La estrategia televisiva de Macri
*El triunfo del candidato del PRO es, en buena medida, fruto del plan que siguió para batallar en la TV. Con tres principios respetados a rajatabla, Mauricio Macri conquistó a los televidentes/ciudadanos.
En la tele, el que se calienta pierde. Eso sostienen los expertos en videopolítica. Y a juzgar por el resultado de las elecciones porteñas del domingo último, la razón los asiste: el vencedor, Mauricio Macri, respetó a rajatabla ese llamado a la mesura en su relación con
Mauricio Macri cultivó una estrategia televisiva con tres ejes: pragmatismo de hierro, desideologización del discurso, confrontación cero. Y con los excelentes resultados que le otorgó ese modo de plantarse en la tele, de cara al ballotage sigue en la misma línea, según se vio en las entrevistas posteriores al triunfo.
A sabiendas de estar hablándole a una audiencia saturada de dichos, entredichos, proclamas y alianzas que se tejen y destejen con las agujas de la conveniencia, Macri apostó todas las fichas a los sonidos del silencio. En el debate que protagonizó junto a sus principales oponentes, Daniel Filmus y Jorge Telerman, en “A dos voces”, por TN, dejó que se enfrentaran entre ellos. Y en el resto de sus presentaciones televisivas, se calzó el mismo traje que en la campaña de 2003: el del ingeniero interesado por los asuntos prácticos, el extranjero en el mundo de la política, el empresario racional, el administrador distraído de la lucha por el poder a pesar de estar dando la pelea para poder ejercerlo.
No diremos aquí que el televidente/ciudadano sea refractario a los escándalos, las polémicas o las acusaciones cruzadas. Que le gustan, le gustan. Que los consume, es evidente. Pero prefiere verlos en “Gran Hermano” o en “Bailando por un sueño” o en los encontronazos de los programas de chismes. Tal vez, porque sabe que lo que allí sucede es show, divertimento puro, vanidad de vanidades. Nada que pueda perjudicarlo en su bolsillo ni en su salud ni en la educación de sus hijos ni en su trabajo, si es que goza de la fortuna de tenerlo.
Después del que “se vayan todos”, al televidente/ciudadano cualquier rencilla verbal entre políticos se le hace puro cuento. La inmensa mayoría de la gente escucha las diatribas de un candidato contra el otro con más indiferencia que apasionamiento. Es como si pensaran que, al fin y al cabo, todos trabajan llevando agua para un mismo molino: el de “la clase política”, como la llaman con crudeza. Son muchos, muchísimos, diría, los que han perdido el interés por las promesas de campaña.
Y no se trata de ciudadanos/televidentes descreídos de la democracia. De hecho, en las elecciones porteñas del domingo último, votó el 75% de los inscriptos en el padrón electoral. Es toda gente convencida de que la democracia, aunque imperfecta, es el mejor sistema de gobierno, el único en el que quiere vivir. Pero también es gente fatigada de que le den la lata, personas convencidas de que “hechos son amores y no buenas razones”. Macri tuvo la habilidad de no arrojar más barullo a esos oídos escarmentados.
En el lanzamiento de su campaña, sin embargo, Mauricio Macri cometió un pecado de lesa televisión: dio su discurso en un basural de Villa Lugano, junto a una niña pobre. Bien saben los actores, que los niños tienen en la pantalla la fuerza de un imán. Y aquella nena no fue la excepción. Todas las miradas se posaron en ella y al candidato, la jugada le salió mal: lejos de conmover con la imagen de la chiquita, terminó siendo blanco de numerosas críticas. Rápido de reflejos, se disculpó. Comprendió que la gente ya no soporta el histrionismo fuera del mundo del espectáculo.
Aquella puesta en escena para quienes lo miran por TV, fue debut y despedida. En materia de comunicación televisiva, Macri no volvió a intentar grandes golpes de efecto. De allí en adelante, volvió a su viejo estilo, el del bajo perfil. Y ni siquiera anoche, tras haber obtenido más del 45% de los votos, cedió a la tentación del triunfalismo. Por el contrario, se aferró con más fuerza a la mesura, y siguió hablando de las cuestiones de intendencia aunque los periodistas lo empujaran hacia el terreno de la política nacional. Y ni siquiera quiso recoger el guante que le arrojó Daniel Filmus al acusarlo de querer regresar al modelo de los ’90.
No hay duda de que Mauricio Macri se ha consagrado vencedor en dos frentes: en las urnas y en la TV. Ambas victorias tendrá que refrendarlas, así en el ballotage como en sus futuras apariciones televisivas. Y en el caso de resultar electo, tendrá que darle una vuelta de tuerca a su estrategia televisiva. En una Argentina donde la palabra de los políticos está muy devaluada, el candidato del PRO comprendió las virtudes del silencio. Al eventual jefe de gobierno porteño le tocará descubrir las bondades de los hechos, si es que no quiere ser amonestado por los televidentes/ciudadanos.
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