Día del Periodista: ¡Felicidades cagatintas!

"¿Por qué se han de ocultar a las Provincias sus medidas relativas a solidar su unión, bajo nuevo sistema? ¿Por qué se les ha de tener ignorantes de las noticias prósperas o adversas que manifiesten el sucesivo estado de la Península?... Para el logro de tan justos deseos ha resuelto la Junta que salga a la luz un nuevo periódico semanal, con el título de la Gaceta de Buenos Aires".
(Mariano Moreno, Gazeta de Buenos Ayres del 7 de Junio de 1810)


El Día del Periodista fue establecido en 1938 por el Primer Congreso Nacional de Periodistas celebrado en Córdoba, en recuerdo del decano de los medios de prensa de esta parte del mundo. El 7 de junio de 1810, Mariano Moreno fundó la "Gazeta de Buenos Ayres" por un decreto de la Primera Junta, y cuyos primeros redactores fueron Moreno, Manuel Belgrano y Juan José Castelli.

O sea, empezamos mal: el primer diario fue oficialista y creado para publicitar los actos de gobierno. Una especie de boletín oficial. Y la verdad que molesta que celebremos “nuestro” día conmemorando ese episodio, y que a ningún congreso o gremio de periodistas se la haya ocurrido cambiarlo. Sobran jornadas más representativas: el día de 1968 en que murió Ignacio Ezcurra a los 28 años, en Saigón, cubriendo la guerra de Vietnam para La Nación. O cuando la Dictadura cerró la revista Humor. O recordar a colegas desaparecidos como Enrique Raab, por nombrar sólo uno. O el 29 de junio, cuando el camarógrafo argentino Leonardo Henrichsen murió de un disparo en 1973 mientras cubría un alzamiento militar que intentó derrocar al presidente chileno Salvador Allende y filmó su propia muerte. Entonces, periodistas muertos mientras cumplían con el deber de informar y cierre de medios por la censura y el poder abundan como para elegir una mejor fecha. 

¿Será por ese nacimiento oficialista -del máximo poder de ese entonces-, y más de publicistas que de periodistas, que nos la creemos tanto? A diario leemos comentarios de los lectores que nos critican la soberbia y las, supuestas o no, inexactitudes. O en reuniones donde somos el único periodista, y se nos vienen todos encima, citando ejemplos de colegas y calificándolos de metidos, sensacionalistas, impunes, opinólogos y varios adjetivos más. Ante la andanada, tratamos de esbozar una tímida defensa sin demasiado convencimiento. ¿Y por qué la timidez y las pocas ganas de salir en defensa de otros? Porque, paradójicamente, cuando vamos a una reunión de periodistas, casi de lo único que se habla es de los chanchullos, agachadas y operaciones de nuestros pares.

Así que, no nos la creamos. Porque los lectores no nos creen mucho. Y nos creerían menos si supieran los regalos que recibimos este día, y los viajes pagados por empresas y gobiernos, y las gacetillas que vienen acompañadas de una botella de vino o un MP3. Con la salvedad que muchos, quizás la mayoría (ojalá), publicamos lo que se nos canta de ese viaje pago y el regalo, si lo aceptamos, no nos influye.

No nos la creamos. Y aceptemos las críticas de los lectores. Y no nos enojemos cuando nos marquen errores de ortografía  o de información, porque como dijo alguna vez Gabriel García Márquez, que de periodismo sabe, y mucho, por más excelente que sea una nota, un solo error la derrumba y le quita toda credibilidad. Y no nos olvidemos que eso, la credibilidad, es el único patrimonio que tenemos los que no ponemos al periodismo como pantalla de algún negocio.

Volvamos a leer a grandes y modestos cronistas como José Martí, Roberto Arlt, Ernest Hemingway, Truman Capote, Norman Mailer y muchos más y festejemos….colegas cagatintas.

Dejá tu comentario