Liverpool desperdició una goleada y le regaló la Premier League al Manchester City

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Los "Reds" de Luis Suárez vapuleaban al Crystal Palace pero en diez minutos le empataron el partido, resultado que frustró las aspiraciones de un equipo que no depende de sí mismo para ser campeón.

Luis Suárez llora desconsolado. Steven Gerrard, con los ojos humedecidos, intenta consolarlo pero será en vano. Al Liverpool se le había escurrido una goleada en efímeros diez minutos, un vacío que reemplazó la sensación de que el sueño de la Premier League se desvaneció completamente en el último grito de Dwight Gayle. Los "Reds" han edificado méritos suficientes para quedarse con el título inglés, el primero después de 24 años, con un plantel insignificante en comparación con la inversión y las estrellas que disfrutan el Manchester City y el Chelsea.

Joe Allen, Daniel Sturridge y Luis Suárez (máximo goleador de la Premier League con 31 dianas) habían adelantado al Liverpool en Selhurst Park, un escenario completamente desfavorable frente a un equipo que desde el desembarco de Tony Pullis ha enarbolado las banderas de su fortaleza defensiva para convertir su arco en un solar prácticamente inexpugnable.

El elenco de Rodgers aprobaba una demostración de carácter, un examen que debía rendir después de la derrota frente al Chelsea de José Mourinho, una derrota que había trastocado los planes de un equipo que desde esa tarde no depende de sí mismo para ser campeón, un cachetazo a la ilusión. Una fatalidad que afectó a Steven Gerrard, el hombre que aunó a toda Inglaterra en una misma conclusión: el capitán y emblema de Anfield Road, ese héroe que desechó innumerables ofertas para emigrar, merecía ganar su Premier League.

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Una semana después, Liverpool derrotaba al Crystal Palace por 3-0, se recuperaba del traspié y atizaba el sueño de "The Kop". Faltaban diez minutos y el objetivo era estirar la ventaja para reducir el handicap del Chelsea en un posible desempate. Damien Delaney acortó distancias cuando faltaban diez minutos. Calma, nada podía pasar. Pero Dwight Gayle se disfrazó de villano y empató el partido en una ráfaga. Un empate con sabor a derrota, aunque los "Reds" aún son punteros, apenas por un punto respecto al Manchester City pero con un partido más.

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La frustración de un pueblo que nunca abandona a su equipo se resume en las lágrimas de Luis Suárez.

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