Los diálogos más sabrosos de las "Charlas de Quincho"

Economía

* Como cada lunes, minutouno.com propone a sus lectores una versión resumida del espacio clásico de Ámbito Financiero.

* Típico de cierto sector social de la Argentina: la fiesta de COAS -esa feria que luego vende productos importados en La Rural- por sus 30 años de vida con la mayoría de la gente sin saber a quién votar. O, más precisamente, sabiendo a quién no votar, pero sin decidir su voluntad por el candidato opositor. Algo parecido a lo que ocurrió en la cancha de River, el viernes, cuando en el recital de Soda Stereo una gran mayoría abucheó a la pareja gobernante (en ese momento pasaban un video que incluía a Néstor y Cristina como teloneros del grupo) sin expresar favoritismo por ningún otro aspirante. También típico de una volátil sociedad argentina.
Lo de COAS casi reunió a unos mil invitados, con estrellas como Jorge Telerman, Ginés González García y Mauricio Macri. El jefe de Gobierno se llevó las palmas con su discurso, al ingeniero de Boca lo observan con sospechas por una presunta relación comercial con la administración Kirchner (por lo menos, ése es el chismorreo en las mesas). Explotaba el salón de La Rural, con alfombra roja, mosaico rojo para la sala de baile, manteles rojos, rosas rojas en la mesas y servilletas negras (casi una manifestación de anarquismo), esperando primero una brochette de langostinos de entrada, luego un pollo con champignones para cerrar con el habitual volcán de chocolate. En el medio, y antes de la llamada danzante, hubo alocución de Telerman, de la actual titular (Carmen Polledo) y el paso por el escenario, acompañado por un coro, de todas las mujeres que compartieron la conducción de COAS en los últimos 30 años. Si bien Telerman le decía a todo el mundo que hasta 2009 no tiene nada previsto y que luego de la entrega del gobierno a Macri (en diciembre) se dedicará a descansar, algunos infidentes señalaban: acordó algo con los Kirchner ¿ser secretario de Cultura de la Nación?; de ahí que haya enfriado la relación con el macrismo, ni se vea con los sucesores y no los convoque siquiera a inauguraciones obvias como la última del subterráneo H (allí, en cambio, le hizo lugar al secretario de Transporte, Ricardo Jaime).
Hubo sorteo de una joya, ingreso a un lugar ad hoc para comprar chucherías baratas y naturalmente chinas que luego aparecerán en la feria -notable la pasión argentina por adquirir objetos innecesarios- y lucimiento en el baile para todo tipo de personalidades: Macri con Malala Groba, Jorge Neuss, María Laura Leguizamón, Jorge Blanco Villegas, Jorge Aguado, dos del futuro equipo de Macri (Jorge Lemus y Alberto De Michelis), Martín Uriburu, Jorge Pereyra de Olazábal, Bruno Quintana, Ricardo Fiorito (desalentado, como otros participantes -Rodolfo Bettinsoli, Roberto Taboada, el diputado Alberto Coto y Rodolfo Corvi- por haber perdido un torneo de golf de Deloitte en el San Andrés contra Luis Secco, Rogelio Pagano, Miguel Rothschild y un periodista), Martín Cabrales, Ana Rusconi, Jorge Aufiero, Evangelina Bomparola y el modelo Iván de Pineda que hace de animador por TV sin haber aprendido a modular (entre otras asignaturas pendientes). Conducían, gratis, Teté Coustarot y Raúl Portal, quien reparte tarjetas con su nombre presentándose como «casi ingeniero» en obvia alusión a un candidato de la provincia de Buenos Aires. Como a Macri lo instalaron en una mesa cercana a la principal, el acceso a su vera parecía difícil -además, siempre se lo ve entusiasmado con su mujer-, imposible preguntarle si era cierto que sus colaboradores de campaña Ignacio Liprandi y Eugenio Burzaco se han negado a ser segundos de Luis Rodríguez Felder ( Cultura) y Guillermo Montenegro (Seguridad) en el futuro Gobierno de la Ciudad. Parece que se imaginaban un destino superior o, en todo caso, que serían superados por figuras de otros quilates.  
* Algunos se escandalizaban con la propaganda de la Embajada de España sobre un cambio de ley que les permitirá a los nietos de españoles ser ciudadanos de ese país. «Yo soy hijo de españoles -clamaba un quejoso-, de padre y madre, y nunca pude obtener esa ciudadanía, tal la complejidad de límites y trabas que impuso el mismo gobierno.» De esa truchada a otra inquietud judicial: la causa por la venta de rezagos que luego de exportados se convertían en armas afectó en su momento a Nilda Garré (autora de la frase antológica: «No sé lo que es un FAL») y, ahora, al desdoblarse, parece que afectará a quien la precedió en el Ministerio: José Pampuro. Para hacerle perder el sueño a uno de los más entrañables amigos de la pareja oficial: seguro que no, ya que la causa Skanska se apolilla y la ex ministra Felisa Miceli jamás será llamada a responder por el tema del dinero en el baño del Ministerio. Raro, pues sería interesante lo que ella podría declarar.
