Tigre reaccionó y le ganó a Central bajo la lluvia

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El Matador, que jugó sin técnico por la salida de Diego Cagna por los malos resultados, superó a los rosarinos gracias a los goles de Leone y Ellacópulos y sueña con la recuperación.

Tigre, que suma tres derrotas seguidas y despidió a su entrenador Diego Cagna, se recuperó y le ganó 2-0 a Rosario Central, que no levanta cabeza y sumó su tercer reves consecutivo. Gracias a los goles de Ramiro Leone y Emiliano Ellacópulos el Matador recuperó la alegría y sueña con revertir el flojo arranque en el torneo mientras que los rosarinos siguen sin poder levantar cabeza.

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Desde el arranque del partido el equipo dirigido interinamente por Fabián Alegre tomó la iniciativa. Con Matías Pérez García como el encargado de manejar los tiempos del equipo y el trabajo de Ellacopulos y Leone por los costados.

Central sólo atinó a aglutinarse en su campo para contraatacar, algo que nunca pudo concretar porque la pelota nunca estuvo mucho tiempo en los pies de sus jugadores. A pesar que el dominio de Tigre no fue abrumador, el conjunto de Victoria tuvo dos chances de quebrar el cero.

A los 22 un zurdazo de Joaquín Arzura se fue cerca del palo derecho, y sobre los 27 un disparo de Pérez García al primer palo fue detenido por Mauricio Caranta.

La leve superioridad de Tigre tuvo su premio a los 5 minutos del complemento cuando se produjo la apertura del marcador. José Sand tomó el balón en tres cuartos de cancha, le amagó a dos rivales y abrió el balón para Leone, quien definió cruzado sobre la salida de Caranta.

En desventaja Central no supo cómo reaccionar. Apenas un poco de Diego Lagos por izquierda, algún intento de Pablo Becker (reemplazó a Pol Fernández), y nada más.

El golpe definitivo llegó a los 18 minutos. Ellacopulos robó un balón en mitad de cancha, la quiso jugar para Sand, la pelota rebotó en el delantero y volvió a caerle al volante, quien al ver adelantado a Caranta se la tiró de emboquillada para poner el 2 a 0.

Con casi media hora por jugarse las cartas ya estaban echadas. Tigre ganaba, le sobraba confianza, y Central, totalmente desorientado, no podía cambiar la historia.

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