Furia. Última parte

SU SEÑORIA, me disculpo pero anoche se cortó la luz… anduvimos con velas en el Country y la PC no andaba. No pude terminar el mail. Ahora sigo y termino – espero – la declaración para no incurrir en más faltas.

Esa noche dormimos mal todos. Nosotros por el disgusto, Samantha porque se había despertado con el griterío. Sur porque siguió llorando. Y supongo que Catalina Zavala Pringles la pasó insomne.

Pasaron seis días tranquilos. El caballo no lloró, Sammy se calmó y a Catalina no se la vio. La noche de autos,  el 12 de Septiembre Sur empezó de nuevo. La verdad es que rompía un poco los nervios. Especialmente porque tras seis noches de tranquilidad uno se había hecho la idea de que quizás ya había pasado el período de “extrañura”.

Samantha estaba extasiada con el animalito. Volvía del colegio para estar con él. Ya hablaba de empezar a montarlo. Aunque era muy temprano todavía: el potrillo se veía todavía muy frágil. Tenía el tamaño de un perro grandote. Pero la ternura de un osito.

Ese 12 de Septiembre, ...rompió a llorar con fuerza. Extenuada, me dormí a base de pastillas. A eso de las 3 de la mañana me desperté con el llanto del potrillo. No sé desde que hora estaría llorando. Su plañidera queja se extendía arriba y abajo de la escala. De pronto se hizo aguda. En un tono que no le había oído. Después calló. Bienvenida tranquilidad. Me dormí nuevamente.

A las siete de la mañana estábamos los tres en pijama  desayunando cuando  Amancio saludó por la ventana y se dirigió al pequeño haras para alimentar y limpiar a Sur. Momentos después, volvió y tocó a la puerta:

- Señor, mejor venga a ver. Venga conmigo-  le dijo a Matías.

- ¿Qué pasa, Amancio?- dijo mi marido

- Venga Sr., venga. Y con un gesto nos detuvo a Samantha y a mi que íbamos a acompañarlos.

Pero los seguimos. ¿Quién podía imaginarse, quién iba a pensar algo así? A mi me preocupa por Samantha. Cómo se va a olvidar del espectáculo del potrillo en el suelo, caído en medio de un mar de sangre, con los ojos abiertos y la garganta también. La envolví con mi  bata pero ella ya había visto, no sé como haremos pobrecita. La llevé a casa.
 
Al rato volvieron Matías y el peón. Amancio dijo: voy al house para que vean que hacemos. No sé, nunca pasó esto... y se fue.

- Qué pasó? – le dije a Matías.

- No sé, pero es una salvajada. Le cortaron la garganta con un tajo enorme. Y mientras se moría, lo acuchillaron en el lomo, la cabeza. Algo horrible – me dijo alejándome para que la nena no oyera.

Matías estaba lívido, blanco y a punto de descomponerse. Samantha temblaba en un sofá. Yo los dejé un momento y – la curiosidad mata al gato, dicen – me deslicé por el costado de la casa y miré con mis propios ojos el espectáculo. Era una carnicería. Matías no había exagerado. Daba miedo sólo acercarse. Sólo un matarife de esos de los frigoríficos podía permitirse mirar ya no digo realizar semejante atrocidad. Había sangre, músculos y tendones por todos lados. Una furia insana había guiado al ejecutor. Alcé la mirada y la vi.

Desde la ventana de su casa que daba a la nuestra, miraba y sonreía al vacío  con la calma y los ojos de ingenua tranquilidad del día en que la había conocido.
Los ojos ya no amarillos resplandecían celeste profundo. Ningún rastro de la furia asesina de la última vez deformaba su rostro armónico.  Después se retiró tras las cortinas.

Ahora Sr. Juez, Ud. decida si esto hechos le sirven para añadir a los autos que se sustancian en su juzgado.

María de los Milagros Goñi
DNI 57.651.355
Club Hípico Córdoba
Unidad 155

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