Atacaron a balazos a la custodia del juez Baños
* Investigó la causa por el robo de las manos de Perón y el copamiento de la comisaría 24.
* También tuvo a cargo la investigación sobre la presunta connivencia entre efectivos del Servicio Penitenciario y presos para dejarlos salir a robar.
Por NA
Los custodios contestaron los disparos y los delincuentes escaparon, con rumbo desconocido.
En tanto, un tercer sujeto que había sido visto frente a la casa y los policías sospechan que hacía las veces de "campana", logró escapar pese a ser perseguido a pie por uno de los efectivos de la custodia.
Una vez que el hecho fue comunicado a la Policía Bonaerense, se inició un rastrillaje por la zona para tratar de dar con los delincuentes, el cual no había tenido éxito.
El caso fue caratulado como "tentativa de robo agravado por el uso de armas", con intervención de la fiscalía en turno del Departamento Judicial de Lomas de Zamora.
El juez Baños ya sufrió otros incidentes preocupantes a lo largo de su carrera judicial, en la que además de la causa por el robo de las manos de Perón y el copamiento de la comisaría 24 de La Boca, intervino en la investigación sobre la presunta connivencia entre efectivos del Servicio Penitenciario y presos para dejarlos salir y que cometieran asaltos violentos.
También procesó a policías federales por presunto cohecho antes del trágico incendio del boliche Cromañón e intervino en una acusación por administración fraudulenta contra directivos de Aerolíneas Argentinas.
En julio del año pasado, desconocidos ingresaron al domicilio de Baños, entonces en Lomas de Zamora, violentaron la caja fuerte y se apoderaron de la totalidad del expediente que se sigue por el robo de las manos de Perón, recuperable en un 90 por ciento por medio de fotocopias, además de un celular y una agenda, aunque no hicieron lo mismo con el dinero y objetos de valor que tenían a su alcance.
Los otros dos incidentes serios ocurrieron en 2000, cuando el magistrado investigaba maniobras de penitenciarios que permitían a presos salir para cometer asaltos violentos y repartirse con ellos el botín.
En primer lugar, un preso se presentó en su despacho y le comunicó que los guardias le habían encomendado matarlo.
Más tarde, recibió en su domicilio un pequeño féretro, una foto suya con un punto rojo en la frente y un proyectil de calibre 45.
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