La historia de Cristian
- Cristian Galván nació el 14 de febrero de 1998, en plena epidemia de sarampión.
- En diálogo con minutouno.com, Norma, su mamá, relata la historia del nene, que ya cumplió los 9 años.
"Vimos a un neurólogo que le diagnosticó epilepsia y estuvo medicado por esta supuesta enfermedad hasta agosto. Él hablaba y caminaba, pero de un día para el otro, el 23 de agosto, dejó de hacerlo. Me acuerdo de que el día anterior me pidió que le hiciera arroz con leche, que le gustaba mucho", dice la mamá.
Ante este cuadro, a Cristian lo internaron y le hicieron una punción lumbar en el Hospital Pedro Elizalde y, junto con una resonancia, se confirmó el diagnóstico de PEESA.
Y es en ese momento cuando empezó el raid para conseguir la medicación: "Fuimos a la municipalidad de Berazategui y empezamos a hacer los trámites para los remedios y pedimos el certificado de discapacidad para la pensión. Empecé a tramitarla en octubre y a pesar de que me dijeron que son tres etapas, nuestra pensión sigue estando en la primera. Además, como Cristian usa pañales, hice los trámites para ver si me los daban, porque son carísimos, y me pedían que les dijera exactamente el tamaño, yo se los dije, pero me dieron para adulto y le quedaban enormes. La segunda vez nos dieron para recién nacido, siendo que yo le llevé el dibujo recortado de un paquete de pañales que había comprado. Acá en el barrio hicieron una rifa para ayudarnos, porque los papeles para la medicación que viene de Francia están parados en Capital desde hace un año, así que le doy cuando la consigo", explica Norma.
La familia de Cristian está compuesta por cinco personas: él y sus dos hermanitos -de 4 y 7 años- y sus padres, Norma y Alfredo. Todos comparten una casita de cuatro por cuatro: la pareja duerme en un colchón en el piso, a Cristian le dejan la cama matrimonial y los otros dos chicos duermen juntos en una camita de una plaza. "Por eso fuimos a pedir una ayuda para materiales -indica la mamá-, nos hicieron presentar una declaración jurada pero no pasó nada. Para que nos den un kilo de leche en polvo para Cristian tenemos que hacer un trámite bárbaro".
"Mi marido es florista -cuenta Norma-, a veces vende y a veces no. Además le tiene que pagar a la policía para que lo dejen vender en la calle. Yo no puedo trabajar, tengo que ocuparme de Cristian y de mis otros dos hijos y a pesar de que fuimos miles de veces a pedir un Plan Trabajar, no nos lo dieron".
En una situación como esta, en la que las necesidades básicas no están cubiertas, difícilmente pueda brindársele a un chico con la enfermedad de Cristian lo que necesita para tener una vida digna.
"Ahora Cristian está como más despierto y lo llevo a hacer rehabilitación a Casa Cuna: mueve sus manos y dobla las piernas, pero estamos con el trámite de la silla de ruedas que necesita y tampoco sabemos nada".
Dejá tu comentario