Juego de Rol - ÚLTIMA PARTE
*Historias y escándalos de barrios privados, lo que todos saben pero pocos se animan a contar.
“Allá por los años 30 cuando mi padre, don Torquemada de la Cruz – se permitió una sonrisa en recuerdo de su padre – concibió el concepto del Highland, éste era otro país. Era fácil saber cual era la gente bien, y quiénes los que solamente querían meterse donde no les correspondía. La Seguridad se tomaba como algo dado, los negros no estaban alzados, sabían respetar. Ni existían los cabecita negras, las villas. Y sin embargo el Viejo entrevió lo que iba a llegar e inventó de la nada el concepto: este Country cuando no existían en el país, ni en América. Los dos pilares en que se basa el Highland son: gente seleccionada y seguridad total adentro del perímetro. Después nos han copiado: los cientos de countries de diverso pelaje que han surgido, Punta del Este, Cariló, Pinamar, ahora Mar de las Pampas. Todos ofrecen – quieren ofrecer y hacen lo imposible – esas dos cosas, las más preciadas: exclusividad y seguridad.
Bueno, mi querido yerno – te puedo llamar así no? Pronto lo serás – al final a todos nos pasa lo mismo: descubrimos que no existen ni la exclusividad ni la seguridad. Son espejismos. Son cosas que los socios quieren creer. Se engañan, quieren que los engañen, que les mantengan el engaño: una vez transpuesta la cerca, la puerta, la entrada quieren creer que todo es distinto. Te fijaste cuántos countries tienen a la entrada el mismo cartel: “Bienvenido. Usted ya ha llegado”. Sugieren, confirman: “Has llegado, podés dejar de preocuparte. Estás adentro. “
Cuando “has llegado” querés creer que las cosas horribles, las que pasan en el mundo, en Argentina, no pasan acá. Son cosas que le ocurren a otra gente, gente de nivel inferior, poco refinada, gente grosera que es económica y moralmente inferior. Adentro del Country eso sencillamente no sucede.
- No te burles de mi, Alberto. Vos me seguís bien. Pasa de todo, como en el país. No podés erigir una frontera de alambre, dejar entrar a 3000 tipos con sus familias, sus miles de sirvientes, los obreros, jardineros y contratistas todos argentinos y algún paraguayo también. Y pretender que adentro de ese caldo de cultivo no pase lo mismo que afuera. Sumále que tenemos gente que se cree inalcanzable, fuera del control de la ley.
Todos quieren lo mismo: entrar y dejar afuera los problemas. Te lo digo de otra manera: nuestra tarea, la mía, es lograr que ese sueño colectivo, esa auto-hipnosis no se quiebre. Saben, sospechan, oyen. Pero no quieren ni saber, ni oir. Y cuando les pasa a ellos o a alguien cercano se convencen de que es algo singular, que es un caso excepcional. No debemos quebrar esa ilusión. No le hace mal a nadie y proporciona una gran dosis de felicidad a nuestros socios. Son gente con grandes responsabilidades, enormes presiones. Tienen derecho a gozar de tranquilidad en su Country. Es lo mismo en todos los countries, en todos los balnearios exclusivos, en los resorts de sky.
¿Vos te creés acaso que no hay Carpetas Confidenciales XXX en Cariló, en Punta del Este, en todos y cada uno de los Countries por más “high level” que sean? No seas ingenuo. La gente viene acá y se imagina que salió de la Argentina. Otra gente parecida va a Punta del Este y cree que entró en Suiza. Si vieras lo que realmente acontece allá…Y ninguno de ellos es tonto, creen porque decidieron creer. Sólo que nosotros lo hacemos mejor. Aquí no pasa nada, y si pasa no se difunde.
Vos les querés quitar esa felicidad exigua y decir la verdad a los cuatro vientos. Una verdad. ¿A quién le hará bien esa verdad? Salvo a tu ego y tu carrera, a nadie.
Los romanos decían: lo que no está en el papel, no está en el mundo. Te ruego que te olvides de esas carpetas, y nos ayudes a realizar nuestra tarea”.
