Alberto Durero
Cuando se habla de Renacimiento, el nombre Alberto Durero no puede dejar de ser nombrado. Sin duda fue uno de los artistas más destacados en Alemania, quien representó la renovación fuera del territorio cultural de Italia.
Muchos, seguramente, conocen o leyeron sobre este hombre con diferentes nombres, como Albretch Dürer, su nombre en alemán, o Albertus Durerus Noricus, la forma que comenzó a utilizar luego de haber conocido Venecia, donde conoció y decidió adoptar las formas italianas renacentistas.
Por último, el modo más directo que hay para encontrar su marca será en sus cuadros y grabados, donde frecuentemente inscribe su monograma: una elegante A mayúscula que encierra
Todas las obras que consideró como artísticas las firmó con este monograma. Muchas otras quedaron sin esta inscripción porque él no las considerada lo suficientemente buenas para poner su nombre en ellas.
A medida que su condición fue evolucionando el éxito en toda Europa fue instantáneo. Incluso, sus dibujos de taller y pruebas que hacía tenían el mismo valor que las obras terminadas.
La obra de Durero se divide en dos: pintura y obra gráfica. De su mano quedan 90 pinturas, 130 grabados, varios cientos de xilografías y dibujos, y tres libros de teoría del arte.
Durero nació en 1471. Sólo 50 años antes se había descubierto la xilografía, una técnica de impresión sobre una plancha de madera cortada a fibra. Todavía era un nuevo arte, pero que prometía demasiado.
Él fue un pionero en esta nueva forma de expresión. Sobre todo inspirado y alentado por sus circunstancias familiares. Su padre, Albretch Atjós, era un húngaro que trabajaba de orfebre. Por ese motivo se mudó a Nüremberg, un núcleo donde se distribuían metales preciosos, gracias a las minas del territorio.
Su padre llegó a Nüremberg en 1455 y en el 67, con 40 años de edad, se casó con Barbara Holpere, quién tenía sólo 15.
A lo largo de su vida, esta pareja tuvo 18 hijos. De todos ellos sólo sobrevivieron 3, todos pintores.
La ciudad donde residían estaba manejado por 40 familias feudales, quienes más tarde patrocinarían a Durero.
Alberto conoció e intimó con el primogénito de los Pirckheimer, Willibald, que se convirtió en su amigo y sostén durante el resto de su vida.
La familia era una familia a la que denominaban ëhrbar, honorables, por debajo de las 40 feudales pero por encima de las familias “comunes” de la época.
Su padrino, y esto no es un dato menor, fue Antón Koberger, el impresor más importante de la ciudad. Por este motivo, desde niño, el artista aprendió el arte del grabado y la imprenta. A los 12 ya empezó a trabajar con su padre, donde aprendió infinidad de técnicas de grabado que más tarde utilizará en sus obras.
Su padre, como todos en aquella época, quería que siguiera con su profesión y heredara el taller. Pero la capacidad artística de Alberto se notó desde temprano y en el ’86 entró en el taller de arte más importante de Nüremberg, el Michael Wolgemut, donde permaneció tres años más, cuando decidió que debía realizar su viaje de fin de estudios.
Mientras realizaba su viaje por Holanda conoce a grandes como Heslin, Conrad Witz y Baldung Grien, Más tarde, sus padres le informan que su compromiso estaba realizado y que era con una adinerada chica de su ciudad natal.
Pero el matrimonio no tuvo éxito y a los dos meses, Durero comienza su viaje otra vez. Su destino era Venecia. Acá conoció realmente el Renacimiento. Lo impactaron, sobre todo, las figuras desnudas que copió y más tarde reproducirá.
En Venecia había dibujado todo tipo de objetos que le habían llamado la atención: el león de San Marcos, un cangrejo, los extravagantes atuendos de las damas venecianas. Todos estos apuntes constituyen su mejor diario de viaje que, más tarde, emplearía en sus obras.
En el ’94 volvió a Nüremberg y su viaje, y aprendizaje, se dio por terminado. Abre su taller.
En ésta época traslada muchas de sus obras con el estilo que aprendió en Italia, por esto se hace muy reconocido tanto en la ciudad como en las afueras.
Este fue el momento en que Federico el Prudente, un poderoso elector de Sajonia, le pidió su autorretrato y un altar. Muchos pedidos le llegaban a esta altura de su vida, la mayoría de lienzos y autorretratos. Pero su obra más revolucionaria la encontramos en su faceta como grabador y consiste en la serie de xilografías del Apocalipsis, realizadas en 1498. Esta es la primera creación que llevará el monograma AD.
Más tarde, en el 1500, se obsesionó con las curvas y la figura humana y se contactó con el artista veneciano Jacopo Barbari, para que le enseñara. El fruto de su trabajo es el impresionante Autorretrato frontal, en el que se identifica a sí mismo con Cristo.
Gracias a un gran brote de peste realiza otro viaje a Venecia, donde es recibido no cómo el joven que quería aprender sino como un artista realizado y reconocido.
Durero recibió un encargo de la iglesia de San Bartolomé, muy importante porque representaría su graduación pública ante toda Venecia. El cuadro estaba dedicado a
A lo largo de estos años crea obras como Jesús entre los doctores, Adán y Eva, El Caballero,
En 1520 Durero se enteró de que Carlos I, sucesor de Maximiliano I, iba a viajar desde España a Aquisgrán para ser coronado emperador del Sacro Imperio Romano germánico.
El artista había recibido una pensión anual por parte de Maximiliano y tenía la intención de que Carlos I mantuviera esa asignación. Por esto emprendió el viaje a Aquisgrán, que financió vendiendo grabados y otras obras durante el trayecto, y de allí pasó a los Países Bajos entre 1520 y 1521.
La audiencia con Carlos I resultó muy satisfactoria. Regresó a Núremberg, donde habría de permanecer hasta su muerte, el 6 de abril de 1528. Sus últimas obras son dos grandes tablas en las que están representados Cuatro apóstoles, que ofreció como regalo a su amada ciudad natal.
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