Demasiadas suspicacias, como las que hoy existen por la lenta investigación sobre el caso Greco: en Economía, donde se inventó una comisión para el seguimiento del caso, no incluyeron en la pesquisa al secretario legal, Eduardo Prina, quien hubiera sido vital para contraatacar las denuncias de Roberto Lavagna (es decir, contra su segundo Eduardo Pérez y el abogado Osvaldo Siseles. Se sabe que esta omisión, justo después que se fue la Miceli, se advierte cuando el actual jefe de asesores de Prina, Alejandro López, no reniega de haber pertenecido al círculo más cercano del ex subsecretario Siseles.)
* Tanto tufillo porteño merecía otra oxigenación en quinchos. Roma, ciudad abierta para el cine al menos, permitió con motivo del Festival (o de la Festa, nada menos que 15 millones de euros de costo) una celebración en la embajada argentina, presidida por el dueño de casa, Víctor Taccetti, con invitados del gremio. Internacionales, claro, que tomaron y bailaron (tango, sólo tango) y, luego, buscaron afanosos alguna trattoria abierta. Se contaba allí que Laura Piazzolla, viuda del autor y bandoneonista, antes la locutora Laura Escalada, había confesado en el Hotel Bernini: «Estoy mejor aquí que en Buenos Aires. Aquí se lo valora a Astor, no como allá». También, claro, la deben valorar a ella. Luego se interesó en Jorge Alvarez, presidente del Instituto del Cine: «Hace rato que lo busco, porque en el festival de Mar del Plata usan el nombre de mi marido para los premios, los Astor, y yo tengo que autorizar esa concesión». Seguro que no habla de dinero.
Luego, cuando le comentaron que José María Paolantonio planeaba un documental sobre la vida del músico, reclamó: «Miren, estoy harta de las ' peliculitas' sobre Astor; no quiero que hagan nada sobre él en la Argentina. A menos, claro, que sea con grandes actores internacionales, pues mi marido fue un grande». Nadie le resta valor al talento del finado, alguna queja -en cambio- se observa sobre las pretensiones de su última esposa.
Se comentaba que a Francis Ford Coppola, en la Argentina, le habían asegurado (Aníbal Fernández) que ya estaba detenido uno de los que le robó en sus oficinas. Pero, claro, no aparecen los materiales que le quitaron. Los invitados, en rigor, parecían exaltados con una protesta de trabajadores italianos que, al mejor estilo García Uriburu, tiñeron con anilina la Fontana di Trevi. Una oportunidad para verla diferente y, de paso, ir a comer al tradicional Al Moro. Lo mejor de la velada, con tantos italianos, fue la hostilidad femenina contra la pletórica Mónica Bellucci, la diva del Festival, quien fue masacrada por su intervención en «El último suspiro», remake de aquel inolvidable film de Jean Pierre Melville. «Insufrible, soberbia, mala actriz», proclamaba en la embajada la productora Sandra Seregni, a quien seguían a coro otras mujeres. Preferían, en cambio, a Sofia Loren, homenajeada en el Festival, aunque ella reconoció que a sus compatriotas les falta show off: quiso decir, cierta magnificencia para escoltarla, presentarla como una diosa, espectacular. Nada de eso ocurrió. Fueron un fiasco los organizadores: la hicieron entrar por la puerta equivocada, sin ningún tipo de gala, casi no permitieron que se luciera, opacaron la estrella que nadie discute.  
* Se hizo tiempo Mauricio Macri para recorrer su viejo domicilio en Misiones y, en esa travesía, auxiliar la candidatura de Ramón Puerta a gobernador. No fue el único: el día anterior había hecho lo mismo Jorge Asís, quien dijo: «Vengo a ayudar sin contraprestación». Obvio, si se trata de amigos, existen, habrá que esperar el 28 para los votos. Macri se comió un surubí (Asís un dorado), se montó en caravanas y caminatas, firmó autógrafos a los indígenas guaraníes y hasta a turistas japonesas que merodeaban la zona (Iguazú, con 60 mil habitantes, es visitada por más de un millón y medio de almas por año, es la segunda ciudad del país en recibir turismo). Y habló en el estudio de TV de Canal 5 hasta del partido de Boca contra el Milan, de las elecciones y se mostró discreto con un libro del obispo Piña («Amé la justicia, odié la mentira»), quien proclama que desea ver a Cristina de Kirchner en la Casa Rosada a pesar de no conocerla. Curioso el vuelco de este cura: empezó contra Kirchner y Carlos Rovira (hoy casi desaparecido), ahora se lo percibe oficialista.
