Crece la distorsión de precios relativos: más interrogantes
Escribe Dante Sica (*)
Pero estas iniciativas resultan, sin embargo, insuficientes, dada la magnitud de las distorsiones existentes, y especialmente teniendo en cuenta el inadecuado enfoque adoptado, el cual ha apuntado sólo a las consecuencias y no a las causas de los desequilibrios, adoptando medidas de una manera descoordinada y con los instrumentos menos recomendables, con una mala implementación y una peor comunicación.
Así, las distorsiones existentes requieren, a esta altura, mucho más que medidas aisladas. En cambio, hace falta un replanteo general del esquema actual de política económica, que necesariamente deberá comenzar por diseñar una estrategia que contemple todos los factores que hoy explican el aumento sostenido de los precios. Es que podría resultar infructuoso –e incluso riesgoso- intentar compensar la pérdida de competitividad a través de una aceleración del ritmo de devaluación del tipo de cambio oficial, si no se resuelven antes otras cuestiones como el creciente financiamiento del déficit con emisión monetaria. Y lo mismo si no se lleva a cabo un ajuste de las tarifas energéticas, dado que en este caso se agravarían en lugar de mejorarse los desbalances, especialmente el déficits fiscal, al encarecer las importaciones de combustibles, y con esto, requerir mayores subsidios. Obviamente, resulta impensado dar una solución al mercado cambiario paralelo si no se enfrentan antes los desequilibrios que dan lugar a su existencia.
Es claro que hasta octubre el gobierno no modificará el rumbo de sus decisiones para conducir la economía. Pero, ¿qué podemos esperar después? A primera vista suena poco probable un escenario donde la actual gestión elija un sendero que signifique una importante corrección en el rumbo actual. Primero, porque todas estas medidas implican costos (políticos y económicos) altos sin beneficios tangibles en el corto plazo, y máxime dad la baja credibilidad del gobierno. A lo que se suma también el hecho de que su poder político (de confirmarse las encuestas que adelantan un resultado ajustado para el oficialismo) sería menor tras las elecciones, restando capacidad de maniobra para implementar los cambios necesarios.
En este contexto, lo más probable es que se observen algunas medidas, como un ajuste en las tarifas energéticas, o una depreciación más acelerada del peso (como sucedió en los pasados meses), pero siguiendo la regla de hacerlo sin una mirada integral. Y manteniendo un esquema de elevada intervención, tanto sobre la macro como sobre la micro. Con estas iniciativas, las autoridades podrían "comprar" algo de tiempo, pero las correcciones no serán suficientes para resolver los desequilibrios existentes. Mientras tanto, el tiempo seguirá corriendo. Y cuánto más se demore la política económica, mayor el riesgo de que el ajuste se materialice de forma abrupta y desordenada.
(*) Economista, director de la consultora Abeceb
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