El caso Riquelme y las paradojas judiciales

* La criticable actitud del jugador de Boca provocó reacciones de todo tipo y sirvió para ver, una vez más, el extraño accionar de la Justicia que tenemos.
* Recordemos el incidente de Eric Cantoná y comparemos las reacciones racistas que acá parecen no tener sanción.

Antes que nada, hay que aclarar que si Juan Román Riquelme violó la ley el domingo pasado, debe rendir cuentas a la Justicia y, si se lo encuentra culpable, cumplir la sanción que corresponda.

Pero el caso es útil para, una vez más, sorprenderse con el accionar de la Justicia argentina. El 10 de Boca está imputado en una causa por "presunta incitación a la violencia y alteración normal del desarrollo de espectáculos deportivos", a raíz de un incidente que protagonizó con un hincha el domingo pasado en La Bombonera, cuando Boca le ganó a Racing por 2 a 1.

Los hecho son conocidos: según testigos, Agustín Pozzetti, de 21 años, habría insultado en forma reiterada a Riquelme durante el partido, y cuando el jugador convirtió el gol del triunfo, fue a buscar al chico a la platea baja de la Bombonera para increparlo por su actitud y también lo habría insultado al grito de “Dale..cantalo ahora hijo de puta…”.

Envalentonadas por la actitud de Riquelme, varias personas increparon al joven y hubo forcejeos. Según el fiscal Luis Cevasco, “la situación no pasó a mayores, pero pudo haber pasado. Se sanciona el peligro que se crea, más allá de que se concrete o no”. Lo que el fiscal quizás no sabe, es que en las canchas argentinas esos hechos son frecuentes, sin necesidad de que un jugador increpe a un hincha. El funcionario también confirmó que la causa se inició porque la Policía Federal presentó una denuncia de oficio ante la fiscalía. Aunque pareció no estar muy informado, porque aseguró que Pozzetti era menor y que no se lo podía procesar, ni hizo mención alguna de si procesará tambien a los que agredieron al joven.

Según Pozzetti, que en estos días no le quedó canal ni programa que recorrer para contar su “aventura”, se agarró los genitales para alentar a su equipo y para pedirles a los jugadores que “pongan huevos”. Para Riquelme -un jugador amada u odiado, hasta por muchos hinchas de Boca, y no sólo por su manera de jugar sino también por su personalidad parca y taciturna-, es insoportable estar todo el partido escuchando insultos de los propios simpatizantes taladrándole los oídos. “Este es mi trabajo... es como si yo fuera al escritorio de alguien y lo puteara durante una hora porque para mí trabaja mal”, se defendió.
 
Lo que Cevasco no aclaró es si la Policía también hace presentaciones de oficio ante otras incitaciones a la violencia. Por ejemplo, cuando un jugador o técnico festeja un gol tomándose los genitales y exhibiéndolos a la tribuna contraria. O cuando el arbitro Pablo Lunati (quien debió amonestar a Riquelme el domingo) califica de “salame” al jugador de Independiente Daniel Montenegro o declara “a veces tengo unas ganas de pegarles a los jugadores”. O, como bien marca un lector de minutouno.com, cuando el jugador de River Oscar Ahumada criticó a la hinchada de su club y la comparó con la de de Boca, su archirival. Ejemplos hay a montones. Y sólo por hablar de fútbol, y no meternos en declaraciones y actitudes de personajes públicos y funcionarios varios.

Y si hablamos de cánticos de las hinchadas no alcanzarían los juzgados para llevar adelante las causas. ¿No se los procesa porque los que incitan a la violencia son muchos y habría que hacer mucho papeleo? “Gallinas, bolivianos, putos, los vamos a matar…”, son sólo algunas cosas que se escuchan en cualquier cancha. Pero el caso más patético, y preocupante, son los insultos antisemitas que se le propina a la hinchada de Atlanta, club que siempre tuvo una amplia parcialidad y dirigentes de origen judío. Cantar durante el partido “te vamo’ a hacer jabón”, ¿no es incitar a la violencia?

Esto recuerda el caso del extraordinario jugador francés Eric Cantona cuando jugaba en el Manchester United inglés. Una tarde de 1995 fue expulsado. Mientras salía del campo, un aficionado lo increpó. Cantona reaccionó dándole ya una legendaria patada de kung fu y varios puñetazos. Fue condenado a siete días de cárcel, estuvo 10 meses sin jugar y el Manchester le castigó duramente también. El incidente, además, le costó no volver a la selección francesa. Pero lo que pocos recuerdan, es que quien lo insultó, Matthew Simmons, fue declarado culpable de provocar al futbolista y condenado a pagar una fuerte multa y a no entrar en un estadio de fútbol durante un año por violar una ley contra el racismo, ya que a insultó a Cantona diciéndole….¡sucio francés!

Cuesta imaginar que en la Argentina se tramite una causa judicial por un insulto de ese tenor, ¿no? A propósito, ¿los fiscales investigarán si realmente Pozzetti insultó a Riquelme? Y de ser así, ¿lo procesarán?

 

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