La Selección derrotó al débil equipo caribeño por 3 a 0 en el partido amistoso disputado en el estadio Monumental. El encuentro fue muy pobre y estuvo marcado por el cuidado de los jugadores para no lesionarse.
Sin brillar, cuidándose de posibles lesiones, con algunas pinceladas de Lionel Messi y Angel Di María, mostrando errores defensivos ante un equipo que no lo atacó, algo peligroso de cara al Mundial, el seleccionado argentino venció sin problemas a Trinidad y Tobago, un equipo que bien podría pasar sin pena ni gloria en un torneo intercountry de Tigre, por ejemplo.
En los primeros diez minutos de la etapa inicial el seleccionado argentino, casi sin querer, tuvo dos jugadas claras como para convertir, las dos las desperdició y en ambas participó Messi, como un buen indicio para lo que se venía.
Sin embargo, luego de ese arranque Argentina bajó el nivel. Messi sólo aparecía para mostrar pinceladas de su talento y para que se levante el público, pero en jugadas intrascendentes y así pasaron 20 minutos de la nada misma, con un "silencio atroz" en el estadio Monumental, que se levantaba únicamente cuando agarraba la pelota el astro del Barcelona.
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A todo esto, los jugadores de Trinidad y Tobago, mientras se peleaban para ver quien se llevaba la camiseta de Messi, se encontraron un par de veces cerca del área defendida por Sergio Romero gracias a errores de la defensa Argentina y no aciertos propios.
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Cuando los jugadores del seleccionado argentino se dieron cuenta que estaban cerca de protagonizar un papelón, se pusieron "media pila" y con solo eso generaron cuatro situaciones claras de gol, hasta que llegó el cabezazo de Rodrigo Palacio para establecer al cierre del primer tiempo el 1-0 parcial.
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En el inicio del segundo tiempo, Javier Mascherano, de rebote luego de un tiro en el palo de Messi, puso el 2-0 y diez minutos después Maxi Rodríguez, después de una corrida de Palacio, marcó el tercero, en un partido que no tenía a esa altura ningún tipo de sentido.
El segundo tiempo estuvo de más, Trinidad y Tobago no cruzó la mitad de cancha, y sólo sirvió para que la gente pueda gritar un par de goles y para que Sabella haga cambios, nada más.
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