Argentina, un país beige
Argentina es un país con alto contenido de beige, un territorio no apto para los colores.
Esta elección del peor tono de la escala cromática no es casual, sino un reflejo de la personalidad del argentino medio, un ser esencialmente cagón y conservador, que quiere vivir “en promedio”, que no puede asumir una elección por un color, por una camiseta. Optando por el beige, las personas creen que no se equivocan. El triste camino del marrón conduce al lugar de los iguales, de los que pasan inadvertidos, a un espacio donde existe la certidumbre de que no se va a sobresalir y, por lo tanto, jamás se presentará un flanco pasible de ser criticado ni una mínima posibilidad de ser rechazado por diferente. Esta “isla de los iguales” es el paraíso terrenal del hombre marrón, una versión diferente del hombre gris descrito por Scalabrini Ortiz.
Enfundados en pantalones, sacos y camisas beige (cuando no con medias o bermudas al tono), los argentinos no sólo sienten que “la pegan”, sino que están seguros de que se “look da muy british” cuando, en realidad, su estilo es una cagada. Fruto de esta equivocada autoconvicción se reproduce un fenómeno inexplicable: la indigesta combinación de traje azul con zapatos marrones, despropósito que a los hombres de nuestro país les produce un “orgasmo fashion”. Claro que esto no es nuevo: la tradición amarronada es una plaga que azota a
Otros adoradores del marrón son los militares. Para este sector de la sociedad, cambiar de color de zapatos resultaría una afrenta, un equivalente a quedarse en bolas en medio de la avenida Santa Fe.
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