La crisis de los equipos grandes en el 2012

Deportes

Boca, River, Independiente, Racing y San Lorenzo tuvieron un año para el olvido tras malos resultados, conflictos internos, cambios de técnicos y la violencia de la barrabrava.

El fútbol argentino vive en gran parte de ellos. Son los que marcan el rumbo por la historia y popularidad. Boca, River, Independiente, Racing y San Lorenzo atravesaron un mal año y, en algunos casos, el futuro no es muy alentador. Sin títulos, sin una idea de juego, lejos de los objetivos esperados, apremiados por el descenso, crisis institucional y económica, y acechados por la violencia de las barras son los problemos de los cinco clubes grandes en este 2012.

1- Boca, entre los conflictos internos y los malos resultados

Boca sintió la primera turbulencia justo en el ansiado regreso a la Copa Libertadores. Fue en Venezuela, en el 0-0 con Zamora, donde se profundizó la grieta entre Julio César Falcioni y Juan Román Riquelme.

El segundo desencuentro fue en San Pablo, nada menos que en la final de la Libertadores, frente a Corinthians, donde Riquelme tomó la decisión de irse de Boca tras la derrota. Dijo "sentirse vacío". La verdad fue que ya no podían verse las caras. La gente marcó a Falcioni. Poco importó la conquista en la Copa Argentina, ante Racing, y sí se tomó en cuenta la rápida eliminación en la Copa Sudamericana, contra Independiente, y la caída con Arsenal, por la Supercopa. En los torneos locales, dos campañas de 33 puntos cada una lo dejaron a medio camino.

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Cada tanto sobrevoló el recuerdo de Riquelme y, cuando Angelici le ofreció la renovación de contrato a Falcioni, el Nº 10 apareció públicamente y gritó sus diferencias con ambos. Dos puertas se cerraron al mismo tiempo. Primero, la del futbolista, que antes había dicho estar a disposición de Boca. Segundo, tras el rugido de la Bombonera contra el DT en el éxito ante Godoy Cruz por 2-1, Angelici se echó para atrás y soltó al entrenador, paso que abrió el regreso de Carlos Bianchi.

2- River volvió a Primera, pero sin paz

River pareció moverse siempre en puntas de pie. Ya a principios de año se hablaba de la desestabilización de Matías Almeyda. Si hasta trascendió un encuentro entre el presidente Daniel Passarella y el DT Miguel Ángel Russo. Por si acaso, dos referentes, Fernando Cavenaghi y Alejandro Domínguez, avisaron que no tolerarían la salida del técnico. Les costaría caro más adelante, pero, ya con David Trezeguet en el plantel, siguieron en el equipo. El ascenso fue trabajoso. River se consagró campeón en la B Nacional, pero nunca llegó la pacificación. Ni lo disfrutó. Cavenaghi y el Chori Domínguez tuvieron una salida desprolija. Almeyda asumió la responsabilidad, pero se dijo que Passarella les había bajado el pulgar mucho antes. No hubo demasiados refuerzos y la reambientación en primera no pareció tan sencilla.

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Los hinchas nunca le perdonó a Passarella el descenso, y lo insultó cada vez que pudo. Incluso con victorias, el Monumental estalló contra el dirigente. Al final, con las idas y venidas, incluido el 2-2 con Boca, que empató sobre la hora después de que River ganaba 2-0, Passarella despidió a Almeyda. Fue antes del partido con Lanús, por la 18° fecha. Trezeguet, que horas antes se había reunido con el Káiser, fue acusado de traidor por un sector de la hinchada, que hasta colgó banderas en contra del francés. El atacante tampoco se salvó de la irregularidad: apenas hizo un gol y, entre lesiones, se dudó de su estado físico y hasta de la continuidad. Los problemas personales y los constantes viajes a Mónaco le restaron oportunidades.

Pese a que no lo tenía entre los preferidos, Passarella se rindió ante la presión de la hinchada y contrató a Ramón Díaz, que parece le cambió el aire a River, al menos, hay más tranquilidad.

3- Independiente, en caída libre

Ya en el primer amistoso del verano, frente a San Lorenzo, en enero, la barrabrava le avisó al flamante presidente de Independiente, Javier Cantero, todo lo que vendría durante el año. Esa noche, en Mar del Plata, los insultos y los agravios a los demás hinchas empezaron a lastimar a un club devastado. Hoy, como en una línea prolongada de ese comienzo, se mantiene en la incertidumbre, en los puestos del descenso y con la gente en tensión permanente.

Cuando asumió, Cantero mantuvo en el cargo a Ramón Díaz. No era uno de sus favoritos, pero quiso respetar el vínculo del riojano, que, al final, se fue por un mal comienzo en el Clausura 2012. El gusto popular, incluso el de Ricardo Bochini, actualmente asesor, pidió a Américo Gallego, que, entre suspicacias, rechazó la propuesta. Si hasta el Tolo había inhibido al club... Los aceptables partidos bajo la conducción del entrenador de la reserva, Cristian Díaz -ganó los clásicos con Boca por 5-4 y con Racing por 4-1-, le valieron la confirmación y, acaso en uno de los errores que se le subrayan a Cantero, la extensión del vínculo.

