Córdoba y las razones que explican la sospecha de fraude que salió de la urna

*Demasiados hechos turbios confluyeron dando lógica a la inmensa duda que dejó el triunfo del oficialista Juan Schiaretti sobre el opositor Luis Juez.
*Igual que en Santa Fe, el kirchnerismo salió golpeado de las urnas.

El fantasma del fraude quedó flotando sobre Córdoba. La denuncia con que Luis Juez acompañó el tramo final del pasmoso y turbio escrutinio, no parece el simple pataleo de un mal perdedor sino la sensación que se adueñó del periodismo y de buena parte de la población.

Ocurre que una serie de oscuros acontecimientos confluyeron para alimentar esa sospecha. ¿Cómo explicar que la elección del resultado más parejo de la historia de Córdoba, haya tenido durante las siete primeras horas del escrutinio el resultado más desparejo de todas las elecciones vividas?

Por cierto, hay una explicación obvia: durante esas larguísimas horas, con los cordobeses siguiendo el conteo de votos a través de la radio y la televisión, Juan Schiaretti mantuvo una distancia de 25 puntos por encima de Luis Juez, porque el Correo Argentino abrió primero todas las urnas del interior donde los bocas de urna anunciaban un cómodo triunfo oficialista.

Recién en la alta madrugada empezaron a computar los votos efectuados nada menos que en la ciudad de Córdoba y en los departamentos más cercanos a esta capital, Colón y Punilla, donde el triunfo opositor era rotundo.

Esta extraña forma de conteo ¿fue una  desafortunada casualidad?

Es por lo menos lógico suponer que pudo ser una estrategia  para, por un lado, instalar la idea de que ganó Schiaretti, y por otro dejar para las horas donde la gente duerme y el periodismo baja la guardia la apertura de las urnas donde claramente ganaba Juez, tal vez con el objetivo de realizar la manipulación imperceptible que, en ese cerradísimo final, vuelque a favor de uno lo que estaba a favor del otro.

No se trata de afirmar que fue esto lo que pasó, sino de entender el tamaño de la sospecha que, como un oscuro hongo atómico, desencadenaron las urnas por la forma extraña en la que fueron abiertas.

Si la razón inmediata de la sospecha está en el exageradamente lento conteo de votos extrañamente ordenados para tal contabilidad, la razón mediata tiene su raíz en el visceral odio mutuo que ostentaron el gobernador José Manuel de la Sota y el intendente Luis Juez, quien pasó de ser su eterno colaborador a su más enconado rival.

Si algo explica por qué Juez sacó tantos votos en la capital provincial a pesar de que su gestión municipal no fue para nada destacada, tal vez sea la repulsión que causó a los cordobeses el hecho de que el gobernador castigara a su archienemigo obstaculizando desde la Provincia la administración de la ciudad. O sea que, para castigar al intendente que lo ametrallaba con insultos, el gobernador castigó a todos los habitantes de la capital.

Otra de las razones que explican la sospecha tiene que ver con el rol del kirchnerismo en estas elecciones.

Cómo ha hecho en otros rincones del país, el presidente apostó a dos puntas, poniendo fichas en Juez y también en De la Sota y su candidato Schiaretti.

Un sector del kirchenirmo, encabezado por Patricia Vaca Narvaja, mantuvo su apoyo a Juez basado en identidades y principios; pero otra parte del kirchenirsmo movió fichas claves y no tan claras a favor del delasotismo.

Cuando el polémico secretario de Transporte de la Nación, Ricardo Jaime, desembarcó en Córdoba para sellar con De la Sota el acuerdo electoral por el cual el kirchnerista Héctor “Pichi” Campana (un ex astro del básquet que en la política agotó en tiempo récord su credibilidad) se convirtió en el compañero de fórmula de Scharetti.

A renglón seguido desembarcaron esas encuestadoras cuyos números siempre gratifican por demás al gobierno nacional, y empezaron a difundir sondeos según los cuales el candidato de De la Sota aventajaba largamente a Juez.

Paralelamente hacían lo mismo en Santa Fe, donde trataron de consolidar la idea de empate técnico entre el kirchnerista Rafael Bielsa y el socialista Hermes Binner, tal como lo habían hecho tiempo atrás en Misiones para favorecer a Rovira, y en Tierra del Fuego para evitar el triunfo de la candidata del ARI.

Otro posible indicio tiene que ver con que el Correo Argentino, la entidad donde ocurrió la larga demora del conteo y la desopilante ordenación de los datos que se hacían públicos, está controlado por el funcionario kirchnerista Eduardo Di Cola.

De este modo, los hechos convergen dando lógica (aunque no certeza)
a la siguiente lectura de lo ocurrido:

Consciente de que si su archienemigo Juez llegaba a gobernación lo pondría en un calvario de investigaciones sobre presuntos hechos de corrupción ocurridos en su gestión, el gobernador saliente, José Manuel de la Sota, estrechó con el sector del kirchnerismo en el que está Ricardo Jaime una alianza menos clara pero más fuerte que la que, por afinidades políticas, entabló Patricia Vaca Narvaja con el juecismo.

En ese marco, primero a través de las encuestas y luego (ya frente a la sorprendente paridad que presagiaban los sondeos boca de urna) a través de una maniobra turbia fraguada entre el cierre del comicio y el amanecer del día siguiente, se favoreció a la fórmula delasotista-kirchnerista de Schiaretti y Campana.

¿Es posible afirmar que así ocurrieron las cosas? No. ¿Es lógico sospechar que algo así pudo haber ocurrido? Si. Y esa lógica es la que explica el fantasma de la duda que puso a Córdoba bajo su sombra.

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