Federer, simplemente el mejor
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Por EFE
El suizo Roger Federer cumplió en San Petersburgo una de sus tradiciones de febrero, obtener el premio Laureus al mejor deportista del año, una costumbre que le convierte en el gran símbolo de los Oscar del deporte, en la tarde en la que el español Alberto Contador se quedó a las puertas del premio a la revelación, en manos finalmente del inglés Lewis Hamilton.
Entre las mujeres, el tenis volvió al primer plano. Es un deporte muy vinculado a los Laureus. Después de las estadounidenses Jennifer Capriati, Serena Williams y la francesa Amelie Mauresmo, premiadas en anteriores ediciones, le llegó el turno a la belga Justine Henin. La número uno mundial, ganadora en Nueva York y París, además del Masters, superó en las votaciones a la rusa Yelena Isinbayeva.
Los deportes colectivos aparcaron el fútbol -Irak, el Milan y la selección alemana femenina estaban nominados- para premiar al espectáculo del rugby, muy significativo en el imaginario deportivo anglosajón. Una amplia representación de la selección sudafricana, ganadora del Mundial de Francia, recogió el premio en el escenario de San Petersburgo con sus llamativas chaquetas verdes y amarillas.
Indiscutible favorita entre los nominados al premio a la mejor reaparición, Paula Radcliffe, dueña del récord mundial de maratón, recibió la estatuilla por su regreso a la alta competición después de su baja por maternidad en 2006.
Tras de su doble paso por Barcelona, en 2006 y 2007, los académicos de los Laureus desplegaron todo su espectáculo en San Petersburgo, a cinco grados bajo cero. De la luz mediterránea, la Academia pasó a la nieve rusa.
La gala de entrega de los premios volvió a ser un desfile de mitos del deporte. De Nadia Comaneci a Edwin Moses, de Boris Becker a Mark Spitz, los miembros de la Academia entregaron los premios y disfrutaron de una ceremonia de aire occidental, puramente televisiva, pero con un par de concesiones a la impresionante tradición musical rusa. La bailarina Uliana Lopakatina interpretó el 'Lago de los Cisnes', a cargo de la orquesta dirigida por Valery Gergiev.
Sergey Bubka recogió el premio a la trayectoria profesional, cierre definitivo de la gala deportiva anual por excelencia, los Laureus, símbolo de la imparable globalización del deporte que ha encontrado en la elegancia de Roger Federer su mejor representante internacional.
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