Bailando 2007: ¿Por qué tuvo éxito durante siete meses?

*En su cuarta edición, este segmento de “Showmatch” consiguió mantenerse en la cima del rating en base al equilibrio entre el cambio y la permanencia.

El triunfo de la pareja compuesta por Celina Rucci y Matías Sayago sobre la de Paula Robles y Franco Tabernero en la final de “Bailando por un sueño” fue el tema televisivo que ocupó la atención esta semana. Pero más allá del resultado del concurso, quedó flotando una pregunta: ¿Cómo se explica que esta cuarta edición del certamen de baile haya logrado mantenerse en la cima del rating durante siete meses? ¿Con qué herramientas consiguió una vez más el apoyo del público masivo y el interés de una cantidad de programas que siguieron lo que sucedía en el ciclo con la misma dedicación que le otorgaron a las tres anteriores, en 2006?


 


Es evidente que la iniciativa de Ideas del Sur de comprar el formato “Bailando por un sueño”, la creación de Televisa convertida en un éxito de exportación, resultó una apuesta rendidora. Pero, tal vez, el mayor acierto resida en la habilidad de la productora para adaptarlo al estilo de “Showmatch”, un ciclo con audiencia propia y fiel. En todos los años que Marcelo Tinelli lleva en la pantalla, su público aceptó, gustoso, los sucesivos cambios de contenido del programa. En ese aspecto, el “Bailando…” no es la excepción. Pero, seguramente, lo que los seguidores de Tinelli se negarían a tolerar sería la ruptura de los códigos de comunicación que han establecido con él. En esa alquimia entre el cambio y la continuidad parece estar cifrado el secreto de este tanque televisivo.


 


Por el lado del cambio, la cuarta edición de este big show trajo figuras inesperadas (Nina Peloso, Rodrigo “la Hiena” Barrios, Liz Solari, Matías Alé), vestuario renovado, otros ritmos de danza. Por el lado de la permanencia, el estilo del conductor y los criterios de producción. Se diría Tinelli y su equipo se plantaron en el principio de que todo suma, pero que ninguna de las partes puede ni debe ocupar el lugar del todo.


 


Así, una serie de elementos heterogéneos encontraron en el “Bailando…” su tiempo y su lugar. Por caso, los chistes del personaje que parió Matías Alé cuando nadie lo esperaba; Nina Peloso transitando la distancia que va de los piquetes al mundo del espectáculo; los enfrentamientos de Carmen Barbieri o Victoria Onetto con el jurado; el striptease del soñador Maxi D´Iorio; Rocío Marengo y el Koala; Celina Rucci y sus días de pesca; Soledad Fandiño y sus juanetes; el conductor, las tijeras y los cortes de faldas; Nazarena Vélez y los vaivenes de su vida amorosa; Iliana Calabró, “el Rossi” y las chicas del country…


 


Cada una a su turno, todas las piezas del puzzle ocuparon el centro de la escena y luego, hicieron mutis por el foro; tal y como lo exige la ley no escrita de ese show que debe continuar sin repetirse y, a la vez, sin perder su identidad. Ni siquiera al baile de las parejas alrededor de un cilindro metálico, que alimentó tanta polémica, le dio el “Bailando…” 2007 un certificado de residencia permanente.


 


Las distintas atracciones se sucedieron en la pantalla con lógica de calidoscopio. Y es probable que esas volteretas hayan sido la fortaleza que le permitió al “Bailando…” mantenerse en la cima del rating durante siete meses. Dicho de otro modo, el ciclo no se casó con ninguno de sus recursos, para evitar que se lo devorara la rutina matrimonial. En su lugar, optó por mantener con cada uno de ellos un vínculo de amantes: encuentros muy intensos pero esporádicos, libres de cualquier atadura que no sea la de las ganas mutuas. Y a juzgar por los niveles de audiencia que alcanzó, la elección fue la correcta.

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