Sonaba episcopal, como un predicador, un sacerdote trabajando por la felicidad de sus feligreses. Solo que éstos eran los ricos y poderosos, no los pobres del mundo. Hipócritas, mentirosos y guarangos, ricachones falsamente aristocráticos que con sus desplantes pretendían llevarse al mundo por delante. Vivían del engaño. Y – ahora lo descubría – penosamente se engañaban a sí mismos. Se ocultaban la verdad entre ellos para vivir una charada durante un mes por año y transportarse a una belle epoque hace mucho desaparecida en que las clases bajas eran sumisas, y los ricos ni se notificaban de la existencia de los humildes, sólo se servían de ellos. Estos socios, no eran la crème de la crème cómo gustaban de verse a si mismos, sino el pozo, la borra del café, la hez de la Tierra que se juntaba en Enero para autocongratularse. Y me pedían a mí que callara. Estaba furioso por la soltura con que este hombre poderoso me pedía que lo ayudara a ocultar la verdad. Una mentira sostenida por los complacientes “3001 mejores”. Máxime cuando mi profesión, el periodismo consiste en dar a conocer dicha verdad. Me indignaba su pedido: que lo ayudara a realizar su tarea, a mentir para proteger a su cofradía de opulentos parásitos.
No, yo iba a destapar ese nido de víboras. Iba a hacer supurar la cloaca maloliente y la verdad los cegaría. “Lo siento por su sueño mentiroso chicos, pero esta es la realidad”
Don Santiago se paró, caminó hasta la puerta y salió. Volvió con el engendro engominado: el Dr. Santibañez Urdapilleta. Este traía una carpeta consigo. Un cartapacio de cuero oscuro.
Se sentaron: Don Santiago en la cabecera, yo quedaba a su izquierda y el Dr. enfrente mío a la derecha del Jefe.
- Lea por favor, Escribano- ordenó Don Santiago.
“En “la población urbana constituída” de Highland Over the Sea Sport and Social Country Club, municipio de General Madariaga, Provincia de Buenos Aires, a….- consultó su reloj, y completó con su estilográfica la fecha – 17 días del mes de Enero de 2005.
Por una parte Santiago De la Cruz Belaunde Briggs – el Viejo le había dejado su nombre, si bien le había perdonado el “Torquemada” – …sus datos personales, hábil de mi conocimiento doy fe, en su calidad de Presidente del Consejo de Dirección del Country Club de nombre coincidente con el mencionado ut supra, y por otra el Sr. Alberto Scalabritti….sus datos personales, hábil de mi conocimiento doy fe, declaran:
El Sr. Belaunde Briggs que en nombre y representación del antedicho Consejo de Dirección, otorga en donación irrevocable, sin cargo ni costas para el recipiendario:
1) Una acción del Highland Over the Sea Sport and Social Country Club por el plazo de 99 años a partir de la fecha y
2) La escritura y total propiedad de la finca ubicada en la parcela número 10, delimitada por las calles Alelí, Alerce, Ceibo y….- acá que ponemos Don Santiago? Es la costanera. – Ponga “el mar” como cuarta delimitación de la finca- acotó el Jefe. “…y el mar”. El terreno tiene una superficie de una hectárea, 10.000 metros cuadrados con frente sobre el mar de 60 metros. Sigue la denominación catastral. La finca construida sobre dicho terreno data de 1998 y se entrega con su equipamiento completo. Siguen datos de catastro de la finca y artículos de forma. La duración de la donación es también por 99 años al fin de los cuales la propiedad y la acción retornarán al Consejo de Dirección del Club.
3) La exención por el plazo de 99 años de la obligación de pagar expensas o gastos comunes, sean estos ordinarios o extraordinarios o de cualquier tipo.
Firman los Señores Belaunde Briggs y Alberto Scalabritti en señal de conformidad y yo como Notario, doy fe cerrando de esta manera la presente escritura.
Terminó de leer el Dr. Escribano Santibañez Urdapilleta y alzó la mirada, tendiendo el documento para que lo firmáramos.
