Las locuras de Marcelo Bielsa según pasan los años
Su nuevo conflicto con el Athletic Bilbao sorprendió a España. Pero no es la primera vez que el ex DT de la Selección marca su impronta.
Otra de las anécdotas disparatadas del DT argentino es que una vez, durante una concentración con Seleccionado chileno, se lo pudo ver en plena madrugada clavando maderas alrededor del campo de juego para evitar que los periodistas pudiesen ver la práctica al otro día.
Con respecto a su relación con los jugadores, la mayoría de los que alguna vez fueron dirigidos por él tienen el mejor recuerdo, pese a considerarlo un hombre difícil de tratar. Tal es el caso de José Luis Chilavert, referente del Vélez que ganó todo en la década del 90, que mientras fue dirigido por el rosarino siempre mantuvo una tensa relación con el Loco.
Sin ir más lejos, el paraguayo abandonó una concentración en aquel momento porque el DT le dijo al plantel que "todos eran iguales", lo que motivó la ofensa del arquero. Sin embargo, durante un viaje a Jujuy en un avión con mucha turbulencia, Bielsa se acercó a Chilavert y le preguntó: "Chilavert, ¿usted es feliz?". Cuentan a partir de esa pregunta, su relación cambió para siempre.
Otra anécdota de su estadía en el Fortín ocurrió apenas llegó al club de Liniers, ya que lo primero que le dijo al plantel fue: "¿Saben qué fue lo que más me impresionó de este club? Su auto, Husaín, está bárbaro".
En su última experiencia como entrenador, Bielsa se adecuó a la modernidad pero no perdió sus mañas, y por eso mandó a comprar una especie de "jugadores" traidos de Alemania, de goma, para simular defensores.
Además, en España causó sensación su forma de vivir los partidos siempre al límite, al punto tal de que los noticieros españoles le dedicaban largos informes a cubrir los encuentro desde el banco.
Quizás la última "locura" que dejó en su paso por el Bilbao fue la que realizó en la ultima Copa del Rey cuando, luego de perder en la definición, le negó el saludo a Enrique Cerezo, presidente del Colchonero, que se quedó con la mano extendida esperando una respuesta que nunca llegó.
Así, algo disparatado pero con una convicción inquebrantable en sus ideales, Marcelo Bielsa vuelve a escribir una página en su loca historia. Una página que, fiel a su estilo, culminó con el final menos esperado.
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