El hombre del que todos hablan y pocos conocen

*El presidente de River no piensa renunciar pero está en el ojo de la tormenta.

Hace un tiempo ya que el mundo del fútbol habla de los problemas de uno de los dos equipos más grandes de Argentina. Y todas las miradas apuntan a su presidente Jose María Aguilar, quien es la cabeza del club desde hace casi seis años. Pasen y lean un repaso para entender porque River está como está y cuánta responsabilidad tiene el mandamás de la Institución de Núñez.


 


José María Aguilar es Presidente de River Plate, el club más politizado de país-según sus propias palabras- desde diciembre de 2001.Hace más de cinco años ya, que el abogado egresado de la UBA vive siendo juzgado por propios y ajenos en la evaluación de su conducción al mando de la Institución.

Desde los primeros días de su mandato, el hombre que reside en una casa del barrio porteño Villa Urquiza, lugar que en estos días se convirtió en una sala de conferencias de prensa, no tiene descanso. Sea por una cosa o por la otra. Y empezemos a hacer un poquito de historia.

Primero, no le renovó el contrato a Ramón Díaz, el técnico más ganador de la historia del club, luego de haber ganado el torneo Clausura del 2002, el primero de los tres campeonatos que River obtuvo en algo más de cinco años, todos a nivel local. Esto, por aquellos tiempos levantó una gran polvareda, que aún hoy y encima con la actualidad del entrenador riojano al frente de San Lorenzo, hace que el presidente de los de la “Banda roja” vuelva a estar en el ojo de la tormenta, entre otras cosas…

Segundo, luego de la ida de Ramón, contrató, para agarrar las riendas del fútbol de Primera, a un hombre fuera del “riñón” de River, algo que nunca está bien visto ante los ojos de la parcialidad de los de Núñez: Manuel Pellegrini. El chileno venía de ser campeón con San Lorenzo de dos competiciones diferentes y tenía fama de ser “trabajador”. Esto, fue lo que llevó a Aguilar a adquirir sus servicios. El ex–Boedo, logró un nuevo título, el Clausura 2003 y alcanzó la final de la Copa Sudamericana de ese mismo año, tras seis años sin que el equipo llegue a una instancia de definición como esa en el plano internacional. Pero el subcampeonato no era suficiente para los hinchas. Querían más y por supuesto, todos los reclamos de gloria recayeron sobre los hombros y los oídos del presidente del club.

Tercero, ya eran mediados del 2004. Para aquietar las aguas, el hombre de las palabras difíciles pero que tan bien caen al escucharlas, dio vuelta la página. El nombre del nuevo director técnico era el del retirado recientemente e ídolo de la Institución , Leonardo Rubén Astrada. El “Jefe”, en su primer torneo al frente del alicaído plantel del primer equipo, obtuvo el Clausura de ese año. Pero como ya sabemos, lo bueno dura poco y Astrada, se fue después dos torneos y ya empezado el Clausura 2005, cuando por toda la presión que había tanto sobre el técnico pero sobre todo sobre el mandamás del club, llegó Reinaldo Carlos Merlo. Y “Mostaza”, no hizo mucho más. Duró lo que restaba de ese campeonato y el siguiente. Porque, después de un escándalo durante la pretemporada del 2006, con Marcelo Gallardo y algunos más de aquel plantel, se fue por la puerta chica. Y una vez más, Aguilar tenía que salir a “calmar a las fieras”.

La solución que se le ocurrió en ese momento, fue cuasi-lógica. Un bache de semejante profundidad, había que taparlo con mucho concreto: Daniel Alberto Passarella. Idolo “Millonario” como jugador y como técnico. Pero como no podía ser de otra manera, tampoco así River ganó nada.

Los meses y los años se sucedieron y el club más politizado de la Argentina, pasados los días de Aguilar en el sillón presidencial, ha jugado, contado lo que va de este año, once torneos locales, siete Copas Libertadores y cinco Copas Sudamericanas. Veintitrés campeonatos y sólo tres logros.

Obviamente, esto no le gusta a ninguno de los hinchas que quieren a River. Encima, que uno de los dos clubes más grandes del país haya ganado tan poco habiendo jugado tanto, le llama la atención a más de uno que no pertenece al club. Llámese periodismo, público en general, dirigentes de otros lados, etc. Para colmo de males, como si las penurias del River de Aguilar fueran pocas, Boca al mando de Mauricio Macri, en el mismo tiempo que los de Núñez ganaron tan poco, ellos consiguieron títulos de todo tipo y color…

Pero esto no es todo en la vida política de José María Aguilar al frente del club de Núñez. Porque a medida que todos estos bochornos deportivos se iban sucediendo, a la para de esto se sumaban cada vez más detractores a su gestión. Tanto de la oposición como del oficialismo, Aguilar fue perdiendo adeptos.

Desde que el Presidente es presidente, las arcas del club han tenido movimientos de todo tipo. Por más de que el N°1 de la Comisión Directiva exprese, siempre que se lo consulta sobre el tema, que los balances dan bien y que cada vez hay más superhábit, la cantidad de millones de pesos y dólares que se han gastado en contrataciones durante su polémica gestión, no coincide con los resultados futbolísticos. Han pasado por el club nombres y hombres de todos los estilos que se puedan conocer y así y todo, River es una sombra de lo que alguna vez supo ser. Un claro ejemplo de esto, es el elevado número de lo que el club lleva gastado en transferencias en lo que va de este año: 28.017.203 millones de dólares. Bastante, ¿No?

Como si esto fuera poco, como diría algún vendedor ambulante, por el mismo precio, al paquete de la campaña dirigencial de Aguilar hay que sumarle los últimos casos de violencia y problemas con la barra-brava del club.

Esta es la historia. Así está escrita y así se están desarrollando los hechos. Difícil situación es la que vive desde hace casi seis años y por estos días José María Aguilar. Cada vez más problemas. Cada vez menos apoyo, las excusas no convencen a nadie y la paciencia, se está acabando…

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