El fantasma de atentados llegó a los Juegos Panamericanos de Río de Janeiro

Télam
Por Télam

Los controles de seguridad en torno a los Juegos Panamericanos Río de Janeiro 2007 se reforzaron en las últimas horas, luego de que autoridades norteamericanas advirtieran a sus pares brasileñas la posibilidad de que hubiere un atentado en contra de atletas yanquis que participan de la competencia.

Por tal motivo, tres mil agentes de la Policía Federal carioca más otros seis mil de la Fuerza Nacional de Seguridad (FNS) quedaron afectados a la supervisión de los movimientos que ejecutan los distintos deportistas, preferentemente los estadounidenses.

A fin con el tono alarmista que suelen otorgarle a diferentes situaciones, los norteamericanos, a través de su Comité Olímpico, le comunicaron a sus atletas que fueran "cuidadosos" ante la posibilidad más que concreta de que pudieran sufrir "robos, secuestros relámpago" y otras vejaciones en la inmensa ciudad que alberga los Juegos continentales.

Por medio de un libro distribuido a sus propios atletas ("Delegation handbook"), las autoridades yanquis le informaron a sus deportistas que las denominadas favelas que existen en Río son "locales pobres en las que la criminalidad no es controlada por la Policía".

También advierten sobre posibles secuestros, puntualmente en cajeros electrónicos de bancos, y le recomiendan a los atletas que "la violencia puede sucederse en cualquier momento del día".

Y a los atletas también se les avisó sobre la "inconveniencia" de ir descalzos a las playas para tratar de evitar contaminaciones o parásitos.

Esta nota fue de utilización exclusiva para los deportistas y su existencia se filtró, a partir de un comentario efectuado por una persona cercana a la vigilancia de los atletas del país del Norte de América.

Un foco de atención central se dio en la víspera cuando recrudecieron las versiones de un posible atentado sobre el seleccionado femenino de fútbol de los Estados Unidos que fue goleado por 5-0 por su par de Brasil en la disputa de la medalla de oro de la modalidad, en el tradicional estadio Maracaná.

Para el partido del jueves pasado, la escolta habitual de seis motociclistas de la policía local se elevó a ocho, más la utilización de otros carros de asalto y agentes federales en vehículos no oficiales. Por cierto, las tareas de "inteligencia" fallaron otra vez y no hubo ningún intento de atentado.

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