Kirchner, México y las contradicciones del Mercosur
*No existe una coherente relación entre los choques de ayer y los abrazos de hoy. No obstante, la vista del matrimonio presidencial y su entusiasta acercamiento al gobierno mexicano son un paso en la dirección correcta.
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Por Claudio Fantini
Tampoco hay una proyección coherente en la invitación que Kirchner acaba de hacer a Felipe González para abrir a México las puertas del MERCOSUR.
Al fin de cuentas, no se equivoca Brasil cuando señala que existe una dificultad técnica: México es socio de Estados Unidos y Canadá en el NAFTA, el espacio de libre comercio de América del Norte.
Además, hace a penas un año que Argentina y Brasil advirtieron al gobierno de Tabaré Vázquez sobre la incompatibilidad de que Uruguay firme acuerdos comerciales significativos con Estados Unidos, siendo parte del MERCOSUR.
Ahora bien, que no haya linealidad con actitudes pasadas y que se den ciertas incoherencias en las actitudes presentes, no implica que la visita del matrimonio presidencial a México no sea, fundamentalmente, un acierto político y económico, o sea un paso en la dirección correcta.
Lo erróneo era dar la espalda a México, siendo el país latinoamericano de mayor Producto Bruto Interno (PBI) y de mejor inserción en los mercados del mundo, además de un sólido puente para las difíciles relaciones entre Estados Unidos e Iberoamérica.
Al cuestionar la invitación que Argentina acaba de hacer a México respecto al MERCOSUR, Brasil señaló algo cierto, pero también ocultó una verdad: el gigante sudamericano no quiere un socio de la misma envergadura en su vecindario.
También hay celos del Planalto respecto al tardío despertar de la Casa Rosada sobre la necesidad de diversificar las relaciones comerciales y económicas, para reducir la fuerte dependencia de los mercados brasileños.
En rigor, el tiempo electoral hizo que Néstor Kirchner finalmente escuchara un viejo reproche: su gobierno no tiene política exterior y agota su proyección al mundo en Venezuela, Brasil y España.
México es un buen comienzo para revertir tal error. Y no sólo por la importancia política y económica que tiene ese país, sino porque, con Felipe Calderón, el presidente argentino estaría aprendiendo a relacionarse bien con los que piensan diferente a él.
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