Bendita TV

*Cuando plantea el tema de la donación de órganos para transplante, uno agradece que exista la televisión y que llegue a las grandes audiencias. Eso acaba de suceder en “Mujeres de nadie”, la telenovela de Pol-ka que emite Canal 13.

Cuando plantea el tema de la donación de órganos para transplante, uno agradece que exista la televisión y que llegue a las grandes audiencias. Eso acaba de suceder en “Mujeres de nadie”, la telenovela de Pol-ka que emite Canal 13.


 


La televisión es mil veces vapuleada; y muchas de ellas, con justa razón. Pero en ciertas ocasiones, uno no puede menos que agradecer su existencia. En lo personal, es eso lo que me sucede cuando la TV contribuye a difundir una causa tan noble como la donación de órganos para transplante. Muchos son los formatos de los que puede valerse la pantalla chica para convencernos de la necesidad de apostar a la vida dándole al Otro lo que la plata no compra ni el mercado vende: el órgano que le evite una muerte segura. Exactamente esto es lo que acaba de suceder  en “Mujeres de nadie”, la telenovela de Pol-ka que se emite por Canal 13.


 


El guión de Marcos Carnevale, Ernesto Korovsky y Sebastián Parrota, hace  que Julia (Laura Miller) _enfrentada a Lali (Agustina Cherri) por el amor de Pablo (Federico Olivera ) _  sufra un accidente automovilístico y necesite un transplante de riñón para salvar su vida. Dada la situación, la madre de Lali (Ana María Picchio) y el padre de Julia (Víctor Hugo Vieyra) develan el gran secreto: Lali y Julia son hijas del mismo padre. Por motivos de consanguinidad, Lali es la candidata ideal para donar el órgano que necesita Julia. La chica primero se niega. Luego, reflexiona y entra al quirófano.


 


Alguien podrá pensar que tratándose de una novela, es absolutamente intrascendente que una chica done o no done un riñón. Que en el terreno de la ficción, lo mismo da que los personajes tengan actitudes altruistas o que sean asesinos seriales o narcotraficantes. Por suerte, la experiencia demuestra que a veces, las cosas no suceden así. Dado el alcance masivo de la TV y la popularidad de la telenovela, ambas funcionan como una caja de resonancia.


 


Para muestra, un ejemplo, lo que ocurrió en Brasil, en el año 2000, con la telenovela “Lazos de familia”, producida  por la Rede Globo. A través de un personaje que padecía leucemia, Camila, y que necesitaba un transplante de médula para seguir viviendo, el ciclo consiguió crear conciencia en la población respecto de la existencia de órganos que pueden ser donados en vida. Mientras la novela estuvo al aire, el promedio de inscriptos en el Registro Brasileño de Donantes Voluntarios de Médula Ósea saltó de 20 a 900 por mes. Sí, leiste bien: ¡de 20 a 900! ¿Qué querés que te diga? Con sus miles de defectos, como cualquier creación humana, cuando la tele logra semejante proeza, bendigo su existencia.


 


En la Argentina, también se consigue. Y no sólo en las telenovelas. Los noticieros, los ciclos periodísticos, los magazines: todas las vías son buenas para despertar en el público la solidaridad suprema. Todavía recuerdo un caso que lo demuestra con creces: El 20 de mayo de 1996, Santiaguito Rosas, un niño de tres años y medio fue internado en el Hospital de Pediatría Juan P. Garran. Padecía una hepatitis fulminante y sólo un transplante podía salvarle la vida. Sus padres, Patricia y Sergio, acudieron a la televisión. La foto de ese niño de sonrisa luminosa se emitió noche y día en la pantalla. El deseo de que apareciera una familia que, en el colmo del dolor por la muerte de un ser querido, apostara a la vida después de la vida, se había convertido en una causa nacional.


 


Por esos días, Zunilda llevaba nueve meses internada en el hospital Argerich a la espera de un hígado ajeno que le permitiera zafarse de una muerte anunciada. Consecuencia de una  hepatitis mal curada, llevaba 14 años padeciendo de cirrosis. A esa mujer no le faltaban razones para querer vivir: tenía 43 años y dos hijos. Una noche, el médico se acercó a su cama y le anunció el milagro: alguien había donado el órgano que necesitaba.


 


Zunilda lo miró desde la cima de la dignidad humana: “Yo tengo la mitad de la vida hecha_ le dijo_. Déle ese hígado a Santiaguito. A él le queda todo el futuro por delante. ¿No vio en la tele la sonrisa de esa criatura? ¿Cómo le vamos a quitar la esperanza? Yo no quiero ese hígado. Se lo repito: déselo a él”.


 


Aquel niño no era su familiar ni el hijo de una amiga ni su vecino. Ni siquiera lo conocía personalmente. El niño era tan sólo una sonrisa gigante mostrada en la pantalla del televisor. El niño era el hijo de dos desconocidos que habían mostrado su dolor de padres en la TV.


 


El órgano no era compatible con Santiaguito, y Zunilda recibió una recompensa doble: la generosidad ajena le había dado el hígado que precisaba para vivir; la grandeza propia, el derecho a llevarlo con la dignidad de una heroína.


 


La foto de Santiago Rosas siguió firme en la tele. Sus papás continuaron con el peregrinaje televisivo. El 25 de mayo de 1996, la esperanza llegó desde Uruguay. Un joven de 33 años había muerto en un accidente automovilístico en el departamento de Durazno. Su familia pertenecía a la legión universal de los benditos porfiados que apuestan a la vida compulsivamente. El médico Imventarza y su equipo le transplantaron el hígado a Santiaguito. La operación fue exitosa. Pero el 28 de junio, el niño murió a causa de una complicación pulmonar.


 


Nueve meses más tarde, entrevisté a sus padres para La Revista de La Nación. Por ese entonces, Sergio se dedicaba a agradecer. “Durante la internación de mi hijo, recibí una enorme cantidad de cartas de gente que se solidarizaba con nosotros sin conocernos, sólo por escucharnos y vernos en los medios_ me dijo _. Yo no sé si hubiese tenido el valor de escribirle una carta a un Fulano que sale en la televisión… Desde hace un tiempito, los voy llamando, de a poco, a cada uno de los que dejaron su teléfono, para agradecerles. Me cuesta muchas lágrimas. Pero es lo menos que puedo hacer por esa gente que nos apoyó”.


 


Después, Sergio me mostró en números la grandeza de la tele: “De tanto hablar en los medios, en la semana del 30 de mayo al 8 de junio, se pudieron hacer 66 transplantes, mientras que en los primeros 5 meses del año se habían hecho sólo 172. Eso demuestra que cuando vos le explicás a la gente cómo son las cosas, la gente entiende y se solidariza”.


 


Como televidente, sólo puedo decir: Gracias a la tele, ésa que en nos explica cómo son las cosas.


 

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