DIEZ CLAVES PARA ENTENDER POR QUÉ NOS ATRAE GRAN HERMANO

*Con un promedio de 28,7 puntos de rating, la gala del jueves último fue el programa más visto en lo que va de 2007. ¿Por qué lo miramos? Aquí encontrarás algunos de los motivos. ¿Cuáles son los tuyos?

A un mes de comenzada la cuarta edición de “Gran Hermano”, con altísimo rating y enorme repercusión en los medios y en la opinión pública, la pregunta del millón es: ¿Por qué lo miramos? Aquí te ofrezco diez razones y te propongo que me cuentes las tuyas.


1) PORQUE ES UN REALITY.


Estamos hartos de ver ficción en la pantalla. Y no precisamente en las telenovelas, los unitarios o las miniseries. Lo que nos satura no son los personajes salidos de la imaginación de un guionista sino la enorme cantidad de personas de carne y hueso que aparecen en la tele sin prevenirnos sobre sus verdaderas intenciones: no somos actores (somos políticos, funcionarios, abogados, jueces) pero queremos actuar, queremos venderte un discurso falso con el gesto imperturbable de los buenos jugadores de truco. Estamos agobiados por las operaciones de prensa, los chivos expiatorios, la verdad cincelada por el martillo de la demagogia, cortada por las tijeras de la corrección política. En ese marco, nos abalanzamos gustosos sobre un formato que nos propone jugar con la realidad, con gente común, con aspirantes a famosos pero libres aún de los tics del showbusiness.


2) PORQUE ES UN SHOW.


“Gracias, recién tiré”, responderíamos si “Gran Hermano” fuera realidad pura. Para eso están los noticieros y nuestras discretas viditas cotidianas. Lo fascinante es que además de realidad (reality) allí hay espectáculo (show). Nos encandila la ilusión de que la TV con sus luces, sus editores de historias, su conductor, sus decorados y sus micrófonos pueda convertir en telenovela los días y las noches de gente como uno. Nos asombra ver que hechos intrascendentes como cocinar, lavar, tomar sol, bañarse o chusmear un rato se vuelvan atractivos hasta la hipnosis si se los pasa por el tamiz de la magia de la tele.


3) PORQUE TRANSCURRE EN UNA CASA.


Eso nos crea una sensación de intimidad. No sucedía lo mismo con “Operación Triunfo”, para tomar el ejemplo de otro reality show. Allí, los jugadores vivían en la “Academia”, una escuela de entrenamiento en canto, baile y actuación. ¿Qué tengo que ver yo con ese sitio, si nunca estuve ni sueño con estar en una fábrica de estrellas musicales? Allí, los ambientes centrales eran los salones espejados donde los chicos practicaban coreografías y vocalizaciones: nada que nos sonara familiar. En “Gran Hermano”, en cambio, lo importante sucede en lugares comunes: el living, la cocina, el baño, el dormitorio. ¿O no es acaso en esos sitios donde se escriben las mejores y las peores páginas de nuestras biografías? Pero como además de reality, hay show, los chicos viven en una casa donde existe lo que la mayoría no tenemos en la propia: piscina, jardín y gimnasio, amén de las 35 cámaras. El combo escenográfico perfecto para accionar en nosotros los resortes de la  identificación y la aspiración.  


4) PORQUE NOS MUESTRA AL QUE ES DISTINTO DE NOSOTROS.


Según el filósofo francés Gilles Lipovetsky, “La televisión es un instrumento de apertura porque me habla en directo y de un modo simple de aquello que no conozco: de los homosexuales, de los negros en África, de las prostitutas, del sida… y lo hace entrar en mi universo. Consciente o inconscientemente me siento obligado a compararme con eso que no conozco y que la televisión me muestra, y la razón humana comienza con la comparación”. Pues bien, “Gran Hermano” me habla de lo que desconozco: cómo es ser una madre soltera como Griselda; qué se siente después de haber estado preso durante cinco años como estuvo Diego; con qué sueña una chica como Nadia, que se fue de la casa materna en plena adolescencia porque no se sintió querida; cómo se conserva la alegría cuando uno llegó al mundo como Jessica (Osito): “Mi papá violó a mi mamá, y nací yo”, explicó.


