Jorge Guinzburg: la valentía de retroceder

*Cuando sintió que estaba colocando a Katja Alemann en una situación de incomodidad que ella no merecía, el conductor de “Mañanas informales” se disculpó, pidió un corte e impidió que las cámaras continuaran mostrando el llanto de la actriz.

Por estos días, Jorge Guinzburg está en el centro del huracán mediático. Que si se afeitó el bigote en cámara para conseguir un punto más de rating; como si la audiencia nunca antes, en todos los años que lleva en la TV, se hubiera interesado en sus propuestas. Que si emite o no emite en su programa matinal las danzas más sensuales de “Bailando por un sueño”; como si los pechos desnudos de Nazarena Vélez fueran a  provocar la caída de Occidente. O como si para un niño que mira la tele fuera más peligrosa la imagen de los cuerpos contoneándose junto a una barra metálica que las que muestran en los noticieros el lado oscuro del mundo que supimos conseguir: abuso de menores, tomas de rehenes, jóvenes molidos a golpes a la salida de los boliches, un sacerdote declarando en un juicio por tortura, estudiantes de escuelas secundarias amenazándose mutuamente de muerte, políticos corruptos, ladrones de guante blanco y de los otros, etc.  


 


El mismo Jorge Guinzburg _el del bigote afeitado en cámara y el que repite las imágenes eróticas del “Bailando…”_ demostró que para él, sí hay límites en la búsqueda del rating. Y que ese límite pasa antes por no explotar el dolor ajeno.


 


Katja Alemann tiene una larga y reconocida trayectoria artística y en los últimos tiempos regresó a la TV, en el programa de Susana Giménez. Más precisamente, en el segmento “El circo de las estrellas”, del que quedó eliminada pocos días atrás.


 


Guinzburg invitó a Katja a “Mañanas informales”, el ciclo que conduce en Canal 13. En el curso de la entrevista, como era inevitable, le preguntó por la tragedia de Cromagnon, dado que años atrás, ella fue la mujer de Omar Chabán. Ella no estuvo en el boliche y en el momento del incendio, no era siquiera la pareja del propietario del local. Pero trató de argumentar en defensa de su ex.


 


Por su parte, Guinzburg le hizo las preguntas que nos hacemos todos _periodistas o no_ frente a la atrocidad de los 193 jóvenes muertos aquel 30 de diciembre. Se diría que Katja quedó contra las cuerdas en una pelea que no le tocaba pelear. Sin embargo, no le sacó el cuerpo a los cuestionamientos acerca de las precarias condiciones de seguridad del boliche que terminó en hoguera. Trató de responder como pudo, apresada entre el impulso de defender a su ex pareja y el horror ante lo sucedido.


 


De pronto, Guinzburg advirtió que estaba entrevistándola como si Katja Alemann fuera Omar Chabán, es decir, pidiéndole explicaciones sobre una tragedia con la que ella nada tuvo que ver. Entonces, volvió sobre sus pasos: le dijo que olvidara la última pregunta que le había hecho, que no correspondía que la pusiera en esa situación. Ella igual trató de contestarla. Pero se quebró. El periodista juzgó que no era lícito seguir mostrando el llanto de esa mujer. Y pidió un corte, de inmediato.


 


  En un libro que lleva por título “Kieslowski on Kieslowski”, el director de “La doble vida de Verónica”, “El decálogo” y la trilogía “Blanc”, “Blue” y “Rouge”, entre otras estupendas películas, contó que en un momento de su carrera, decidió hacer sólo cine de ficción porque los documentales lo ponían en una encrucijada sin salida. Según el realizador polaco, el documentalista busca llegar al fondo de las personas y de los hechos pero que al mismo tiempo, hay límites que la cámara no debe traspasar. “He fotografiado lágrimas verdaderas en muchas ocasiones_ dijo_. Y a esas lágrimas, les tengo miedo. De hecho, no sé si tenía el derecho de fotografiarlas”.


 


Da la impresión de que Guinzburg pensó algo semejante: que no tenía derecho a poner al aire las lágrimas de Katja Alemann dadas las circunstancias en las que esas lágrimas habían surgido. Y actuó en consecuencia: pidió el corte.

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