¿HAY UNA TV QUE ENGORDA Y OTRA QUE ADELGAZA?
*“La televisión engorda cinco kilos”, aseguran. Dejemos esa preocupación para los que aparecen en la pantalla. A nosotros, los espectadores, la tele nos puede hacer ganar o perder peso. Dime qué miras y te diré cuál será tu suerte en la balanza.
Tus hijos volvieron al colegio, la ciudad abandonó el letargo veraniego, la vorágine cotidiana ya está de nuevo a pleno y en tu casa se reacomodaron los horarios y la rutina. Si pensás que ha llegado tu momento de perder los kilos que te ganaste durante las vacaciones, que esta vez apostarás en serio a una alimentación sana y que liberarás a tu cuerpo de las malditas garras del sedentarismo, lo más probable es que hayas decidido empezar el lunes. Eso hacemos casi todos con los buenos propósitos, ¿o no? Pues bien, la tele está de tu lado: “Cuestión de peso” comienza su nueva temporada en Canal 13, el lunes, a las 14.30.
Allí, con sólo apretar un botón del control remoto, escucharás de boca del doctor Alberto Cormillot los consejos que estabas esperando para seguir un plan alimenticio que te permita adelgazar sin hipotecar la salud. Allí también, los especialistas en entrenamiento físico, tarde o temprano, lograrán inculcarte las ventajas de ponerte en movimiento porque la ecuación es simple: salvo problemas de metabolismo, nuestro peso es el resultado de la resta entre las calorías que ingerimos y las que quemamos. Además, como las lecciones se aprenden mejor por la vía del ejemplo, a medida que los participantes van perdiendo grasa y ganando bienestar físico, uno tiende a pensar que si ellos pueden, ¿por qué no habré de poder yo?, y pone manos a la obra.
Admitámoslo: en materia de alimentación, como en tantas otras, vivimos una época de contradicciones escandalosas. La obesidad es una epidemia mundial y al mismo tiempo, millones de personas mueren por desnutrición. Si a eso se suman la proliferación de trastornos tan serios como la anorexia y la bulimia, uno se siente como un naufrago en el mar de los opuestos. Presas de la confusión, intentamos seguir en la tele, el medio más masivo, el estado de las cosas en esta cultura globalizada donde la gente, por la boca muere.
¿Qué encontramos en la pantalla? Un panorama de la intrincada y aterradora realidad. Modelos famosas y adolescentes anónimas que pierden la vida en el espejo deformante que las conduce a la anorexia. El niño británico de 8 años, alimentado a comida chatarra, que pesa 89 kilos y constituye apenas un botón de muestra sobre el drama de la obesidad infantil. Criaturas argentinas trituradas por los colmillos de la desnutrición. Agencias de modelos que contratan mujeres descarnadas. Diseñadores que quieren importar el llamamiento a la razón de la pasarela Cibeles: sólo desfilarán las jovencitas que posean un índice de masa corporal saludable.
El problema es complejo, acuciante y global. Y en esto, la TV funciona como una vidriera amplificada del descalabro alimenticio en el que vivimos. Y si no, fijate lo que ha escrito el sociólogo Claude Fischler en su libro “El (h)omnívoro”, que lleva por subtítulo “El gusto la cocina y el cuerpo”. Investigador del Centre Nacional de la Recherche Scientifique, en Francia, escribe: “En el mundo desarrollado, un guirigay dietético se ha instalado prácticamente de manera constante: el Estado, el movimiento de los consumidores, los médicos de diversas especialidades, los industriales, la publicidad, los medios contribuyen a ello permanentemente, de manera más o menos confusa y contradictoria para el comensal. Ese guirigay dietético se funda en una verdadera y planetaria cacofonía alimenticia: los discursos dietéticos culinarios y gastronómicos, los libros de regímenes con los libros de recetas, los manuales de nutrición con las guías astronómicas. Por todas partes crecen la prescripción y la prohibición, los modelos de consumo y las advertencias: en esta cacofonía, el comensal desorientado, en busca de criterios de elección, logra sobre todo nutrir su incertidumbre”.
¿Qué nos ofrece la tele a los comensales desorientados de los que habla Fischler? De todo un poco. La médica nutricionista Mónica Katz bregando contra el sedentarismo y los atracones en “La vida es bella”, por Canal 9. Una ristra de magazines donde los cocineros, esos nuevos inquilinos del starsystem, nos invitan a preparar algunos platos sanos y otros que están para comérselos con los ojos pero que constituyen verdaderos misiles calóricos. Muchas publicidades que nos seducen con manjares irresistibles de los que no podés probar más de una cucharada si no querés pegar un salto en alto en la balanza; otros avisos que nos venden puro colesterol en un packaging fashion; un bombardeo de productos de venta directa que nos incitan a reducir centímetros con pócimas mágicas o aparatos milagrosos. Clases de gimnasia y de repostería; exhibiciones de vida sana y despliegue de placeres gourmet; proliferación de cuerpos esculpidos a golpes de bisturí y fotoshop, y chicas que, encandiladas por esas contexturas irreales, buscan el modo de vivir del aire y encuentran la manera de morir anoréxicas.
En la misma pantalla, aparecen los ciclos que sin proponérselo, nos impulsan a cuidar la figura. Por caso, “Bailando por un sueño”: no me digas que, en 2006, al ver cómo les cambiaba el cuerpo a Carmen Barbieri y a María Valenzuela_ dos mujeres que no tienen la edad ni la anatomía de las modelos_, gracias al entrenamiento para el concurso de “Showmatch” no te daban ganas de ponerte a mover el esqueleto…
Así las cosas, aceptemos que la tele no engorda ni adelgaza. Quienes engordamos y adelgazamos somos nosotros en función del plan de vida que elegimos llevar. Propongo que tomemos de la tele lo que nos sirve: los consejos de los profesionales de la nutrición quienes, cual voceros de Aristóles, aconsejan comer de todo pero respetando el principio del justo medio. En un arranque cinéfilo, tendrás ganas de contestarme con el título de un reciente film argentino: ¿Quién dice que es fácil? Tenés toda la razón: es dificilísimo. Pero sabemos que lo que cuesta vale. Hagamos el intento. Y como dice la propia tele, ante cualquier duda, consulte a su médico.
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