El "Topo Gigio" de Riquelme a Macri cumple 25 años: el gesto que marcó una época en Boca
Aquel festejo del actual presidente del Xeneize en el Superclásico de 2001 trascendió el resultado y se convirtió en un símbolo de rebeldía, conflicto y despedida anticipada.
Hay escenas que atraviesan generaciones y quedan grabadas para siempre en la memoria del fútbol. Una de ellas tiene como protagonista a Juan Román Riquelme, quien un 8 de abril de 2001 protagonizó uno de los festejos más emblemáticos de la historia de Boca. Aquella noche, en un Superclásico inolvidable ante River, el enganche no solo brilló dentro de la cancha, sino que dejó una imagen que todavía hoy sigue dando vueltas por el mundo: el famoso Topo Gigio mirando al palco.
El contexto no era uno más. El Xeneize atravesaba una etapa dorada bajo la conducción de Carlos Bianchi, acumulando títulos locales e internacionales, con Riquelme como eje futbolístico. Sin embargo, detrás de ese éxito deportivo, comenzaba a gestarse un conflicto cada vez más evidente entre el jugador y la dirigencia encabezada por Mauricio Macri.
La tensión tenía un origen claro: una disputa contractual. El mediocampista entendía que su salario no estaba acorde al rol que cumplía dentro del equipo, mientras que desde el club se sostenía que el vínculo vigente debía respetarse. En ese ida y vuelta, la relación fue deteriorándose hasta llegar a un punto de quiebre. El partido ante el Millonario fue el escenario perfecto para exteriorizar ese malestar.
La camiseta azul y oro ya ganaba y dominaba el encuentro cuando, promediando el segundo tiempo, el por ese entonces joven que había heredado el número 10 de Diego Maradona ejecutó un penal que fue atajado por Franco Costanzo, pero aprovechó el rebote para marcar el segundo gol. A partir de ahí, ocurrió lo inesperado.
El Topo Gigio, el festejo de Riquelme que quedó en la historia de Boca
Lejos de celebrar con sus compañeros o con el público, el “10” corrió hasta la mitad de la cancha, se detuvo y realizó un gesto tan simple como contundente: se llevó las manos a las orejas y quedó inmóvil mirando hacia el palco oficial. El mensaje tenía un destinatario claro. Era una respuesta directa a la dirigencia, un reclamo público en medio de una fiesta futbolística.
Cuando terminó el partido, intentó bajarle el tono con una frase que quedó en la historia: “El festejo es para mi hija, porque le gusta el Topo Gigio”. Nadie dudó de que se trataba de una ironía cargada de significado. La grieta ya era inocultable. Aquel gesto no solo se convirtió en una marca registrada de Riquelme, replicada en distintas partes del mundo, sino que además marcó el inicio del final de su primera etapa en el club de la Ribera.
Con la relación completamente desgastada y en medio de la implementación de un “techo salarial”, su salida se volvió inevitable. Poco tiempo después, el Barcelona de España ejecutó una transferencia récord para el fútbol argentino y se llevó al enganche, poniendo punto final a un ciclo que había sido tan exitoso como conflictivo en sus últimos capítulos.
A 25 años de aquella noche, el Topo Gigio sigue siendo mucho más que un festejo. Es la síntesis de un estilo, de una personalidad y de una época en la que el talento convivía con la rebeldía. Un mensaje sin palabras que todavía resuena en la historia grande del fútbol argentino.
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