La dirigencia española juega a favor de la ETA

*Anunciando el final de su declarado y no cumplido “cese del fuego permanente”, el terrorismo vasco volvió a sacudir España.
*Los errores del gobierno y de la oposición amplifican el daño que los etarras causan a la democracia de España.

ETA causa más daño a la democracia española con sus anuncios y jugadas políticas, que con sus bombas y asesinatos.

Esta semana, con sólo anunciar el final del alto el fuego permanente que decretó en marzo del año pasado, consiguió que el gobierno y la oposición otra vez se agarraran de los pelos.

Algo absurdo si se tiene en cuenta que ese “alto el fuego permanente” ya había cesado el pasado 30 de diciembre, cuando el terrorismo vasco perpetró el peor atentado de la última década al hacer estallar un coche-bomba en la terminal cuatro de Barajas, matando a dos ciudadanos ecuatorianos.

Ocurre que los gobiernos socialistas suelen cometer errores por excesos en lo que a ETA se refiere.

En los tiempos del exitoso Felipe González, el gobierno se excedió en su política de exterminar al terrorismo vasco, cuando se salió de los límites que establece la Ley creando el Grupo Antiterrorista de Liberación (GAL) que hacía la guerra sucia secuestrando y asesinando supuestos etarras.

Ahora, con José Luis Rodríguez Zapatero, el gobierno socialista se excedió en su política de negociación pacificadora, creyendo ingenuamente que es posible negociar con el terrorismo vasco.

Las razones por la que se equivocó Rodríguez Zapatero al creer que con ETA se puede negociar son básicamente dos: La primera es que, tras la decapitación que el grupo terrorista sufrió en la localidad francesa de Bidart, se hizo visible que cada cabeza que cayera o negociara la paz, sería inmediatamente reemplazada por nuevas cabezas; o sea que el liderazgo etarra aprendió a reproducirse y a multiplicarse.

La segunda razón es que ETA, en realidad, no es un grupo insurgente sino mas bien una organización mafiosa, y con las mafias no se puede negociar abiertamente, sino sólo combatirlas.

Salvo el régimen fascista de Mussolini, los gobiernos italianos negociaron con la mafia siciliana. Pero eran pactos secretos e inconfesables por los cuales hubo históricos juicios, como el de Giulio Andreotti. Y al final quedó claro que con la Cosa Nostra no se puede negociar sino sólo combatir, porque se trata de una organización delictiva, aunque sus orígenes tengan que ver con una justa lucha separatista. 

El otro gran error de Rodríguez Zapatero fue su intento de mantener el diálogo aún después del tremendo atentado de diciembre en el aeropuerto madrileño.

Pero para regocijo de los terroristas, también la oposición conservadora comete estropicios que sólo sirven para amplificar la onda expansiva de las bombas políticas que implican los anuncios de ETA.

Las tremebundas reacciones del líder del Partido Popular (PP), Mariano Rajoy, ante cada paso de la errática política antiterrorista del gobierno, han sido triunfos políticos para ETA porque amplificaron su capacidad de dañar el sistema político español.

Y esta semana, ese “oposicionismo” de niveles histéricos traspuso nuevos límites cuando, al anunciar los terroristas el final de la tregua, Rajoy y el PP le exigieron al gobierno que rectifique su política y que convoque a elecciones anticipadas; ergo, la oposición conservadora premió a los etarras magnificando el daño causado al gobierno.

Es la primera vez que, ante la ruptura de una tregua por parte de ETA, la dirigencia de un partido opositor reacciona criticando más al gobierno que a los terroristas.

Los errores del oficialismo y la oposición volvieron a actuar como amplificador del daño que la violencia separatista provoca al sistema político español.
 

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