Boca y la magia de Riquelme

La hora de la verdad llegó y la sed de revancha se sació. Boca Juniors es el "Rey de copas" indiscutido. La clave pasó por un hombre con blindaje de gladiador llamado J.R. Riquelme.

La ciudad de Porto Alegre en Brasil se vistió de carnaval y con mucha ilusión esperó dar vuelta el resultado en contra que arrastró desde Buenos Aires... Sin embargo, se encontró con un duro e inteligente rival y se rindió a los pies del gran campeón de América, Boca. Justo y legítimo ganador de este nuevo título que lo depositó en lo más alto del fútbol mundial.

Pero este equipo y esta campaña tuvo un mentor que fue el eje principal de esta genuina consagración: Juan Román Riquelme.

Con su bajo perfil que lo caracteriza y su gran volumen de juego, el exitoso volante logró demostrar toda su fortaleza para lograr la gloria que vino a buscar al club de sus amores.

Román aguantó las críticas de su forma de juego y supo llevar a cuestas una mochila muy grande que cargó desde el Mundial de Alemania… a todos le demostró que su calidad y buen fútbol fue más grande que todas esas opiniones sin sentido que sólo expresan los mediocres cuando el que está en la vereda de enfrente le va bien.

También se habló de "azar, suerte, ayudas"… pero son palabras vacías de sentido, nada puede existir sin causa…



Ante las descalificaciones, el “Topo Gigio” siguió adelante, porque a los hombres fuertes les pasa lo que a los barriletes; se elevan cuando es mayor el viento que se opone a su ascenso

El volante xeneize llegó con una nueva esperanza que sintió y le hizo ver de manera distinta el pasado. Su virtud fue contagiar al resto de sus compañeros con su magia para alcanzar el máximo objetivo, después la obra la decoró él, como buen pintor de obras de arte.

No sólo este equipo argentino cosechó lo que sembró, sino que tuvo una columna vertebral muy sólida integrada por los dirigentes, cuerpo técnico y su fiel hinchada que lo siguió a todas partes… gracias a su confianza y seguridad  llevó otra vez su nombre a lo más alto del planeta.

La huella se agranda y la historia del club de La Ribera también, porque con las piedras que con duro intento los críticos le lanzaron, bien pudo erigirse un monumento para confirmar su imagen de líder y ratificar su reinado. ¡Salud campeón!

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