La presión de la barrabrava se mantuvo constante. En la cancha o fuera de ella. Cantero fue encerrado por 30 violentos en su oficina, en mayo, y, en un marcha en la sede de Avellaneda, en junio, hasta discutió cara a cara con Pablo "Bebote" Álvarez, que llevó puesta una máscara de Frankenstein.

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Finalmente, Cristian Díaz se fue y, a principios de agosto, por fin dio el sí Gallego. El entusiasmo duró poco. Salvo por una racha en la Copa Sudamericana -luego quedó eliminado ante Universidad de Chile- y de tres éxitos seguidos en el Inicial, el Rojo nunca levantó la vista. Los peores momentos fueron frente a Belgrano, en Avellaneda, donde el partido se suspendió antes de que empezara el segundo tiempo por una agresión con bombas de estruendo al arquero Juan Carlos Olave, y en la fecha final, en el 2-2 con Colón, tras el que los socios perdieron la paciencia y colmaron el hall del estadio Libertadores de América. Se cuestionó a los jugadores, al técnico y hasta la política de contratación de los dirigentes, ya que llegaron futbolistas de mucha experiencia y arreciaron las lesiones. El Rojo está en zona de descenso y los próximos seis meses pondrá en juego su historia.

4- Racing empezó mal y terminó bien


Ni los hinchas de Racing más pesimistas se habrían imaginado que el regreso de Alfio Basile, un emblema del club, iba a durar apenas cuatro meses. El escándalo que marcó a la Academia se desató después de la goleada sufrida ante Independiente por 4-1, en abril. Es cierto que la tensión estaba acumulada dentro de un plantel que no conseguía buenos resultados, pero en el vestuario visitante del Libertadores de América se encendió la brasa que faltaba. Fue justo Teófilo Gutiérrez, el futbolista que Coco dijo que haría 15 goles bajo su mandato, el que salió expulsado. Cansados por las repetidas irresponsabilidades y gestos individualistas, y encabezados por Sebastián Saja, los jugadores increparon al colombiano, que, desesperado, sacó un arma en el vestuario. Se dijo que era de juguete, pero luego algunos deslizaron lo contrario. Tan desencajado quedó que se fue del estadio solo y en taxi. De más está decir que, horas después, el 14 de abril, Basile renunció al cargo. Teo, en tanto, jugó la Copa Libertadores para Lanús y después volvió a Colombia, donde firmó en Junior.

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La gente dudó por el flojo momento del plantel y porque los márgenes en los promedios empezaron a achicarse. Ninguno quiso repetir viejas experiencias. Los dirigentes apostaron por alguien ajeno al club: Luis Zubeldía, de 31 años. El ambiente se descomprimió sin Teo, pero igual los éxitos se demoraron en el torneo local. En cambio, llegó a la final de la Copa Argentina, pero perdió el título con Boca.

Si bien se encarriló y fue uno de los animadores en el torneo Inicial, Racing quedó eliminado muy rápido de la Copa Sudamericana (con Colón). En cuanto al grupo, y pese a la aparición y a la cotización de juveniles con el talento y el empuje de Ricardo Centurión, Luciano Vietto y Bruno Zuculini, se le cuestionaron a Zubeldía algunos de los refuerzos más costosos, sobre todo, José Sand, Mauro Camoranesi y Javier Cámpora. Dentro del campo, y aunque ganó muchos partidos, a la Academia le costó demasiado ser protagonista y ganar los encuentros decisivos. Racing, todavía, está buscando el estilo que pretende Zubeldía, y el próximo Torneo Final puede ser el de la confirmación.

5- San Lorenzo encontró el rumbo en el final

San Lorenzo apenas pudo mejorar en la parte final de este año.
Pero no habrá que saltearse los principales datos para entender el relato. Luchó y sufrió en busca de la permanencia, algo que consiguió gracias a la abrupta caída de Banfield, que se fue al descenso directo, y tras haber sorteado a Instituto, en la Promoción. Lo logró de la mano de Ricardo Caruso Lombardi, que calentó el clima en cada una de sus múltiples apariciones mediáticas. Si hasta se peleó ante las cámaras con Fabián García, ayudante de campo de Leonardo Madelón, antecesor en la dirección técnica.

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De a ratos, nada pareció salirle bien. Alcanzará con recordar el gol que le valió el empate a Colón (1-1) sancionado por Diego Abal, pese a la insólita posición adelantada de Ariel Garcé. Todo fue cuesta arriba, a pesar de que, en cierto modo, no hubo tantos vaivenes como antes en la relación entre los jugadores, que se unieron en los peores momentos. Eso sí: habrá que subrayar la tirante relación que sostuvieron Caruso Lombardi y el uruguayo Carlos Bueno, decisivo en la última parte de la campaña.

Las idas y venidas dirigenciales fueron constantes y, cuando muchos hablaban de acefalía y hasta de "Golpe de Estado", renunció el presidente Carlos Abdo. El club quedó bajo la conducción de Matías Lammens y por fin apareció el hombre fuerte que pidió la gente: Marcelo Tinelli, que, aunque con un cargo de vicepresidente, tomó la batuta. El empresario por primera vez metió mano en los temas políticos del club y hasta logró lo imposible: la vuelta de San Lorenzo a Boedo. Por fin encontró algo de calma institucional y deportiva, sustentada por un par de buenos resultados tras la llegada de Juan Antonio Pizzi como DT.

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