 


5) PORQUE NOS MUESTRA AL QUE ES IGUAL A NOSOTROS.


Las personas buscamos en los otros puntos de identificación. El parecido nos tranquiliza: al fin y al cabo, no soy el único. Nos genera un sentimiento de pertenencia: no estoy solo con mis ideas, mis sentimientos, mi manera de transitar el mundo. La semejanza con el otro nos ofrece la ocasión de fascinarnos, cual Narciso, al contemplar en sus virtudes el reflejo de las propias. ¿A qué negar que nos reconfortó la idea de que habríamos actuado igual que Diego la noche en que quiso ir, como tromba, a poner el grito en el cielo del confesionario apenas Sebastián creyó que había sido ofendido por un camarógrafo? La identificación nos da también la posibilidad de despreciar nuestros defectos al advertir lo que generan, vistos de afuera. Fijate, nos decimos, lo mal que caen los torbellinos verbales de Vanina; y aprendé a conciliar tus arranques de sinceridad con los modales de la diplomacia.


6) PORQUE NOS HACE SENTIR OMNIPOTENTES.


Lo que la vida no da, “Gran Hermano” presta: un grupo de gente a la que escuchar y ver día y noche. Basta una leve presión en el control remoto, para que ellos estén allí, siempre listos. Y si nos cansamos de oírlos, oprimimos un botón y se callan. “Vos decidís quien se queda y quién se va de la casa”, nos dice Jorge Rial en cada gala. Nosotros, por una vez, detentando el corte final de la película. Nosotros, por una vez, con la ilusión de estar cortando el bacalao.


7) PORQUE LA ACCIÓN TRANSCURRE EN TIEMPO REAL.


A diferencia de esa tele donde todo se dice en treinta segundos, sin repetir y sin soplar, “Gran Hermano” nos ofrece el deleite hipnótico de los tiempos muertos, los diálogos inconclusos y estirados, los alimentos cocidos a velocidad real, la vigilia y el sueño sin editar.


8) PORQUE HAY MUCHOS PERSONAJES SECUNDARIOS.


Ellos son como el sol: aunque no los veamos, siempre están. Y podemos imaginarlos a nuestro antojo. Son Rocky, el amante de Nadia; el hombre casado que sale con Jessica; el padre complicado de Mariela; la hermana melliza de Nadia; la barra de amigos de Damián; los alumnos a los que Silvina quiere mantener alejados de su intimidad. Un universo de seres conocidos sólo por la voz ajena y subjetiva.


9) PORQUE ES UN JUEGO.


Quien más quien menos, todos los adultos conservamos alguna capacidad lúdica. “Gran Hermano” irrumpe en nuestra rutina con un cartel gigante donde leemos: “Permiso para jugar”. Y resulta que el juego es en función continuada, que tiene la espectacularidad de un show superproducido, que está abierto para todos y que nos deja pedir gancho a nuestro antojo: si me canso, apago; y nadie me pide explicaciones. ¿Cuántos pueden resistir a semejante tentación? Muchos, sucumben a ella sin culpa. Otros miran para criticar. Todo está bien, todo vale y nadie tiene prenda.


10) PORQUE NO TOLERAMOS QUE  AFUERA, ALGUIEN ESTÉ JUGANDO.


“Para mí, está jugando”: eso dicen los chicos de “Gran Hermano”, en tono de reproche, cuando sospechan que un participante está llevando agua para su molino. Yo les plagié la frase en estos días, cuando los noticieros anunciaron el índice oficial de inflación y tuve la pésima idea de compararlo con la verdad de mi bolsillo. “Para mí, están jugando”, me indigné entonces. Y a falta de un confesionario donde llorarle mis penas a algún Gran Hermano, cambié de canal y me dediqué a ver cómo seguían jugando los chicos dentro de la casa, donde no le hacen mal a nadie.

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