Kirchner, México y las contradicciones del Mercosur

*No existe una coherente relación entre los choques de ayer y los abrazos de hoy. No obstante, la vista del matrimonio presidencial y su entusiasta acercamiento al gobierno mexicano son un paso en la dirección correcta.

No es fácil encontrar linealidad entre el entusiasta acercamiento de estos días del presidente argentino y su actual colega mexicano, con  el duro choque que tuvo Néstor Kirchner con Vicente Fox en la Cumbre de las Américas realizada en Mar del Plata, y el alejamiento entre Argentina y México que se produjo en consecuencia.

En aquella ocasión que hoy parece tan remota, Fox había asumido la defensa del Acuerdo de Libre Comercio para las Américas (ALCA) y Kirchner le salió fuertemente al cruce, convirtiéndose en vocero de lo que Hugo Chávez vociferaba en el estadio mundialista mientras Lula da Silva, Tabaré Vázquez y Nicanor Duarte guardaban un silencio educado pero sin concesiones.

Hoy, el jefe de Estado argentino viaja a México, firma acuerdos de sociedad estratégica y de cooperación política, energética y económica, además de llamar “mi amigo” al actual morador del Palacio de los Pinos.

No hay linealidad entre el choque pasado y el abrazo presente porque, en definitiva, Felipe Calderón es del mismo partido centroderechista de su antecesor, además de pensar la proyección exterior mexicana del mismo modo que lo hacía Vicente Fox, de quien fue ministro hasta que se distanciaron por una interna partidaria.

También es heredado el interés de México por el MERCOSUR. De hecho, fue Carlos Castañeda, primer canciller de la administración Fox, quien planteó el pedido mexicano de asociación con el espacio de integración del Cono Sur.

Al menos durante la última elección presidencial en el país de Octavio Paz y Diego Rivera, el mandatario argentino no se jugó (como hizo en otras ocasiones) apoyando públicamente al candidato de la izquierda Andrés Manuel López Obrador, actitud que sí asumió el líder venezolano, y lo hizo con la euforia de siempre.

Tampoco hay una proyección coherente en la invitación que Kirchner acaba de hacer a Felipe González para abrir a México las puertas del MERCOSUR.

Al fin de cuentas, no se equivoca Brasil cuando señala que existe una dificultad técnica: México es socio de Estados Unidos y Canadá en el NAFTA, el espacio de libre comercio de América del Norte.

Además, hace a penas un año que Argentina y Brasil advirtieron al gobierno de Tabaré Vázquez sobre la incompatibilidad de que Uruguay firme acuerdos comerciales significativos con Estados Unidos, siendo parte del MERCOSUR.

Ahora bien, que no haya linealidad con actitudes pasadas y que se den ciertas incoherencias en las actitudes presentes, no implica que la visita del matrimonio presidencial a México no sea, fundamentalmente, un acierto político y económico, o sea un paso en la dirección correcta.

Lo erróneo era dar la espalda a México, siendo el país latinoamericano de mayor Producto Bruto Interno (PBI) y de mejor inserción en los mercados del mundo, además de un sólido puente para las difíciles relaciones entre Estados Unidos e Iberoamérica.

Al cuestionar la invitación que Argentina acaba de hacer a México  respecto al MERCOSUR, Brasil señaló algo cierto, pero también ocultó una verdad: el gigante sudamericano no quiere un socio de la misma envergadura en su vecindario.

También hay celos del Planalto respecto al tardío despertar de la Casa Rosada sobre la necesidad de diversificar las relaciones comerciales y económicas, para reducir la fuerte dependencia de los mercados brasileños.

En rigor, el tiempo electoral hizo que Néstor Kirchner finalmente escuchara un viejo reproche: su gobierno no tiene política exterior y agota su proyección al mundo en Venezuela, Brasil y España.

México es un buen comienzo para revertir tal error. Y no sólo por la importancia política y económica que tiene ese país, sino porque, con Felipe Calderón, el presidente argentino estaría aprendiendo a relacionarse bien con los que piensan diferente a él.

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