EE.UU. vs. Rusia ¿una nueva Guerra Fría?
*La creciente tensión entre los gobiernos de George W. Bush y Vladimir Putin puede desatar una nueva carrera armamentista.
*Pero existen fuertes razones para que no pueda reeditarse la Confrontación Este-Oeste.
Estados Unidos despliega un escudo antimisiles en el vecindario centroeuropeo de Rusia y el Kremlin responde probando un misil diseñado para eludir ese tipo de sistema defensivo. La Casa Blanca acusa a Moscú de desatar una nueva carrera armamentista, y del otro lado le responden que la escalada de tensión y de armamentos fue iniciada por los aliados occidentales.
A renglón seguido, europeos y norteamericanos vuelven a reprochar a Vladimir Putin el giro antidemocrático de su gobierno, y el presidente ruso contraataca acusando a norteamericanos y europeos de represores y violadores de derechos humanos.
¿Está el mundo en la antesala de una nueva guerra fría? En lo esencial, no.
La guerra fría, o confrontación Este-Oeste, fue una puja ideológica entre dos sistemas totalmente distintos que querían aniquilarse.
El sistema socialista de planificación centralizada, con estructura totalitaria de control sobre la sociedad y régimen político de partido único, se ofrecía como alternativa para sustituir a la economía capitalista y la democracia burguesa.
Los acuerdos de coexistencia pacífica y la doctrina de la Destrucción Mutua Asegurada impidieron que las dos potencias, Estados Unidos y la Unión Soviética, y sus respectivas órbitas de influencia, la OTAN y el Pacto de Varsovia, entraran en confrontación directa, guerra condenada a no tener vencedores sino sólo vencidos.
Por esa razón, la confrontación Este-Oeste se dio a través de la carrera armamentista y mediante guerras indirectas, o sea realizadas a través de terceros.
El final llegó cuando, en tiempos de Ronald Reagan, Estados Unidos anunció su Iniciativa de Defensa Estratégica, popularizada como “guerra de las galaxias”.
De haberse concretado, hubiera sido un escudo espacial integrado por radares que detectan misiles tácticos y estratégicos, y sistemas de rayos láser rebotando contra espejos satelitales para destruir los proyectiles en pleno vuelo.
El sólo anuncio empezó a derribar a la URSS, porque no estaba en condiciones tecnológicas ni económicas de resolver la nueva encrucijada que le planteaba la guerra fría.
Lo que ahora reflota es una sensación de guerra fría. Pero tal confrontación no podría repetirse porque ya no existen las diferencias ideológicas que justificaron la confrontación Este-Oeste, que se dio por comenzada con la Guerra de Corea en 1950, y terminada con la caída del Muro de Berlín y el triunfo de la visión mundial de Mijail Gorbachov y su canciller, el georgiano Eduard Shevardnadze.
Vladimir Vlamirovich Putin está recreando el modelo autocrático y construyendo una economía basada en el capitalismo corporativo. En ambos casos Rusia se diferencia del sistema de democracia representativa y capitalismo de mercado que, con diferencias de grado, imperan en Estados Unidos y Europa.
Pero las diferencias hoy existentes no son lo suficientemente profundas como para oponer modelos que solo pueden intentar aniquilarse.
Desde éste ángulo de observación, el escudo antimisiles que Bush quiere desplegar en dos ex satélites soviéticos que hoy están aliados de los estados Unidos, Polonia y la República Checa, constituyen una provocación sin mayor sentido y un error estratégico.
Lo lógico es que Washington y Moscú, enemigos ambos del terrorismo ultraislamista de origen wahabita, se asocien en la lucha contra organizaciones como Al-Qaeda, que al tiempo que ataca intereses norteamericanos sostiene financieramente el independentismo musulmán y antiruso en el Cáucaso.
Más lógico que tender un cerco defensivo en torno a Rusia, es levantar ese escudo anti-misiles para proteger a Europa y a Israel de probables ataques provenientes de potencias centroasiáticas y del Oriente Medio.
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