Eslovenia no fue medida para la despedida de una Selección sin equilibrio
Con algunos ratos de buen juego y las mismas desatenciones defensivas de siempre, el equipo de Sabella ganó justamente, aunque tendrá varias cosas por mejorar.
Argentina le ganó a Eslovenia en el último partido preparatorio antes del debut en el Mundial de Brasil y si bien el encuentro fue en su mayor parte anodino y los rivales nunca llegaron a inquietar a la Selección, la presentación albiceleste dejó algunos puntos para el análisis.
En la primera etapa fue para preguntarse si valía la pena jugar este tipo de partidos. Es cierto que es necesario el rodaje para llegar al debut con minutos de fútbol, sobre todo de aquellos que no juegan habitualmente, pero la exposición al juego por momentos excesivamente brusco de Eslovenia, parecía por momentos un precio demasiado alto para pagar.
Por otra parte el elenco de Sabella, durante la primera etapa no pudo poner a prueba sobre el terreno un esquema estratégico que le permitiese evaluar alternativas.
Jugando con un solo delantero neto (Lavezzi); que incluso de a ratos se tiró un poco atrás para ofrecer una recepción abierta, quedó como como saldo positivo la movilidad y el intento de desequilibrio permanente de Ricky Álvarez y la firmeza de Mascherano, tanto cuando arrancó como segundo marcador central al estilo de lo que hace en el Barcelona, como cuando volvió a su lugar habitual en el medio ante la salida de Biglia.
Para la preocupación en cambio, nos fue quedando la evidente falta de fútbol de Romero, demasiado impreciso a la hora de actuar con los pies; la fragilidad de Fernández y la peligrosa desatención de Rojo, más ocupado por atacar que por cuidar su sector.
Los eslovenos son un equipo rústico, duro, fiel reflejo del más acérrimo estilo europeo, pero sin perfil suficiente siquiera para inquietar a este conjunto nacional despojado de sus máximas figuras.
Hasta que a los 11 del segundo tiempo, Sabella puso en el terreno un equipo más parecido al que seguramente jugará en el debut ante Bosnia. Con Agüero, Messi y Di María en cancha, pudimos ver algunas pinceladas de lo que puede ser la sociedad entre estos tres jugadores desequilibrantes sobre los que se apoyan, junto a Higuain, las mayores esperanzas.
Es cierto que los eslovenos bajaron el nivel de "rudeza" de sus intervenciones, pero las muestras de entendemiento entre los "fantásticos" de arriba y la joyita que construyeron en el segundo gol, hizo olvidar fácilmente lo soporífero anterior.
Ganó Argentina, se despidió con triunfo de su gente y nos quedó prendida la ilusión, más que por lo que se vio, por todo lo que imaginamos que puede suceder a partir del domingo.
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