Además de Puerta, Macri se paseó con Avelino Tamargo (un ex colaborador de Gustavo Beliz), ahora legislador electo y autor de los discursos del futuro jefe capitalino. Mucha explicación sobre su acuerdo sin candidato a presidente con De Narváez y recomendándole a Puerta la conformación de un buen equipo de gobierno. Tontera que replicó Puerta: «¿Te olvidaste Mauricio que yo goberné ocho años y vos, hasta ahora, ni un solo día? A propósito de esto, hay alguna inquietud por la gestión futura del ingeniero: en su gabinete, sólo dos o tres personas ( Rodríguez Larreta, Lemus y Grindetti) pueden presumir de cierta experiencia en el manejo público. El resto, como se sabe, es virginal.  
*  Después, muchas explicaciones sobre sus vínculos con la empresa Calcaterra (merecerá una enciclopedia de la obra pública esta compañía cuando se complete el ciclo de los Kirchner), esos primos que entre otros gestos aportan a la campaña de Cristina de Kirchner (como tantos otros, salvo que el gobierno hizo filtrar esa información de los parientes). Según expresa Macri, alguna molestia mantiene con su padre, quien les vendió la empresa a sus primos y no a sus propios hijos, lo que habilitó, obvio, que esos primos luego se asociaran con importantes empresarios cercanos al propio Kirchner. Pero ese entuerto económico-político, algún día merecerá más precisiones. A cambio de esa seriedad informativa hubo otra más divertida: ¿por qué razón aparecen tan ridículos algunos candidatos de PRO con esas camisetas de color amarillo que utilizan para ciertos actos y publicidades? Es que, al parecer, sólo compraron talles small y medium -se olvidaron del large, lo que revela una notable falla organizativa-, medidas diminutas para cubrir dimensiones humanas como las de Hugo Martini o Federico Pinedo, quienes en las fotografías o filmaciones semejan matambres de otra dimensión planetaria. Como faltan pocos días, parece que no habrá tiempo para reparar el olvido.
*  No hubo forma de escaparse del raid de Macri, algunos de cuyos adherentes se consagraron a un asado en el lúdico gremio de Daniel Amoroso (a propósito, ya que se habla de juego, ¿es cierto que entró en conflicto la relación entre el santacruceño Kirchner y el empresario chubutense Cristóbal López? Interesante pregunta ya que López, como se sabe, además de monopolizar el juego en la Argentina, el turf, la producción de olivas, etc., constituye una pieza clave en el desarrollo petrolero para nuevas licitaciones y compras impulsadas por el Estado). Amoroso todavía continúa con las consecuencias del choque con Jessica Cirio, a pesar de que ella tuvo la culpa, mientras otros presentes viven otras nostalgias, menos incandescentes. Allí estaban Carlos Melconian, Pinedo, Horacio Rodríguez Larreta, Cristian Ritondo -a quien, dicen, el monopolio «Clarín» impidió que ocupara un ministerio en el próximo gobierno de Macri, advirtiéndole al ingeniero que si lo nombraba debía atenerse a las consecuencias- y Jaime Durán Barba, quien ya escrituró el triunfo del boquense a su nombre, como si él hubiera sido el candidato. Pero en tiempos de escasa consistencia humana, falta de galladura e inteligencia, hasta los que hacen encuestas son prioritarios en cualquier parte. Si uno no cree en esto debe observar la conducta del gobierno para advertirlo.
Este «brain storming» analizaba encuestas y, según la visión del ecuatoriano en jefe, había sido un error asociarse con Ricardo López Murphy: para él, este candidato disuelve a los que inclusive se anotan en sus listas. Más bien, casi oficialista, recomendó haber hecho en la Capital lo que se hizo en Buenos Aires con De Narváez. Al respecto, sin embargo, siempre observando los mismos sondeos, cierto es que López Murphy no aparece demasiado beneficiado en los números, pero tampoco está tan alejado de los que van primeros. O sea, Melconian reconoce que a él ir con López Murphy le sirve, pues de costado también logra corte de boletas en el distrito de Alberto Rodríguez Saá y de Elisa Carrió. O sea, es un candidato multiuso y multipreferido. El domingo se sabrá.

Dejá tu comentario