Chávez y Evo contra el Papa

Igual que los fundamentalistas musulmanes cuando Benedicto XVI invocó al emperador bizantino Manuel Paleólogo en un texto crítico a Mahoma, ahora el presidente de Venezuela denuncia una ofensa del Papa y le exige pedir perdón.

En el primer caso, el pontífice habló en su calidad de teólogo y durante una clase de teología dictada en la universidad bávara de Ratisbona; ergo no tenía por qué disculparse ya que, en el campo teológico, igual que en el filosófico, los desacuerdos deben generar refutaciones y debates, no amenazas ni exigencias de disculpas.

En este caso, durante su visita a Brasil Benedicto XVI sostuvo que la evangelización de Latinoamérica “no supuso en ningún momento una alienación de las culturas precolombinas, ni fue la imposición de una cultura extraña”.

En el mismo acto, el Papa advirtió sobre el autoritarismo que está creciendo en la región. Y a renglón seguido, vino el estallido de Hugo Chávez: “Su Santidad no puede venir a negar el holocausto aborigen”, dijo el exuberante líder caribeño, quién también exigió al jefe de la iglesia católica que ofrezca “una disculpa a los pueblos de nuestra América”.

¿Quién tiene razón en este duelo? Posiblemente, la posición de Chávez esté en lo cierto. Al fin de cuentas, la afirmación del pontífice se contradice con lo que denunció fray Bartolomé de las Casas al escribir su obra “Historia de la Destrucción de América”, así como también se contradice con el perdón en nombre de la iglesia efectuado por Juan Pablo II en ocasión del quinto centenario del descubrimiento de América.

De todos modos, también es posible que la verdadera causa de la indignación de Chávez sea la advertencia papal sobre el autoritarismo creciente en la región. Además, si algo ha caracterizado al presidente venezolano es su inmensa habilidad para estar en las tapas de los diarios generando confrontaciones. Y Rattzinger le regaló una oportunidad de oro al relativizar lo que fue una evangelización forzosa.

Pero esta no fue la única polémica que dejó el Papa a su paso por Brasil. El otro presidente que salió a enfrentarlo fue Evo Morales, quién le exigió decidirse entre hacer política y dedicarse a los asuntos religiosos.

El jefe de Estado boliviano tiene razón al señalar el límite entre la religión y la política, frontera que la iglesia suele transgredir. Pero también hay una porción importante de razón en el pronunciamiento eclesiástico que motivó la reacción de Evo Morales.

Durante la Conferencia Episcopal que inauguró el Papa en Brasil, el cardenal de Bolivia, Julio Terrazas habló de las “posturas revanchistas y la incitación a las confrontaciones y a la acción armada” que suscita el indigenismo en la región andina.

No es cierto que todos los grupos y organizaciones indigenistas inciten al revanchismo y a la confrontación; pero si lo es par el caso de varios movimientos, entre ellos el que lidera Felipe Quispe y forma parte de la alianza gubernamental de Morales en Bolvia.

Años atrás, en el marco de rebeliones del los pueblos aymarás, se produjeron linchamientos públicos de alcaldes, primero en la localidad peruana de Ilave, y después en la boliviana Ayo Ayo.

En ambos casos, los alcaldes fueron golpeados por turbas con palos y piedras hasta morir. En Ayo Ayo, ochenta kilómetros al norte de La Paz, cuando el linchado agonizaba en la calle fue quemado vivo.

Frente a semejantes hechos, perpetrados en virtud de antiguas leyes pre-incaicas, ni el movimiento de Felipe Quispe ni el partido de Evo Morales se pronunciaron en repudio de tales acciones o exigieron acatar las leyes actualmente vigentes.

En síntesis, en el duelo que se desató entre el Papa y los presidentes de Venezuela y Bolivia, la razón se reparte entre las posiciones enfrentadas.

Lo que se verá a continuación es si constituye una controversia aislada, o si la iglesia aspira a constituirse en el factor de contención de los liderazgos de Chávez y Morales, llenando el vacío que al respecto han dejado los demás gobiernos del área.

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