Así funciona la potente 'máquina' de fabricar perejiles

¿Cómo se hace para esconder un elefante en medio de la peatonal Florida?, preguntaba un acertijo que se estudiaba en los cursos de inteligencia de las fuerzas de seguridad. La respuesta: se llena la peatonal Florida de multitud de elefantes...

Hace unas horas, una fuente cordobesa que tuvo acceso a la causa del crimen de Nora Dalmasso, le dijo a minutouno.com: “Aunque parezca mentira, en el expediente no existe ninguna constancia de que el viudo Marcelo Macarrón haya estado realmente en Punta del Este cuando sucedió el asesinato de su mujer, salvo su propio testimonio”.

Obvio no se puede subestimar la inteligencia de este hombre y suponer que incurrió en una mentira tan burda como sería situarse en el vecino país sin constancia de ello, pero la lógica que debe imperar en la justicia no es la suposición sino las pruebas. Y este comentario no es caprichoso: nuestra fuente en Río Cuarto nos aseguró que recién ahora la fiscalía que conduce Javier Di Santo tratará de constatar el relato del viudo, dos años después del homicidio.  Y tomará esta decisión porque esos rumores que nadie sabe de dónde salen pero que se instalan en el inconsciente colectivo de la causa y de la sociedad cordobesa, suponen que los análisis del FBI (que un día se dice que llegaron a Córdoba y al día siguiente se desmiente...) dictaminarán que las pruebas genéticas halladas en la escena del crimen solo pertenecen al viudo de la víctima. Quien, por otro lado, aseguró en el juzgado –pero lo sabe desde el FBI  hasta Barak Obama- que mantuvo relaciones con su mujer antes de partir a Punta del Este.

Y ahora despertó el fiscal que va a tener que desprocesar a toda la legión de “perejiles” que involucró en la muerte de Norita, y cuando la peatonal Florida se le quede sin elefantes va a tener que rendir cuentas (una forma de decir, porque nadie cree en esta causa que el fiscal Di Santo rinda cuentas a nadie en particular) acerca de cómo corroboró que la coartada de Marcelo Macarrón fuera cierta.

No se trata de suponer que el viudo pueda haber subido a un Taxi Aéreo en Punta del Este, bajar en Río Cuarto sin dejar registro migratorio alguno y vuelto a subir a la nave horas después..., pero desde Alfredo Yabrán (que entraba y salía del país en los aviones de su compañía con una falsa identidad) hasta el caso del valijero Antonini Wilson, se sabe de las proezas de las que son capaces los aviones particulares cuando hay mucha plata de por medio.

Veinticuatro meses después de la muerte de Dalmasso la causa está más retrasada que al comienzo de la investigación y nadie cree en Córdoba que el homicidio se resuelva alguna vez.

Y esa misma máquina de fabricar perejiles que funcionó prolíferamente en el crimen de Río Cuarto, se utiliza ahora con idéntica perfección en la causa del triple crimen de General Rodríguez.

Hace tan solo un par de semanas (no dos años, apenas 20 días), la quinta allanada de General Rodríguez fue presentada como un bunker con una especie de cárcel del pueblo o ciudad subterránea donde hasta el abogado de las viudas, Miguel Angel Pierri, adujo que en ese sitio pudieron haber estado secuestrados los tres empresarios antes de ser asesinados.

Cuando el juzgado de Faggionatto Márquez deja trascender que prácticamente se detuvo a los captores y asesinos de los jóvenes, unos pocos días después se le decreta la falta de mérito en la causa, quizás porque suena demasiado vergonzoso aducir que al juzgado le plantaron un testigo de identidad reservada que funciona –precisamente- para plantar perejiles en una causa que salpica más de la cuenta, como diría en otras palabras el juez de la Corte Eugenio Zaffaroni.

Y un detalle particular, curioso, que forma parte del cotillón de los grandes anuncios judiciales que después quedan en la nada: a toda información oficial que supone la detención de grandes criminales, se le descubren camionetas 4x4 y se lo anuncia como si fueran elementos tan ilegales y peligrosos como armas de guerra o drogas en abundancia. Pareciera como que la secuela que dejó en ciertos ámbitos el conflicto reciente del campo con el gobierno, plantó una especie de demonización de las 4x4 como si su tenencia fuera patrimonio delictivo.

Y la última aclaración: en la historia policial argentina la máquina de fabricar perejiles funcionó en incontables ocasiones, pero nunca tanto como en los últimos años.

Dejá tu comentario