La hija de Dalmasso, marcada a fuego por la vida de su madre

En su cama encontraron el cadáver de su madre, desnuda con una soga al cuello y con la habitación alfombrada en perfecto estado .

Un sommier de una plaza, sábanas y acolchados de adolescentes (con colores pastel), una mesa de luz blanca con varios portarretratos, una biblioteca con carpetas del colegio, libros escolares y novelas; un armario con ropa juvenil, un botinero que está al tope de calzado, un escritorio con una PC adornada de stickers, una pared con fotos de sus amigas, amigos (alguno fue su novio) sus padres y de su hermano al que adora.

Y por supuesto su bolsa de palos de golf, esa que la identifica en el country. Porque además de ser una hermosa rubia adolescente de 17 años, es una muy buena jugadora de ese deporte que aprendió desde muy chiquita cuando salía a jugar con sus amigas por la cancha del country.

Valentina Macarrón, la hija menor de Nora y Marcelo, se crió en el mejor de los ambientes. Protegida del mundo exterior y acompañada de sus tías y tíos paternos y menos por la familia Dalmasso. Aunque tiene particular interés por sus abuelos Macarrón, a los que visita puntualmente en su campo cerca de Río Cuarto.

A pesar de la tragedia de haber perdido a su madre y del infierno que está viviendo su padre y su hermano ahora, Valentina siempre se mantuvo al margen. En enero de este año, cuando el caso estaba en pleno auge y nadie dejaba de hablar de Nora, ella estuvo en las sierras pasando las vacaciones con sus amigas.

Incluso cuando su madre fue asesinada, ella estaba en Nueva York participando de un intercambio cultural que promovió su colegio. Su padre le avisó por teléfono de la muerte de Nora y la fue a buscar a Ezeiza. Ella se mantuvo callada y apenas lo vio lo abrazó, lloraron juntos y muy pocas veces más hablaron del tema.

Su padre, recordando el episodio de la muerte de Nora, dijo que "ahora, Valentina duerme conmigo, en mi cama". Aunque a las dos semanas de lo sucedido, Valentina volvió a su habitación y se atrevió a dormir en el lugar donde su madre encontró la muerte. 

Desde que volvió de Estados Unidos se unió aún más a su padre, tanto que el mismo traumatólogo dice que el único momento en que sonríe es cuando entra en el living de la casa del country su hija Valentina y le pregunta: "Papi, ¿falta mucho? Tengo hambre".

Valentina trató de que la ausencia de su madre no afectara más su vida, aunque cuando estaba viva su relación no era la mejor. Si hasta dicen que cuando Valen (así la llamaba Nora) estaba en EE.UU, su madre no la llamaba; le mandaba mensajes de texto.

Aunque tiene un apellido muy nombrado en Río Cuarto y Córdoba, la rubia Macarrón siguió compitiendo en torneos de golf como siempre. Estuvo en el Abierto del Centro de la República en Villa Allende en el mes de abril, viajó a Tandil y Chacabuco para participar en dos abiertos y hasta se consagró bicampeona de la tradicional edición del torneo anual del Río Cuarto Golf Club. Lo ganó en mayo de este año.

En esos ambientes Valentina se mueve como pez en el agua y nadie la mira raro ni le señala con el dedo. Los club house de esos clubes están poblados de familias como la de ella que no quisieran estar en su lugar ni por un minuto. Asi que el golf fue uno de sus escudos mientras en los Tribunales se jugaba la suerte de su hermano.

A Facundo lo adora y así lo hace saber en su fotolog, un sitio de Internet donde sube a menudo sus fotos y muestra todos sus afectos. Aunque la página, misteriosamente, dejó de estar on line. Su hermano es “lo más” para Valentina, incluso ahora que el fiscal Di Santo lo imputó como responsable de la muerte de su madre.

 Su hermano es “lo más” para Valentina, incluso ahora que el fiscal Di Santo lo imputó como responsable de la muerte de su madre.

Aunque su nombre ahora figura también en el expediente pero a causa de una acción de su padre. Todo sucedió cuando su tío, Juan Macarrón, recibió hace unas semanas una llamada a su celular desde el número de Nora. Se asustó pero igual atendió. Y mayor fue su sorpresa cuando escuchó la voz de su sobrina. Días después, Juan fue al juzgado y se lo comentó a Di Santo.

Es que ese chip, por el que Valentina lo llamó, sería la causa por la que fue acusado el albañil Gastón Zárate de haber robado. Y ese chip se lo dio el propio Marcelo Macarrón a Valentina con un nuevo aparato Motorola 319 para que su hija se comunique de manera “segura”. Si lo sabe o no, la hija de Macarrón anda por ahí hablando con el número de su madre, como si eso fuera lo que su madre le dejó de herencia.

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