MARIA ANTONIETA Y LUIS XVI

*Ella tenia quince años y él, dieciséis. Se conocían desde niños, pero no estaban enamorados. Ambición de poder, una seguidilla de amantes y un final ya conocido.

Maria Antonieta de Habsburgo y Lorena (1755-1793) era hija de Maria Teresa de Austria y Francisco I. Su matrimonio, celebrado el 16 de mayo de 1770, con el futuro rey Luis XVI (1754-1793) fue la consolidación de la reconciliación de Francia y Austria. Ella tenia quince años y él, dieciséis. Se conocían desde niños, pero no estaban enamorados.

Luis XVI llegó al trono tras la muerte de su padre y de sus dos hermanos mayores, por lo que no estaba preparado para reinar. Cualidades como la piedad y el sentido del deber no le sirvieron para contrarrestar la mala fama adquirida por la monarquía por la culpa de Luis XV y sus derroches. Además, Luis XVI carecía de capacidad de decisión.


Tampoco estaba preparado para el matrimonio porque padecía fimosis. En el diario de Maria Antonieta, en la anotación de su noche de bodas aparece un revelador: “NADA”.

El matrimonio no se consumó hasta tres años después cuando Luis XVI fue operado.
Pasaron once años antes del nacimiento del delfín, Luis Xavier (1781-1789) y, en ese tiempo, la reina acabó siendo profundamente impopular por su gusto desmedido por las joyas, los vestidos y las fiestas. Si bien en un principio María Antonieta fue demasiado austera vistiendo, luego destacó por su extravagancia. Hay una curiosa anécdota sobre esto.

Un día se presentó a un baile con un vestido de un color  insólito y pregunto: “¿Os gusta mi vestido color pulga?”. Este color se puso de moda y se hicieron vestidos color pulga joven, pulga vieja, panza de pulga…

Creciendo en impopularidad

Luis XVI llevó a la bancarrota a Francia porque no supo luchar contra los problemas de Hacienda. La reina, que consiguió arrastrar a la impopularidad también a su marido, se centro en la educación de sus cuatro hijos y se rodeó de damas austríacas porque se sentía más cómoda con ellas, sin darse cuenta de que así sólo alentaba la maledicencia. Empezaron a llamarla “la puta austríaca” y  “madame Déficit”. El  pueblo se moría de hambre y ella compró un costosísimo collar. Esto dio lugar a una célebre anécdota de la que nunca se ha probado su veracidad. Cuando un funcionario le hizo notar que los pobres de París no tenían pan ella exclamó: “¡Pues que se harten a tortas!”.

No supo encontrar su camino, pero fue una mujer fuerte, tanto que el conde de Mirabeau comentó: “El único hombre que hay en la corte de Luís XVI  es su esposa…”



Se la acusó de tener un gran número de amantes, pero no hay pruebas, ni siquiera del más nombrado y enamorado, considerado por ella como “el más amado y cariñoso de los hombres”, el conde Axel de Fersen, quien la definió como “absolutamente deliciosa y fogosa”. Entre los amantes de la reina se mencionan a Arthur Dillon, el duque de Lauzun, el barón de Besenval, el príncipe de Ligne y el conde de Vaudreuil.

 
 

Dejá tu comentario