La dirigencia española juega a favor de la ETA
*Anunciando el final de su declarado y no cumplido “cese del fuego permanente”, el terrorismo vasco volvió a sacudir España.
*Los errores del gobierno y de la oposición amplifican el daño que los etarras causan a la democracia de España.
Eta
Por Claudio Fantini
Las razones por la que se equivocó Rodríguez Zapatero al creer que con ETA se puede negociar son básicamente dos: La primera es que, tras la decapitación que el grupo terrorista sufrió en la localidad francesa de Bidart, se hizo visible que cada cabeza que cayera o negociara la paz, sería inmediatamente reemplazada por nuevas cabezas; o sea que el liderazgo etarra aprendió a reproducirse y a multiplicarse.
La segunda razón es que ETA, en realidad, no es un grupo insurgente sino mas bien una organización mafiosa, y con las mafias no se puede negociar abiertamente, sino sólo combatirlas.
Salvo el régimen fascista de Mussolini, los gobiernos italianos negociaron con la mafia siciliana. Pero eran pactos secretos e inconfesables por los cuales hubo históricos juicios, como el de Giulio Andreotti. Y al final quedó claro que con la Cosa Nostra no se puede negociar sino sólo combatir, porque se trata de una organización delictiva, aunque sus orígenes tengan que ver con una justa lucha separatista.
El otro gran error de Rodríguez Zapatero fue su intento de mantener el diálogo aún después del tremendo atentado de diciembre en el aeropuerto madrileño.
Pero para regocijo de los terroristas, también la oposición conservadora comete estropicios que sólo sirven para amplificar la onda expansiva de las bombas políticas que implican los anuncios de ETA.
Las tremebundas reacciones del líder del Partido Popular (PP), Mariano Rajoy, ante cada paso de la errática política antiterrorista del gobierno, han sido triunfos políticos para ETA porque amplificaron su capacidad de dañar el sistema político español.
Y esta semana, ese “oposicionismo” de niveles histéricos traspuso nuevos límites cuando, al anunciar los terroristas el final de la tregua, Rajoy y el PP le exigieron al gobierno que rectifique su política y que convoque a elecciones anticipadas; ergo, la oposición conservadora premió a los etarras magnificando el daño causado al gobierno.
Es la primera vez que, ante la ruptura de una tregua por parte de ETA, la dirigencia de un partido opositor reacciona criticando más al gobierno que a los terroristas.
Los errores del oficialismo y la oposición volvieron a actuar como amplificador del daño que la violencia separatista provoca al sistema político español.
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