Final de película: una jubilada es heredera de un hacendado

*A 24 años de la muerte del dueño de US$40 millones y con una trama que incluyó cambio de cadáveres, pudo comprobarse quién era la verdadera heredera.

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Por NA
Una jubilada de 68 años, que todos los meses cobra 680 pesos, ahora podría recibir campos y otros bienes por 40 millones de dólares luego de comprobarse por un análisis de ADN que es la hija de un hacendado muerto hace 24 años en La Pampa.

Por esa herencia se tejió una historia de robos y cambios de cadáveres, con el claro objetivo de que esta mujer que vive en la pobreza no pudiera comprobar que era la hija del hacendado Rufino Otero, quien murió en la década de los ’80 en la ciudad de GeneralAcha, situada a 120 kilómetros al sur de Santa Rosa.

El escándalo se había iniciado el 2 de agosto de 1999, cuando Eva Paola, hoy de 68 años y residente en la localidad de General Acha, se presentó en la Justicia y dijo ser la hija de Rufino Otero.

Este hacendado, que murió en 1983 y no tuvo hijos con su esposa, dejó en La Pampa 26 campos por un total de 50 mil hectáreas, 15 casas y otros inmuebles, y hasta dos aviones.

Su fortuna, que se calculó en ese momento en 40 millones de dólares, pasó a manos de la viuda, y en 1990, pocos antes de morir ésta mujer, todos los millones pasaron a su sobrino Darío Sarasola Arenaz.

En 1999, Eva Paole, que nació y creció en la pobreza, se enteró por comentarios en el pueblo que era la hija del hacendado muerto y exigió la realización de un análisis de ADN para probar que era una hija concebida fuera del matrimonio de Otero.

Su madre era Josefa, una empleada doméstica que trabajaba en la casa de los Otero y que había mantenido una relación amorosa con el hacendado.

El empresario ganadero nunca habría negado, frente a otros empleados, que Eva era su hija, pero nunca la reconoció legalmente.

Cuarenta y cinco días después del reclamo judicial de Eva Paole, fue profanado el panteón del multimillonario muerto.

Las autoridades judiciales constataron la rotura de partes del cajón y que el cuerpo estaba desnudo, cuando todos recordaron que, mientras lo velaban, Otero estaba vestido.

La Justicia pampeana pudo determinar que, como se sospechaba, alguien se robó y cambió el cadáver del poderoso hacendado del que Sarasola recibió la herencia.

El Primer Centro Argentino de Inmunogenética (Pricai), dependiente de la Fundación Favaloro, desechó el 11 de agosto de 2006 algún tipo de vínculo biológico entre el cadáver que apareció en la tumba de Rufino Otero y el cuerpo de su madre, según fuentes judiciales, por lo que se confirmó el robo.

El año pasado, además, una persona, según consta en una denuncia policial anónima, dijo que conocía a quienes habían sacado el cadáver y aseguró que el cambio de los cuerpos se hizo en un campo.

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