Un subidón. ¿Sabés lo que es un subidón?
Si nunca te “colocaste” con heroína no podés saberlo. Yo la había probado una vez por conocer, hace años. Un “shot” de heroína…es lo más fuerte que hay en el mundo. Son dos, tres minutos en que ves el cielo. Estás en el cielo. Entendés todo lo que pasa, pero lo ves desde tan, tan arriba que nada te detiene. La sangre galopando. La consciencia de vos mismo.
Nadie puede convencerte, en ese momento de no hacerlo. Aunque te vaya la vida, querés seguir. Son tres minutos que valen una vida.
La cima del mundo.
Sentí una fuerza que fluía. Como si fuera viento huracanado dentro mío. Nació en el pecho, bajó por mis brazos y cuando llegó a mi mano izquierda – soy zurdo – ella supo lo que había que hacer.
Eso es lo que sentí cuando entre nubes vi que Don Santiago firmaba, y ahora el Escribano me tendía el papel a mí. Para que yo lo firmara. Para que me convirtiera en uno de los 3001. Yo, Tito Scalabritti.
Tomé la pluma y firmé con mano que no dudó ni vaciló. La voluntad firme.
Don Santiago me sonrió y me estrechó la diestra con firmeza.
- Bienvenido, Alberto. Ahora sos uno de los nuestros. Bienvenido y contamos con vos, como vos podés contar con toda la comunidad. Acá somos todos una gran familia y la nuestra te recibe con alegría. Estoy feliz de darte entrada en ella. – Me abrazó.
Don Santiago tenía clase, no en vano estaba donde estaba. Ni mencionó el tema que nos había traído a aquella reunión extraordinaria. Sabía que habíamos sellado un pacto y yo respetaría mi parte. Esa misma tarde las carpetas reposarían bajo los cuidados de la Policía, nuevamente a salvo.
El escribano musitó:
- Felicitaciones, DOCTOR Scalabritti- y también me estrechó la mano-
Me despedí en un sueño mientras Don Santiago se quedaba arreglando no sé que detalles con el cagatintas.
En la cena de recepción que nos brindó la semana siguiente la comunidad de los 3000, Victoria y yo fuimos – claro está – los que ocupamos la mesa principal junto con los Belaunde Briggs y dos familias de la Comisión Directiva. Mi futura mujer estaba radiante. Y yo debo decir que no lucía nada mal con mi conjunto de ropa, de Elegante Sport elegida por Vicky que había salido a comprarla especialmente.
Mi discurso fue comentado y muy celebrado. Abordé la temática de la RESPONSABILIDAD SOCIAL de nuestra comunidad privilegiada, el Highland Over the Sea Sport and Social Country Club. La obligación que tenemos todos, los 3001 sin excepción de extender nuestros logros de tranquilidad, seguridad y sana convivencia a las poblaciones vecinas y zonas aledañas. Debemos insistir para que mejoren su manera de vida, tomando nuestro ejemplo y adoptando prácticas de vida que las alejen de los vicios, las malas costumbres y el delito en que infortunadamente caen con frecuencia debido a su baja condición social.
El aplauso fue atronador. Llovieron las felicitaciones.
Salía con Victoria del edificio, mareado aún por el éxito de la bienvenida, cuando apareció de un costado el policía, González Gaitán. Sonreía, ahora melifluo, servil, temeroso de malquistarse conmigo por el papel que le habían mandado hacer y en el que no había tenido éxito.
- Bueno Dr. Scalabritti – ya me tenía que acostumbrar: en pocos días no sólo me había convertido en uno de los 3000 elegidos. Me había doctorado. Honoris Causa seguramente-. Ya sabe, cualquier cosa estamos a sus órdenes. Como decimos siempre: “Para proteger y servir” a Usted y a su familia. Siempre puede contar conmigo y nuestro Cuerpo de Guardia. Para lo que guste mandar.
Ni le contesté, seguí caminando.
“Negro de mierda.-pensé-. Te voy a tener zumbando un tiempo a vos. ¿Quién te creés que sos?
“Ahora sos mi empleado”
FIN
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