La estable inestabilidad
Escribe Fabián Doman
Faltan 18 meses para que los argentinos elijamos Presidente y un poco menos para las primarias abiertas que definirán quiénes serán los candidatos. Aunque parezca una fecha lejana, sin embargo, la disputa para reemplazar a Cristina Kirchner ha comenzado con mucha fuerza. Tanto en el oficialismo como en la oposición y todas sus variantes.
Si bien hay muchos, las encuestas señalan a tres candidatos como los mejor posicionados. Siguiendo las matemáticas en estricto sentido, la grilla privilegiada está ocupada por Sergio Massa, Daniel Scioli y Mauricio Macri. ¿Y los demás? También están, pero distantes: Elisa Carrió, Hermes Binner, Julio Cobos, Ernesto Sanz, Florencio Randazzo etc. ¿Puede este escenario cambiar?
Siempre un panorama electoral puede cambiar, aunque la Argentina ha mostrado una notable estabilidad en sus procesos de voto, salvo dos casos. En ambos está involucrado Néstor Kirchner: en el 2003 cuando alcanzo la Presidencia y en 2009 cuando fue derrotado en la provincia de Buenos Aires.
Así, la primera foto que mostraron las encuestas no cambió durante todo el proceso electoral de 1999, 2005, 2007, 2011 y 2013. Pruebas al canto: los primeros sondeos de opinión a finales del 98 señalaban que como candidato de la Alianza, Fernando de la Rúa sería Presidente superando a Eduardo Duhalde, tal como sucedería un año después.
En el 2005 las encuestan pronosticaban una victoria de Cristina Kirchner como candidata a senadora bonaerense sobre Chiche Duhalde y así fue. En el 2007 las elecciones presidenciales señalaron de entrada que Cristina ganaría y salvo alguna duda en algún momento sobre si sería en primera o segunda vuelta, nada cambio. Y Cristina se convirtió en Presidente.
Cuatro años después, ya a finales de enero las encuestas pronosticaban que otra vez Cristina ganaría con la precisión de que podría ser por encima del 50%, tal como termino ocurriendo. En mayo del año pasado, aun antes que Sergio Massa decidiese presentarse a las elecciones, los sondeos señalaban que de hacerlo ganaría, la provincia de Buenos Aires sin importar su rival. Es más, Massa, se decidió a ser candidato porque las encuestas le auguraban una victoria. Una vez, las predicciones se cumplieron y el entonces Intendente de Tigre gano la elección por más de 10% de diferencia sobre Martín Insaurralde. Como se había dicho en mayo.
La más obvia de las conclusiones es que las encuestas tienen un grado de puntería bastante alto. La segunda es que las grandes tendencias electorales en general no pueden ser ocultadas por nada ni nadie, aunque a veces las propios sondeos de opinión cambien en forma tangencial sus propios pronósticos semanas antes de las elecciones, en trabajos que parecen más dedicados a calmar la ansiedad de los futuros derrotados que a representar una verdadera foto de la realidad electoral.
Las más crueles de las conclusiones son la tercera y la cuarta. Veamos:
- que la foto original de una elección es la que prima a la hora de decidir el voto. Si como dicen habitualmente los encuestadores, la “gente” elige su preferencia recién días antes de votar ¿por qué, él ó la que va primero en las encuestas un año o seis meses antes del comicio es el que finalmente gana? ¿Cuál es la razón por la que el proceso electoral argentino es estable y no dinámico? Los famosos “indecisos” ¿siguen un raro derrotero que reparten su voto entre los candidatos siguiendo las encuestas originales? ¿Será que las encuestas tienen una influencia mayor a la que se cree y la gente termina eligiendo ganador?
- la cuarta conclusión es extremadamente delicada para la clase dirigente: o sea, encuestadores, publicistas, relacionistas públicos y periodistas entre otros. Y es que la campaña electoral no parece servir de mucho. Si no, ¿cómo se explica que ninguna campaña logre modificar la idea original del votante? Obviamente a la maquinaria electoral no le conviene esta deducción. Y por otra parte sería impensable una elección sin campaña.
Por eso el gran desafío que tienen los que candidatos que hoy no figuran entre los tres mejor ponderados en la carrera presidencial es quebrar esta tendencia y mostrar que una elección también puede tener una campaña dinámica. Y no estática.
Temas
Dejá tu comentario