Bolivia en la encrucijada

*La Bolivia de Evo Morales está dividida entre dos aguas.
*El Altiplano vs. los llanos orientales.
* El analista internacional Claudio Fantini indaga sobre la Bolivia actual y la de ayer, en una nota exclusiva para minutouno.com.

El mapa de Bolivia volvió a resquebrajarse. Dos fuertes contendientes han comenzado a tironearlo y los vientos separatistas amenazan con volverse tormentas. La multitudinaria movilización opositora en Santa Cruz de la Sierra fue una señal contundente.


 


La dirigencia de las regiones de la medialuna próspera (Beni, Pando, Santa Cruz y Tarija) parecen dispuestas a enarbolar la bandera independentista si el presidente Evo Morales no acepta volver a la regla original de aprobación en la Asamblea Constituyente, y si rechaza la autonomía de las cuatro regiones de los llanos orientales.


Hasta la segunda mitad del siglo 20, la situación era al revés.


 


El Altiplano era la parte próspera de Bolivia, gracias a la minería y los elevados precios internacionales de los minerales que Bolivia poseía. Por el contrario, los selváticos llanos orientales eran la parte pobre y subsidiada del país.


 


Hoy, los yacimientos gasíferos y la pujante industria agropecuaria llevó la prosperidad al Oriente mientras que el colapso de la industria minera dejó pobreza, desocupación y una inmensa e inservible burocracia en el Altiplano. Esa costosa burocracia marca la diferencia con el costo que en su etapa pobre implicó el Oriente.


Sin duda, Bolivia padece una oligarquía de repugnante mezquindad social. Pero la pujanza económica de Santa Cruz tiene que ver con el desarrollo de una cultura económica y productiva avanzada y moderna.    


Evo Morales no se equivoca cuando denuncia que las elites de Beni, Pando, Santa Cruz y Tarija son oligarquías ultraconservadoras y racistas, que optarían por dividir a Bolivia con tal de defender sus intereses de clase. Pero se equivoca al confundir a todo el movimiento opositor oriental con esas oligarquías recalcitrantes. Se equivoca también al sostener que toda la riqueza de la medialuna se debe a los yacimientos.


 


Está claro que, en las últimas décadas, mientras el Altiplano seguía hinchando su burocracia y sin encontrar el camino del crecimiento económico sostenido; en Santa Cruz se multiplicaron las pequeñas y medianas industrias, sobre todo en el sector agropecuario, y se fue asentando una cultura productiva cuya eficiencia contrastó rápido y notablemente con el resto del país.



Ese contraste comenzó a profundizar la brecha entre las regiones. Y poco colabora a acercar posiciones la justificada sensación de que el presidente venezolano Hugo Chávez y la compañía petrolera PDVSA tienen puesta la mira en los yacimientos bolivianos. Aumenta la crispación la creciente presencia militar venezolana, y el discurso oficialista según el cual toda la pobreza de Bolivia se debe a la riqueza de las elites de la medialuna.



Sin duda, Bolivia padece una oligarquía de repugnante mezquindad social. Pero la pujanza económica de Santa Cruz tiene que ver con el desarrollo de una cultura económica y productiva avanzada y moderna. Sofocar ese empuje bajo un esquema unitario tendiente a subsidiar pesadas e inútiles burocracias, no mejorará en nada las tragedias sociales de Bolivia.


¿Tienen razón los Comités Cívicos de estas regiones al considerar que el referéndum les otorga la autonomía porque eso votaron sus respectivos habitantes?; ¿o tiene razón Evo Morales al señalar que el resultado del referéndum es el que surge de la totalidad de los votos bolivianos y no sólo de esas regiones?  


Respecto al debate sobre autonomía o centralismo, la complejidad deviene de las dos lecturas que pueden aplicarse al referéndum que se realizó sobre esos temas.


 


En el resultado de la totalidad de los votos bolivianos triunfó el rechazo al sistema autonómico; mientras que en Pando, Beni, Tarija y Santa Cruz de la Sierra ganó abrumadoramente la aplicación de un régimen de autonomías similar al que aplicó España tras la muerte de Francisco Franco, enterrando el centralismo castellanizante que impuso el dictador falangista.



¿Tienen razón los Comités Cívicos de estas regiones al considerar que el referéndum les otorga la autonomía porque eso votaron sus respectivos habitantes?; ¿o tiene razón Evo Morales al señalar que el resultado del referéndum es el que surge de la totalidad de los votos bolivianos y no sólo de esas regiones?



En términos institucionales, la razón es del presidente Morales. No obstante, la particularidad del pronunciamiento popular lo obliga a respetar el deseo de los orientales y abrir un diálogo con ellos.


Ese diálogo no va a ser fácil, porque en ambos bandos hay grupos altamente ideologizados y clasistas que prefieren a confrontación al entendimiento negociado, y entienden que efectuar concesiones equivale a perpetrar traiciones.


 


¿La solución?



Resulta urgente que los grandes países de la región, en especial Brasil, Argentina y Venezuela, impulsen un grupo de apoyo a la negociación en Bolivia. De lo contrario, seguirá creciendo en la brecha que separa el oriente del occidente el espectro del separatismo.


 


Sin embargo, en Buenos Aires y en Brasilia aún no hay conciencia de lo trágico que resultaría para Bolivia una confrontación entre regiones, y el efecto big ban que dicha crisis tendría en toda la región.

Dejá tu comentario