La sexualidad de la gente grande
*Por la Lic. Diana M. Resnicoff.
La sexualidad cambia a medida que envejecemos. Es algo que no puede negarse. Todo cambia al envejecer. Todos, hombres y mujeres, lamentan la pérdida de la juventud y la consiguiente pérdida de la firmeza de la piel, de la erección dura como una roca, de la abundante lubricación, de la energía sin límites y de la libido incontenible. No obstante, la mayoría de los adultos sanos pueden llevar una vida activa y satisfactoria a los 60, 70 u 80 años, e incluso más tarde. Hacer el amor conlleva un gasto de energía similar al de subir las escaleras hasta un segundo piso, acción que la mayor parte de nosotros podemos realizar hasta una edad verdaderamente muy avanzada.
La sexualidad será diferente, ni mejor ni peor. Los cambios en hombres y mujeres son de distinta índole: en la mujer - quizá por las imágenes de “”mujeres perfectas”” con que nos bombardea la publicidad - parecen más evidentes: la piel se afloja y pierde elasticidad, los senos están mas caídos, a veces aparecen varices o acumulaciones adiposas en distintas partes del cuerpo. Pero no pierden su capacidad orgásmica. Si la lubricación es un problema, pueden utilizar un lubricante y/o encontrar alivio con el reemplazo de estrógenos. Los hombres, aunque su capacidad de respuesta se lentifica pueden seguir teniendo y manteniendo erecciones que, aunque no tan potentes como las de su juventud, son aun suficientes para lograr el placer mutuo. ¿Qué ha cambiado? Lo que ha cambiado son nuestros ritmos y la intensidad de los contactos amorosos. En los hombres después de los 60 años aproximadamente, además de un cierto aflojamiento general de la piel y de los músculos, se produce una disminución relativa de su capacidad erectiva.
Ya no es tan fácil lograr una buena erección y muchas veces esta no es tan completa como antes. En definitiva, necesitan más tiempo y una estimulación manual más intensa y prolongada por parte de la compañera. También puede suceder que la erección no se mantenga constante por mucho rato, sino que se pierda y vuelva a recuperarse varias veces durante una relación sexual. Por otro lado los hombres maduros también tardan más en eyacular: ya no se precipitan hacia la tan ansiada meta sino que pueden darse y darle a la compañera más tiempo para disfrutar de la relación sin temer la inminencia del orgasmo.
Son amantes más refinados en definitiva y la leyenda que atribuye un mayor atractivo sexual a los hombres de edad madura tiene bases fisiológicas en que apoyarse. Los besos, las caricias, los toques y roces cobran una mayor importancia. Algo que adquiere especial importancia son los hábitos de vida y la actividad que se desarrolla. Un anciano o anciana que ande en bicicleta, que haga largos paseos a pie, que mantenga algún tipo de actividad psíquica y física tendrá muchas más ganas y posibilidades de hacer el amor que alguien envejecido prematuramente o enfermo. Nuestro peor enemigo, en esta etapa de la vida en especial, es la inactividad en todos los órdenes, y por supuesto en el sexual. Y que pasa con nuestro deseo? Su intensidad y características cambian, quizá al llegar a los 70 años ya no tenemos tantas ganas de tener relaciones sexuales como antes.
¿Que ha pasado? Muchas cosas y diferentes para cada uno. En general hay un ritmo más lento en la relación sexual por razones fisiológicas. El hombre necesita más tiempo, a veces varios días para poder tener una nueva erección. La mujer ha descubierto que se cansa más fácilmente, y que se siente satisfecha por más tiempo luego de una relación sexual.
Pero también es cierto que la historia que tras de sí tiene cada pareja, cada hombre y cada mujer influye de manera decisiva en las posibilidades, en el deseo y en la frecuencia de las relaciones sexuales. Quienes han tenido una vida sexual insatisfactoria es muy probable que llegado un cierto momento, cuando ya no es socialmente obligatorio que sigan siendo sexuales, “aprovechen la ocasión” y se retiren discretamente.
También sucede que muchas mujeres se separan o quedan viudas después de los 60. Por prejuicios, por temor o falta de oportunidad no les es posible formar una nueva pareja y no tienen más remedio que dar por terminada su sexualidad. Otras veces tienen oportunidad de reiniciar su vida sexual a esa edad y pueden empezar a disfrutar de hacer el amor mucho más que antes.
Todos los seres humanos necesitamos de contacto corporal para poder vivir. Lo necesitamos desde bebes y hasta muy viejos. Necesitamos las caricias, el tocar y acariciar a otros. Podemos afirmar que para las mujeres la sexualidad sigue existiendo hasta que ellas quieran que exista. Ni la medicina ni las ciencias psicológicas sostienen que sea nocivo o imposible continuar una vida sexual activa durante toda la vida. El tabú, la prohibición implícita en el mensaje cultural que recibimos, es un resabio del pensamiento de que la sexualidad solo sirve para la reproducción y que deja de ser licita o aceptable cuando pierde su fin reproductivo. Nuestra primera tarea es, entonces, quitarle a este tema la idea de prohibición y de vergüenza.
Tengamos en cuenta, por otra parte, que esta sociedad tiende a marginar y a desproteger por completo a sus viejos. Y la posibilidad de pasar los últimos años de la vida con un relativo bienestar económico y afectivo, es privilegio de muy pocos. En general la falta de dinero, la falta de un efectivo apoyo social y muchas veces familiar, crea una situación de angustia muy grande que, de más está decirlo, no deja margen para la sexualidad.
Además, en cierta medida, las mujeres llevamos la peor parte. La imagen estereotipada de “la vieja” es el de una mujer gastada, amarga, triste y, por sobre todas las cosas, fea. Y a veces tenemos que emplear nuestros mejores esfuerzos para demostrar que no es así. Que podemos perfectamente ser de otra manera, muy distinta.
Por otra parte, es diferente envejecer sola, que con nuestro compañero, sobre todo si ese compañero ha sido el mismo durante los últimos cuarenta años.
Es importante estar bien informados. Saber que nuestros encuentros serán más largos y no por ello menos placenteros. Que las erecciones masculinas no serán tan urgentes ni tan fáciles de conseguir, pero que eso no impide que nuestros encuentros sexuales sean placenteros y gratificantes para ambos, si la angustia o el miedo a fallar no nos invaden.
Es un buen momento para gozar plenamente de nuestra experiencia, para olvidarnos de viejas inhibiciones, para buscar nuevas maneras y ocasiones de contacto afectivo y corporal. Recordemos que la sexualidad no se limita a la relación genital, que existen muchos otros aspectos de la vida sexual a compartir que quizá todavía no hemos explorado. Hay muchas maneras diferentes de hacer el amor a través de experiencias compartidas: tocarse, acariciarse usando los labios o las manos. No todo contacto sexual tiene necesariamente que terminar en penetración.
Tenemos que ser conscientes de los cambios que se operan en nuestro cuerpo, aceptándolos y aprendiendo a disfrutar de una nueva manera. Nuestra sexualidad no será la misma de antes, es cierto, pero es probable que sea óptima. Lo importante es seguir activas, defendiendo nuestro derecho a la vida y al placer.
Lic. Diana M. Resnicoff
Psicóloga clínica. Sexóloga clínica.
TEL: (54-11)4831-2910
E-mail: [email protected]
Página Web: www.e-sexualidad.com
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