicidado” en Mar del Plata con un disparo en el estómago (calibre 7,65) y una posterior caída al vacío desde el quinto piso de un edificio en pleno centro. La versión oficial de esta muerte fue suicidio. “Suicidio a la Argentina”, dijo irónicamente en ese entonces una fuente policial.


La inteligencia previa y la ingeniería logística caracterizaban los secuestros extorsivos "a la vieja usanza".    


Aclaremos que no mencionamos en esta lista delictiva al “clan Puccio”, pues esta familia tenía su propio estilo de patología criminal: Elegían la víctima a secuestrar entre sus amistades y después de cobrar el rescate las asesinaban. Cero código de delincuentes, como fue considerado en el propio ámbito mafioso.

En el argot delictivo “de la vieja usanza”, al secuestrado se lo mencionaba como “el chancho”... y a quienes ofrecían la hotelería para guardar a la víctima el tiempo necesario que durara la negociación, se los conocía como “los chancheros”.

Sin “chancheros” no había secuestro extorsivo, pues el largo plazo que podía demandar una negociación con la familia precisaba que la víctima permaneciese oculta en un lugar a prueba de sospechas y libre de la posible delación de algún miembro de la banda.  Sólo un par de miembros –la cúpula- del grupo delictivo conocían la dirección donde se guardaba “al chancho”. Ese minúsculo núcleo convenía el precio que se le pagaba a “los chancheros” por la hotelería mafiosa.

Pasaron varios años desde entonces y se puso de moda el secuestro express. Víctimas elegidas al voleo, sin inteligencia previa y alojamientos provisorios en villas de emergencia o lugares poco poblados, y principalmente delincuentes principiantes que eran descubiertos merced al uso de tecnología de rastreo celular que identificaba las zonas exactas donde se movían los grupos.
Pero en las últimas semanas se produjeron algunos casos que semejan un “revival” de los buenos tiempos de los secuestradores.


"Chanchos" y "Chancheros" forman parte del folklore de una modalidad delictiva que parece haber regresado.    


La familia del empresario del transporte Franco Andreola dice haber recibido (nunca hay que creer fielmente las versiones oficiales, de ahí nuestro margen de duda) una prueba de vida consistente en una grabación en casette donde la propia víctima dejó sentada con su voz identificable el resultado del partido que Los Pumas le ganaron a Francia en la inauguración del Mundial de Rugby.

Francisco White es dueño de 2300 hectáreas de campo en la localidad de Banderaló, partido de General Villegas, sito a casi 500 kilómetros de la Capital Federal. Fue secuestrado a plena luz del día y sus raptores estarían pidiendo un cuarto de millón de dólares por su liberación.

En ambos casos no parecen estar en manos de iniciados en la materia, y la pregunta que surge a continuación abre un paréntesis de suspicacias y presunciones. Si los secuestradores de la vieja usanza ya están fuera de circulación (muertos, presos o viejos) y los nuevos delincuentes reconstruyeron las redes criminales que configura el sostén de un secuestro extorsivo de esta magnitud... ¿de qué ámbito provienen estas bandas que reeditan las modalidades de antaño...?

Otro detalle a tener en cuenta es que los viejos sabuesos que conocían el paño en que se movían estos secuestradores extorsivos, están casi todos –tanto en el área de la Policía Federal como en el de la bonaerense- fuera de servicio.


Con los viejos sabuesos fuera de servicio y las nuevas camadas policiales sin contactos con el hampa, el panorama  es complicado.    


Las nuevas camadas policiales adquirieron experiencia en el uso de la tecnología de seguimiento electrónico en la lucha contra el delito, pero carecen de los contactos en el hampa (que, dicho sea de paso, tienen todas las fuerzas de seguridad del mundo y sólo en nuestro país el poder político considera inmoral trabajar con “buches” o informantes) y del universo de “los chancheros” prácticamente lo único que conocen es por referencias de sus antiguos jefes.

Los secuestradores que cuentan con “chancheros” confiables tienen a su favor que juegan con la angustia de los familiares de sus víctimas. En el caso de Francisco White, quien tuvo un infarto recientemente, el dolor y la prisa familiar es más grande aún por las consecuencias que puede aparejar el stress del cautiverio a un enfermo del corazón.

Del empresario del transporte hay algunas pistas, pero no es el momento de precisarlas. Los secuestradores se mueven libremente buscando sortear los controles electrónicos policiales, mientras “los chancheros”, en apariencia inocentes familias de barrio, guardan en un agujero a prueba de sonidos a las víctimas de estas bandas que se creía extinguidas.

Pero en la Argentina qué siempre recicla sus peores costumbres... ¿por qué iban a estar exentos de la resurrección las más deleznables prácticas criminales?

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