El paro de los subtes tiene como raíz otro problema más grande: la interna que se disputa entre los delegados de base del Subte y la Unión Tranviarios Automotor (UTA), el gremio de los trabajadores del transporte. Esta disputa provoca incidentes cada vez que una de las dos partes toma una decisión que a la otra no le gusta, como sucedió ayer en el Hotel Bauen. Y refleja un modo de operar tristemente repetido en gran parte del sindicalismo argentino.
La historia de la fallida conferencia de prensa es conocida. Ante el anuncio unilateral de los delegados de una medida de fuerza, personas que fueron identificadas como pertenecientes al gremio y “pagadas por la empresa” fueron a impedir que la decisión se comunicara. Esto provocó los sillazos, los golpes a camarógrafos y periodistas allí presentes y las corridas.
Lo que no es tan popular es que este mismo conflicto se repitió cada vez que los metrodelegados y el gremio tuvieron desacuerdos. Basta hacer un poco de memoria para rememorar los inconvenientes ocurridos durante los meses de mayo y junio, que comenzaron con la anulación de los subtes, la suspensión de servicios y que culminaron con agresiones y el incendio de algunos vagones. Todo en detrimento del público.
A todo esto, la empresa no se mete y defiende su posición asegurando que los convenios fueron discutidos y firmados por los “representantes sindicales legítimamente constituidos”, en referencia a la UTA.
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¿Hay forma de superar este conflicto? En principio, las partes se deben y les deben a sus representados una regularización del funcionamiento gremial, algo que por ahora no parece posible. Los representantes de Metrodelegados tienen que preocuparse por que el gremio los represente, en lugar de tomar decisiones paralelas que parecen cargadas de intenciones lobbistas ante los ojos desconfiados. La UTA tiene que hacer otro tanto e intentar recuperar la representatividad para el sector del subte.
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No menos responsabilidad tiene el gobierno a la hora de regular el funcionamiento de la entidad sindical, e impedir el malestar y los problemas de circulación que provocan estas medidas para los usuarios.
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