La Selección cambia de ciudad pero no de fieles seguidores
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Por Télam
Con la misma pasión que la gente de Maracaibo recibió al seleccionado argentino, los fanáticos de Barquisimeto, lugar donde el conjunto de Alfio Basile jugará este jueves ante Paraguay por el Grupo C, permanecen estoicamente tras una baranda para ver a los jugadores.
Como es habitual en esta Copa América, los micros rojos que trasladan a los seleccionados desde sus hoteles van acompañados por un séquito de personal de seguridad, que incluye policías en motos abriendo camino y detrás varios autos de la misma fuerza, junto al Grupo Táctico Especial (GTE).
Cuando la "fanaticada" escucha el ulular de las sirenas comienza el show de celulares y máquinas de fotos, y apenas el enorme colectivo asoma por una de las calles, ahí se arremolinan y apretujan en el portón de entrada, ante los azorados policías que miran la acción sin entender mucho.
Todo esto se potencia el día del encuentro que deba jugar Argentina, porque a la custodia habitual se suma un helicóptero que sobrevuela al vehículo que transporta a los futbolistas, y entonces se producen unos monumentales embotellamientos de tránsito porque la policía corta la circulación vehicular para que pasen los futbolistas.
Argentina será local en Barquisimeto, de eso no queda duda, y la prueba está en la gran cantidad de camisetas albicelestes que se ven por las calles de esta ciudad que, al decir de los lugareños, tiene a automovilistas "menos locos" para manejar que los de Maracaibo.
Los Barquisimetanos, o "guaros", apodo que llevan con hidalguía, están más que orgullosos de que su cálida ciudad, de buen clima y hermosas mujeres, sea sede para una competencia de tamaña envergadura como lo es la Copa América.
Con una temperatura mucho más agradable que el "horno" de Maracaibo, la ciudad de Barquisimeto, tercera en importancia, recibió al equipo de Basile con los brazos abiertos, y la mayoría de sus habitantes, además del amor por su selección, quieren que Argentina salga campeón.
Hospitalarios, sin prejuicios, con el ritmo de salsa brotando por sus poros, los "guaros" se jactan de que en la ciudad hay cinco mujeres por cada hombre. Y si se guía por la belleza femenina, esto debería ser el paraíso. Y no por la Copa América precisamente.
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