Cómo jugar al fútbol después de los 30 y no morir en el intento
*Un partido amateur con amigos puede resultar complicado para la salud si no se realizan los chequeos necesarios.
*Un deportólogo explica qué hay que hacer para evitar problemas.
Se reúnen una vez por semana. O dos. O tres. Amigos de la oficina, de la vida, clientes y compañeros de trabajo organizan encuentros de fútbol amateur para descargar tensiones y por qué no, para sentirse un número ocho, un dos, o un diez, por una hora, hora y media.
Muchos lo hacen porque son deportistas, otros porque son aspirantes a deportistas, algunos caraduras que no se intimidan por un estado físico deplorable, pero todos quieren lo mismo: divertirse y pasarla bien. Y eso, después de los treinta y pico, cada vez cuesta más. Es que el fútbol amateur tiene beneficios pero también riesgos para los adultos.
Así aparecen espaldas y cinturas molestas, raspones varios, y huesos doloridos, entre otras secuelas, que se vuelven más frecuentes después de los 30. ¿Por qué cuando se cruza esa barrera, jugar un partido de fútbol entre amigos sin sufrir las consecuencias del desgaste físico parece una hazaña?
"Sin preparación física, no hay beneficios. Hay recreación, liberación de energía y actividad social, pero como actividad de adaptación que mejore las cualidades biológicas para prevenir enfermedades cardio-coronarias o bajar factores de riesgo, ninguna", asegura Mazza.
Para practicar deporte, cualquiera sea, después de los 30 años, la recomendación del especialista es “consultar a un deportólogo, entrenar, seguir pautas de nutrición e hidratación y jugar un partido por semana de una hora”. "Para jugar noventa minutos o dos veces por semana, hay que hacer una evaluación más específica y un entrenamiento más riguroso aún", agrega.
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