Cristian Fabbiani: de Shrek a Buzz Lightyear

* El jugador de River ya no es un "Ogro" y se convirtió en héroe gracias al carnaval mediático que se desarrolla a su alrededor.
* La novela de su pase hacía prever que, ante el primer gol, la prensa lo convertiría en el héroe salvador del equipo.

Hasta hace un par de semanas Cristian Fabbiani era un jugador de fútbol hábil, díscolo, cabrón, mal padre y medio botarate. Pero bastó que se pusiera la camiseta de un desesperado River Plate para pasar de ser un ogro como Shrek, por su mal carácter y su voluminosa figura, a transformarse en Buzz Lighytear, el paladín del espacio de Toy Story, un héroe que todo lo puede y en el que sus kilos de más son músculos bien ubicados.

La novela de su pase que entretuvo a los medios deportivos durante medio verano, hacía prever que, ante el primer gol de Fabbiani, la prensa lo convertiría en el héroe salvador. 

Gracias a los minutos que jugó la semana y el domingo pasados en River, nada despreciables si se tiene en cuenta que el equipo de Nuñez ganó los dos partidos tras su ingreso, ya nadie se acuerda de la descalificadora patada de atras que le propinó a Daniel Bilos en un lejano partido de agosto de 2005 entre Lanús y Boca. Fabbiani fue de atrás, tomó carrera y voló para cruzar muy mal su pierna derecha contra la de Bilos. Fue expulsado y suspendido por cuatro fechas, todo un récord para el Tribunal de Disciplina argentino.

Tampoco viene al caso recordar que Ramón Cabrero, el sensato ex técnico de Lanús, prácticamente lo echó a patadas del club del Sur bonaerense cansado de sus caprichos y luego de que Fabbiani se hiciera expulsar tontamente en varios partidos. Por eso, el delantero tuvo que "exiliarse" en un desconocido club de Rumania.  

También parecen lejanos los días en que la ¿modelo? Amalia Granata lo acusara de no atender a su hija ni pasarle alimentos luego de la fallida experiencia matrimonial vivida en Bucarest, donde ella lo acusó de encontrarlo teniendo sexo con una amiga que los visitaba, lo que habría sido una excusa para "sacársela de encima". Poco importa si todo esto es cierto o no para esta nota, sino recordar las peleas mediáticas, con insultos incluidos, de las que ambos parecían disfrutar.

Un poco más acá en el tiempo, a Fabbiani no pareció importarle jugar sin cobrar mientras una dirigencia probadamente corrupta manejaba los hilos de Newell's Old Boys, pero cuando asumió una nueva conducción con aires de renovación y limpieza, se puso firme y exigió todo lo adeudado.

Y sólo hace unos días, Fabbiani confesó que "sería algo espectacular jugar en Independiente. Qué jugador no querría jugar un club como ese". Días después, tenía todo arreglado con Vélez, pero dejó plantada a la dirigencia del club de Liniers para firmar el contrato aduciendo que la noche anterior la almohada le había dicho que mejor no firmara. Claro que el rumor dice que además de hablar con la almohada se comunicó con un dirigente de River.

Ahí se terminó la novela del pase, y comenzó la película del héroe con todos los medios como guionistas y las tapas de los diarios y suplementos como marquesinas. De los serios y de los otros. Los hinchas de River deliran y hasta se animan a pedirlo en la Selección, claro que, como Diego Maradona es de Boca, deben tener pocas esperanzas.

Yo también soy de Boca y espero que, por el bien del Ogro y del fútbol argentino, siga el idilio entre la hinchada y el jugador y, como pasó tantas veces, el ser grandote no se convierta en "es un gordo de mierda", su garra no se transforme en expulsiones y su picardía no deje paso a "a este pelotudo siempre lo agarran bajandolá con la mano". El fútbol mundial está lleno de esos ejemplos. 

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